Opinión Internacional

El Presidente de la Democracia

Tributo a Raúl Ricardo Alfonsín

La dictadura militar argentina agonizaba cuando mi padre me propuso que nos afiliáramos a la UCR.

– A mi me parece una buena opción, y creo que Alfonsín tiene las condiciones para hacer frente a este momento. ¿A vos qué te parece? ¿Vamos? – me dijo mientras prendía un cigarrillo.

Entramos en una casa de familia, y sobre la mesa del comedor, firmamos nuestra planilla, mientras una señora, que me recordaba mucho a mi madre, encendida de emoción nos felicitaba y transmitía el inicio de una nueva etapa para la Argentina.

Contagiada por el momento histórico, y con el respaldo moderado de mi padre, me inicié como ciudadana a los 21 años. Recibí capacitación en el Comité para ser fiscal por el partido, con ansias de un mejor porvenir. Toda la sociedad decidió participar.

La restauración de la democracia la hicimos todos los argentinos, los que sufrieron en su carne la intolerancia, los que perdieron familiares y amigos, los que tuvieron miedo, los que tuvieron que buscar nuevos horizontes y los que vivíamos en un huevo. Las madres que se atrevieron a caminar en la Plaza de Mayo con un pañuelo blanco son un símbolo de resistencia y perseverancia.

Todos esos anhelos los recogió el hombre que hoy despido: Raúl Ricardo Alfonsín.

Bajo su bigote espeso, salieron las palabras que muchos argentinos quisieron decir. En su mano alzada, llevó los reclamos de todo un pueblo maltratado, sojuzgado, herido por el ejercicio del terrorismo de estado. En sus ojos encontramos la esperanza de una Argentina nueva, de un mañana sereno, de una nación democrática.

Acompañado por la ciudadanía, asumió el encargo que desde las urnas le encomendaron. Su gestión, recibió fuertes críticas ante resultados que distaban de las expectativas. Sin embargo, las muestras de respeto y reconocimiento abundaron al darle el saludo final.

Desde todos los sectores sociales y desde las diversas posiciones políticas, la imagen de Alfonsín, como el presidente que restaura la democracia en Argentina, es irrebatible.

Más allá de sus aciertos o desaciertos como gestor público, más allá de la trinchera de lucha, Alfonsín es símbolo de democracia, de convicción a sus ideales, de apego al estado de derecho.

Los que vivimos en su Argentina, los que compartimos sus ideales, los que creímos en él como líder, como estadista, sentimos hoy que se va el último de los militantes de la vieja guardia, aquellos que llevaron los principios del radicalismo hasta el final y que sentían orgullo por eso.

De la estatura política de Hipólito Irigoyen y de Arturo Ilia, Raúl Alfonsín entra al patio de los grandes de la patria, y recibe la consideración de sus seguidores y de sus oponentes políticos.

Un gran hombre, un hombre justo, un hombre honesto y de valores, un creyente del diálogo. Dejó su impronta en la etapa democrática de la Argentina.

Como figura emblemática de la Argentina, rindo homenaje al Presidente de la Democracia.

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