Opinión Internacional

El precio del Estado Palestino

El Presidente Bush viajará a Oriente Medio en enero para promocionar «su» plan de paz en Israel y los territorios palestinos. Una iniciativa que, según los politólogos, llega demasiado tarde, teniendo en cuenta el escaso margen de maniobra del que dispone el inquilino de la Casa Blanca, cuyo mandato finaliza en menos de doce meses. Aún así, Bush espera encontrar una solución milagrosa para el conflicto israelo-palestino antes de finales de 2008.

El dirigente estadounidense no pisa tierra firme; la viabilidad de la propuesta presentada en Anápolis depende de una serie de factores que la Administración Bush ha descuidado. Como por ejemplo la gobernabilidad de la Franja de Gaza, administrada por los líderes del movimiento islámico Hamas y sumida en una crisis económica sin precedentes, la capacidad del Gobierno de la ANP de afrontar los retos de una política israelí basada en cierres indiscriminados de los territorios y sanciones colectivas, de la caída de la inversión nacional y extranjera o de la participación activa de las fuerzas de seguridad palestinas en campañas de represión de las «actividades terroristas», condición sine qua non impuesta por Israel para la reanudación del diálogo con las autoridades de Ramallah.

Los israelíes supeditan la celebración de nuevas consultas con los emisarios de la ANP a la búsqueda y captura de presuntos terroristas palestinos. Una condición que obliga a la plana mayor de la ANP a cumplir a rajatabla las exigencias de los servicios de seguridad hebreos, poco propensos a transigir con los palestinos.

Los participantes en la Conferencia celebrada esta semana en París se han comprometido a entregar al Gobierno de Mahmud Abbas alrededor de 7.400 millones de dólares, cantidad jamás alcanzada en el pasado, cuando las «almas caritativas» de Occidente se reunieron para rizar el rizo de la financiación del hipotético, cuando no utópico proyecto nacional palestino.

En la década de los 90, tras la firma de los Acuerdos de Oslo, la comunidad internacional logró recaudar más de 2.000 millones de dólares destinados a la edificación de las estructuras nacionales palestinas. La mayor parte de aquellos fondos fueron sacrificados en la tan cacareada «corrupción institucional» de las estructuras creadas por el equipo de Yasser Arafat, mientras que numerosos proyectos llevados a cabo por la Unión Europea fueron borrados del mapa por las ofensivas del ejército israelí durante los primeros meses de la segunda Intifada. Entonces Tel Aviv se negó a pagar indemnizaciones a los organismos comunitarios encargados de la realización de dichos proyectos, alegando que sus compañías de seguros no cubren los daños generados por acciones bélicas. Con el paso del tiempo, las ONG europeas llegaron a la conclusión de que la postura hebrea procuraba disimular un total rechazo de las responsabilidades derivadas de la puesta en marcha de operativos bélicos. Con tales antecedentes, la paz no parece estar al alcance de la mano.

Además del complejo dilema planteado por la existencia de dos Gobiernos en los exiguos territorios de Cisjordania y Gaza, los donantes tendrán que lidiar con las consecuencias de la grave depresión de la economía palestina. Según el Banco Mundial, el Producto Interno Bruto (PIB) de los territorios ha registrado una caída del 14% entre 1999 y 2006, mientras que la renta anual de los palestinos descendió un 40%, situándose en 1.130 dólares. Nada que ver con los «boyantes» 2.000 dólares de los años 90.

A mediados de 2005, la Franja de Gaza contaba con unas 4.000 empresas, que facilitaban puestos de trabajo a 35.000 personas. En julio de 2007, el Banco Mundial contabilizaba alrededor de 780 compañías activas, que empleaban a 4.200 trabajadores.

La Cruz Roja advirtió a los participantes en la Conferencia de París de que la ayuda humanitaria difícilmente podría resolver los problemas de los palestinos si no va acompañada de fuertes presiones de la comunidad internacional sobre las autoridades de Tel Aviv, cuya política impide el desarrollo económico de los territorios administrados por la ANP o por Hamas. Los cierres y los obstáculos al comercio dificultan el crecimiento económico de Palestina.

A esto se suma otro factor clave: la intransigencia del Gobierno de Ehud Olmert, que descarta cualquier intento de diálogo entre el Gabinete de Ramallah y los radicales islámicos de Gaza. Tel Aviv advierte de que cualquier contacto entre Mahmud Abbas y los líderes de Hamás acabaría con los compromisos contraídos por el Estado judío en la reunión de Anápolis. De hecho, Israel criticó la intervención de Nicolás Sarkozy, quien advirtió que «la paz no se hará sin Gaza, que forma parte del futuro Estado palestino».

Mientras Palestina está abocada a una grave crisis humanitaria, la postura de Tel Aviv apenas ha cambiado. Queda por ver, pues, si la cordura se impone. De lo contrario∑

Escritor y periodista

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