Opinión Internacional

El etanol y la “gauchada” de Castro

El abandono a su tradicional área de influencia y los desaciertos y arbitrariedades demostrados en la guerra de Irak entre otros factores, influyeron notablemente en el deterioro de la imagen del presidente Bush que difícilmente logrará recuperar; pero a pesar de la influencia que su errada política ha tenido sobre la hegemonía hemisférica de la potencia que representa, y del espacio que ha cedido a engañosos discursos antiimperialistas como el que lideriza el presidente Chávez, la gira efectuada en marzo por algunos países latinoamericanos, ha dejado en claro que no le es difícil recuperar a sus aliados y que aún revolucionarios como Lula Da Silva, privilegian los acuerdos con el gobierno estadounidense sin preocuparse demasiado por la suerte de la cordial relación con su colega venezolano, de la que calcula seguirá obteniendo estupendos dividendos, a cambio del espaldarazo que le brinda con el reconocimiento a su legitimidad.

Las razones «éticas» argumentadas por Chávez en Jamaica a finales de su recorrido por Latinoamérica y El Caribe para oponerse a la producción de etanol, fueron resumidas en la pedagógica expresión de haberle metido “medio chuzo” a Mr. Danger, chuzo que no hizo mella alguna en las intenciones de Bush y Lula de estrechar las relaciones estratégicas trasladadas ahora a Camp David.

Lo menos que correspondía al anciano Castro ante esta circunstancia, era hacerle la “gauchada” a su benefactor venezolano, dificultado para dirigir su verbo contra el presidente brasileño. Incondicional defensor de sus privilegios, el sobreviviente cubano criticó a Lula por firmar acuerdos con EE.UU. para multiplicar el uso del etanol, bajo el supuesto de los «efectos devastadores» que tendrá en la producción de alimentos en el Tercer Mundo. Cínico comentario si tenemos en cuenta la hambruna a la que durante más de 40 años ha sometido al pueblo cubano por su empeño de permanecer en el poder.

No son creíbles las razones argumentadas por Castro y Chávez, quienes hasta hace poco promovían un proyecto de cinco años para cultivar unas 300.000 hectáreas de caña de azúcar para producir etanol con apoyo técnico de Brasil y Cuba. Salta a la vista que ambos mandatarios intentan ocultar su desesperación ante la evidencia de que el presidente brasilero no está dispuesto a sacrificar la autonomía y el liderazgo que le confiere el solo hecho de ser el país más poderoso de Latinoamérica. La diplomacia del gobierno de Lula, sin mucha arenga ni retórica, no deja lugar para las dudas- ni del imperio, ni del contra imperio- de su autonomía en materia de alianzas y en general de política exterior y que está dispuesto a seguirse abrazando con Bush a sabiendas de que tiene amarrada la alianza con el presidente venezolano, quien tiene la lengua suelta, pero no tanto, como para atreverse a sacrificarlo como aliado.

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