Opinión Internacional

Fracaso de UNASUR

Cuando la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, aceptó la presidencia de UNASUR, seguramente nunca pensó que en su primera reunión de mandatarios demostraría el fracaso de otra institución sudamericana que no cumple con sus propósitos, que en este caso sería el de lograr la paz en un país miembro azotado por las estupideces políticas tanto de un lado como del otro.

Razón tenía el presidente de Brasil, Lula Da Silva, al decir que UNASUR no debería actuar en el absurdo político boliviano sino que la OEA, organismo presidido por un presidenciable chileno, el señor José Miguel Insulza, quien desde que accedió a la Secretaría General de esa institución, gracias a las gestiones del presidente venezolano Teniente Coronel Hugo Chávez Frías, no ha logrado hacer funcionar a ese organismo para impedir que los estados se totalicen e irrespeten los derechos ciudadanos. Insulza, teniendo la potestad de pedir la aplicación de la Carta Democrática de la OEA para solucionar conflictos, no lo ha hecho simplemente para que no actúen Canadá, Estados Unidos y México, países a los cuales el Secretario General considera de derecha.

Entre los acuerdos de UNASUR, en donde se oyó solamente a una de las partes en conflicto, se rechaza un intento de golpe civil pero no el de un golpe militar. Extraña óptica de la situación, por cierto. Respaldan al gobierno constitucional de Evo Morales, sin mencionar que los prefectos opositores también han sido ratificados en sus cargos, constitucionalmente, con una gran mayoría de votos.

El acuerdo de UNASUR, dice que «condena ataques a las instalaciones gubernamentales y a las fuerzas policiales», pero no mencionan el secuestro que ha hecho el gobierno de Morales de las instalaciones del Congreso boliviano y del secuestro que ha hecho de los impuestos regionales. Se hace un llamado al dialogo, y Morales, envalentonado por el respaldo de los 12 gobiernos lo primero que hace al salir de La Moneda es ordenar el arresto de Leopoldo Fernández, prefecto de Pando, con lo cual rompe definitivamente el diálogo con los opositores; por cierto, esto es calcado de la actitud de Chávez cuando comenzó a perseguir a los opositores para amedrentar a la Mesa de Diálogo instalada por la OEA y cuyos acuerdos nunca fueron respetados por el gobierno chavista. De paso, UNASUR acuerda enviar una Comisión abierta a todos sus miembros, «coordinada por la Presidencia Pre Tempore (Chile) para acompañar los trabajos de la mesa de diálogo conducida por el legítimo gobierno de Bolivia», cosa que suena muy mal porque ya se comienza por descalificar a la otra parte, a la parte opositora que también es legítima, si `por legitimación aquí se entiende «autoridades elegidas por votación popular, informada y secreta».

UNASUR, no aceptó oír la posición del Presidente del Senado de Bolivia, Oscar Ortiz, quien quedó muy decepcionado por el acuerdo totalmente unilateral de este organismo. Lo lógico es que en un conflicto, de esta naturaleza, se escuche a todas las partes involucradas.

El grave problema de Bolivia, y que al parecer no entienden los miembros de UNASUR, es que es un país artificial, que nació de una necesidad de Simón Bolívar, quien tuvo que dividir a Perú para acabar con la guerra civil en su contra y, allí no se consideraron para nada las distintas etnias que habitaban. Ahora, por ejemplo, los santacruceños se sienten dominados por el centralismo indigenista aymara con sede en La Paz.

Las zonas en conflicto suman geográficamente a 700 mil kilómetros cuadrados de territorio boliviano, equivalente a Chile continental y, Pando, Beni, Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija, provincias que adversan a Morales, producen más del 60% del PIB boliviano, son dueñas de casi todos los campos gasíferos (Santa Cruz, Chiquisaca y Tarija), controlan los principales gaseoductos, y cuentan con las mayores industrias y, de paso, controlan el 80% de la agricultura del país. Obviamente, estas regiones, se han sentido amagadas por el centralismo paceño y quieren que se les devuelva sus rentas. Aquí, como mal se cree, y como lo ha tratado de vender el gobierno de Hugo Chávez, a quienes los bolivianos lo consideran como el verdadero Presidente, y Evo Morales, a quien consideran como gobernador, no se trata de buscar la independencia, ni la división del país. Simplemente se quiere que se respete el estatuto anterior que permitía a las regiones invertir sus rentas en sus territorios.

El UNASUR, ha chocado esta vez, también, con las funciones de la OEA debido a que, como dijimos, el Secretario General, no entiende cual es su labor. Las atribuciones de la OEA son muy parecidas a las de la ONU y si no se ejercen es porque el señor Insulza, lisa y llanamente, es un mal conductor del organismo o no quiere tener problemas con la izquierda fascista para que no peligre su candidatura presidencial en Chile. La OEA, en caso de necesidad perentoria, por ejemplo en una guerra civil, puede aplicar la Carta Democrática y hasta aplicar el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), que permite el envío de tropas, como las que hay, en este momento en Haití, para consolidar la democracia y el orden interno de una nación.

Lo que sucede en Bolivia, es un examen más para las instituciones Latinoamericanas, las cuales, como se ha podido apreciar, a través de la historia, jamás han servido para solucionar un conflicto ni entre naciones ni conflictos internos. Es hora de que la región comience a evaluar sus instituciones para que no se africanice…

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