Opinión Internacional

El neandertal del siglo XXI

El hombre desde los confines del tiempo ha intentado evolucionar minuto a minuto. Ese desarrollo intelectual, industrial, científico, como todos aquellos procesos que fueron adquiriendo pequeños y grandes cambios revolucionarios en vías de un crecimiento cultural, han surgido nada más que por la necesidad.

Esa necesidad es la madre de la adaptación, del progreso. Sin dudas la rueda es un ícono universal que marcó un punto de partida. Obviamente podemos o debemos pasar y pensar en la brújula, la botella de Leyden, el para rayos, los lentes bifocales, la pila (batería de Volta), la lámpara de seguridad de Davy (para los mineros), el generador eléctrico, el telégrafo, la soldadura eléctrica de arco, las lámparas de arco, el cable flexible, el dínamo, el teléfono, la lámpara de filamento, el motor de inducción, el motor de corriente alterna, el motor a explosión. Y como no podía ser de otra forma, la revolución en las comunicaciones; la imprenta, la máquina de escribir, la radio, la televisión, el teletipo, el fax, el Arpanet (Milinet) que dió origen a la red Internet, la telefonía celular, el e-mail. Claro está, los procesos no se quedan atrás y hoy en día hacen de nuestro medio una constante, por ahí podemos encontrar la desesperada búsqueda de la Calidad Total y la Logística. Obviamente, la medicina no está renga, pero desde la vacuna, pasando por la penicilina, la morfina, la aspirina hasta llegar a la combinación del ADN o la clonación, no nos deja de sorprender y porqué no, de asustar.

Entendámonos, con un poco de curiosidad, mucho conocimiento, aplicación, actitud, aptitud, imaginación, suerte, prudencia, astucia, prevención, conciencia, casualidad, desgracia imprevista, todo se ha podido hacer, hasta ahora. Pero la esencia de este artículo no es hablar de los grandes inventos del hombre, mas sí de ésa propiedad que cuenta el hombre de auto conocerse. La raza humana, con esa reflexión de las cosas, con ese conocimiento interior y exterior del bien y del mal, de lo bueno y lo malo, de lo perjudicial y lo sano, con esa balanza que pesa lo justo y la injusticia, no logra percibirse a sí misma en el mundo. La urgente necesidad nos ha llevado muy lejos, incluso a suponer el futuro. Julio Verne o Quizás Isaac Asimov vieron al mundo a través de una ventana poco común. Jugando con la imaginación llegaron muy lejos, por medio de las letras pintaron un planeta desbordado de tecnología. Y el cine no fue menos. Películas como Mad Max, Terminator, la Guerra de las Galaxias, Water World, El Día Después de Mañana, Campo de Batalla: La Tierra y otras tantas que quedan en el tintero, llevan el subliminal y típico mensaje “…en un futuro no muy lejano…”.

Estamos parados sobre los cimientos del futuro mediato y es un común denominador escuchar hablar de residuos tóxicos, alimentos trangénicos, clonación, cyber trastornos, radioactividad, falta de petróleo, insuficiente agua dulce, deshielo, efecto invernadero, movimientos de las capas terrestres, polución, contaminación del medio ambiente, agujero de ozono, armamento nuclear, rayos ultra violetas, calentamiento global, lluvia ácida, extinción de especies, guerra, armas biológicas, depredación, mutación de enfermedades, resurgimientos de enfermedades, alteraciones climatológicas. La lista es larga y aterradora. También, por obra y gracia del hombre. Lamentablemente esos efectos “secundarios” se miran muy por arriba o mejor dicho, los miramos de reojo. El hombre juega muchos a ser Dios, cree que puede crear a su voluntad y destruye a voluntad.

Descubrimos y conocemos el medio y el espacio, nuestro cuerpo, nuestra mente. Cada logro siempre es enfocado o alineado con el fin de mejorar la calidad de vida del hombre. Casi siempre, por un motivo o por otro, la idea primaria tiende a desviarse y toma por una curva sin señalizar. Nos conocemos más de lo que pensamos, pero tenemos miedo de darnos cuenta que tan malo puede ser eso. Nos subestimamos, pero estamos seguros de cuán lejos podemos llegar con el fin que se plantee. Nuestro error radica en pensar que, así, con éstos ímpetus y degeneración de la superioridad animal, avanzamos vertiginosamente hacia un mundo lleno de colores. Pero hay que parar el ritmo un segundo, hacer la pausa, respirar hondo, razonar y aclarar que ese colosal avance no nos haga más que retroceder hacia nuestro principal objetivo, la vida.

Einstein dijo una vez “No sé con que armas se peleará en la Tercera Guerra Mundial, pero en la cuarta será con piedras y palos”. En la canción de Joaquín Sabina, Eclipse de Mar, hay una estrofa que dice “el padre de hoy es el padre del mono del año 2000”. No despertemos mañana en un planeta de simios. No juzguemos mañana con ignorancia lo falso por verdadero, no demos por cierto algo indemostrable, no gritemos que muchos sabemos cuando nada hemos aprendido. No hagamos del esfuerzo algo vano. En este caso, no hay necesidad.

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