Opinión Internacional

La giro de Obama

El título no requerirá una fe de erratas, pues es un juego de palabras sobre la gira de Obama que significó un importante giro de la política exterior norteamericana, aunque aun abunden escépticos que sueñan que una potencia devaluada, pero aun superpotencia, deje de comportarse como tal.

En Londres, Obama y miembros de su equipo económico demostraron que, por pragmatismo, no por ideología, le corresponde a los Estados Unidos liderar un plan para enfrentar la crisis financiera mundial, porque aun, con su crisis de valores humanos y por ende, de la bolsa, es el país de cuyo mercado y comercio, aun dependen para recuperarse, en buena medida, Europa, China y otras economías. Sin embargo, Obama no fue a imponer su plan, sino a concertarlo con sus pares del G-20, logrando que Sarkozy y Merkel, quienes inicialmente no lucían convencidos de esta especie de “Plan Marshall”, lo endosaran e incluso, lo defendieran con entusiasmo.

En Francia, los asesores militares de Obama lograron convencer a los de las naciones de la OTAN en incrementar la presencia de soldados europeos en Afganistán, e incluso, que Turquía aceptase al Primer Ministro (PM) danés, Rasmussen como secretario general de la organización trasatlántico – tras unas palabras conciliatorias hacia los musulmanes – luego de que el gobierno de Ankara lo vetara por haber defendido la publicación de un diario de su país de caricaturas de Mahoma, en 2005, lo cual generó días de violencia azuzada por líderes islamistas. Días después, en Turquía, el anuncio de Obama y de su PM, Erdogan, del nombramiento de un vicesecretario turco para la OTAN, demostró que el supuesto problema del valor occidental de la libertad de expresión y el islámico, de respeto sumiso a su profeta, era negociable con una muy mundana negociación política.

En Praga, los asesores políticos de Obama lograron demostrar en la cumbre de la Comunidad Europea (CE) que su administración está dispuesta a resolver los conflictos mundiales por la vía del dialogo y el consenso con el liderazgo del Viejo Continente, y allí se debatieron fórmulas comunes para encarar los desafíos de Irak, Afganistán y Pakistán, Corea del Norte, el conflicto palestino-israelí, y quizá Obama – preparándose para sus objetivos de cortejar a Turquía antes de su viaje a ese país clave para su política del Medio Oriente y la lucha contra Al Qaeda – se arriesgó a apoyar públicamente el ingreso de la nación musulmana al bloque europeo, creando el único momento tenso captado por los medios, cuando Sarkozy le contestó que ese es un problema estrictamente europeo. Obviamente, no solo EEUU, sino la CE, deben acostumbrarse a las ventajas y desventajas del multilateralismo.

Desde el punto de vista diplomático, la gira de Obama fue un éxito, pues dejo claro un giro total de la aproximación norteamericana a la resolución de conflictos y problemas en el mundo, si bien es prematuro saber si las decisiones económicas del G-20 en Londres, las negociaciones con los rusos y el compromiso europeo en Afganistán, más simbólico que real, se traducirían en cambios que a mayor parte del mundo podrá celebrar a mediano o largo plazo.

Queda por ver que ofrece Obama a Latinoamérica en la cumbre de Trinidad.

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