Opinión Internacional

¿Ha tenido éxito la política internacional de Chávez?

Para contestar la interrogante es recomendable leer el libro: Jugando
con el globo: la política exterior de Hugo Chávez, en el cual el profesor
Carlos A. Romero, del Instituto de Estudios Políticos de la UCV, logra
describir de manera sustanciada la estrecha y compleja relación que existe
entre el desenvolvimiento nacional de la llamada «revolución bolivariana» y
su muy activa y estridente política exterior. Lo «interméstico» pues, para
usar el término apropiado, si no en gramática por lo menos sí en la ciencia
política. Concepto que para entenderse mejor, puede resumirse en la vieja y
manoseada imagen de las dos caras de una misma y notoria moneda.

Quizás el núcleo del asunto esté, para decirlo con palabras parecidas a
las del autor, que «valiéndose de la condición petrolera del país, su
verdadera ventaja comparativa», el presidente Hugo Chávez ha tratado de
imponer un paquete ideológico de corte anti-occidental, donde la hegemonía
del Estado en lo político, económico y social, además enlazada con la
concentración de poder personal, es el fundamento de la orientación interna
y externa de su régimen gubernativo.

En el campo específico de la acción o el activismo internacional de la
República Bolivariana, Romero distingue y analiza los siguientes elementos
característicos: el discurso antiglobalizador, la confrontación ­sobre todo
retórica– con Estados Unidos, la promoción de la tesis del «socialismo de
siglo XXI», el planteamiento de la denominada «guerra asimétrica», y la
asociación con los países del sur.

En la mayoría de los aspectos, una auténtica contraagenda, como afirma el
autor, a la tradición de la experiencia democrática de la República Civil.

Contraagenda, cuya proyección regional, hemisférica y también mundial, no
podría acabar de comprenderse, sin recordar que el valor de las
exportaciones petroleras de Venezuela en 1998 se ubicó en 12.295 millones de
dólares, mientras que en el 2005 alcanzó la cifra de 48.339 millones, es
decir casi cuatro veces más. Caudal superado, por cierto, en el 2006.

De nuevo, entonces, la pregunta inicial: ¿Ha tenido éxito la política
exterior de Chávez? Si nos atenemos a lo que pueda contestar, por ejemplo,
un sindicalista en Buenos Aires, o un taxista en París, o un mulá en
Beirut, o un ministro en La Paz, o un directivo de una transnacional
petrolera en Houston, la respuesta sería afirmativa.

El mandatario venezolano ha conseguido convertirse en una figura
renombrada en la escena mundial, tanto por su retórica de adalid
revolucionario, heroica para algunos, sobre todo por su virulencia
declarativa en contra del imperio de Mr. Bush; como también, en círculos más
privilegiados, por su condición de socio potencial o efectivo de mayúsculos
negocios energéticos.

La creciente visibilidad o ruido mediático alrededor del señor Chávez,
aunada al uso habilidoso del petróleo como instrumento de actuación
internacional, contribuyen a darle una presencia imposible de soslayar al
modelo de gobernanza, supuestamente revolucionario, que el jefe de Estado
rojo-rojito, encarna. Después de todo, más de 20 mil millones de dólares
distribuidos por América Latina y otras partes del planeta, le dan un
innegable músculo financiero a la cartilla idealista que se proclama sin
cesar.

En cambio, si pensamos, como bien lo caracteriza Carlos Romero, en las
necesidades apremiantes, los recursos volátiles y la fuerza real de
Venezuela, como país de dimensiones modestas y de mediana influencia,
entonces se le debe acompañar cuando pronostica que esa política
difícilmente podría ser sostenible en el tiempo. Y en su doble perspectiva
doméstica y exterior, que para los efectos del libro, se trata de la misma
entidad. Ciertamente, la política internacional de Chávez, en balance, le ha
reportado beneficios a su proyecto de poder. En cuanto a los intereses
generales del conjunto de Venezuela, la situación es otra y muy distinta.

Para llegar a dichas conclusiones, el autor realiza una revisión
sistemática del estado de nuestras relaciones en el sistema internacional,
con especial énfasis en los vínculos con Cuba, Estados Unidos y Colombia.

Así mismo, detalla de manera particular la postura ideológica y práctica de
la dinámica exterior en el marco de las grandes corrientes de la
globalización. La selección de los cuadros estadísticos sobre las variables
económicas y comerciales del país, ayudan a discernir dónde termina la
tribuna y dónde empieza la realidad.

La cuestión cubana, o la denominada «alianza estratégica» entre Cuba y
Venezuela, es una materia de la especialidad del profesor Romero. Por ello
creo que la segunda edición de esta obra se enriquecería mucho con una
visión más explayada sobre la influencia personal de Fidel Castro en lo
«interméstico» venezolano.

Al respecto, los elementos característicos del activismo internacional
de Chávez, que precisa el autor, y de primero entre ellos la cuidada
política de confrontación con Washington al más elevado decibel pero sin
llegar a la ruptura material, parecen reflejar la estampa del longevo
dictador, sin duda un maestro sin par del provecho anti-norteamericano. Un
veterano político de nuestro medio suele afirmar que Fidel es como la quilla
de Chávez. Quilla que, todo el mundo concuerda, no estará mucho tiempo más
en el horizonte.

Un valor agregado de Jugando con el globo se encuentra en la revisión
comparada de los fundamentos, objetivos y ejecutorias de la política
internacional de Venezuela en las décadas anteriores al arribo miraflorino
del presidente Chávez. De nuevo, esta revisión también contiene una
evaluación de las etapas de auge y crisis de la experiencia democrática y su
relación con la actividad exterior. Diría que lectura más que recomendada
para que la opinión pública, y sobre todo la opinión publicada, atinen en el
balance de activos y pasivos del período histórico iniciado en 1958.

Queda claro en Jugando con el globo que la evolución del mercado
petrolero será factor esencial para el futuro de la política internacional
de la denominada «revolución bolivariana».

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