Opinión Internacional

La Grancolombia bolivariano-socialista

El proyecto político internacional expansionista de Chávez persigue explayar al resto de América Latina la “revolución bolivariana” castro-comunista. Para el logro de ese propósito ha contado con la asistencia técnica de Fidel Castro quien le transfirió su experiencia de varias décadas de dictador. Eclipsado Castro de la escena política cubana, Chávez sigue contando con el asesoramiento político de los agentes cubanos que integran la Sala Situacional que funciona en Miraflores, el laboratorio donde permanentemente se elaboran nuevas ideas e iniciativas para impulsar el proyecto expansionista.

El propósito de extender el ámbito geográfico de la revolución bolivariana lo expuso Chávez en el Discurso “La Nueva Etapa” (Fuerte Tiuna, noviembre de 2004), Allí dibujó su “mapa estratégico para el tránsito de la revolución bolivariana, de su fase interna hacia la exportación y la confrontación externa para trascender del modelo capitalista y sustituirlo con el Socialismo del Siglo XXI”. Adicionalmente, el Plan de Desarrollo Económico y Social de Venezuela 2007-2013, es decir en el Plan de la Nación, describe los medios para dar aplicación al proyecto bolivariano injerencista. Allí se dice que Venezuela “fortalecerá los movimientos alternativos en Centro América y México para propiciar el desprendimiento del dominio imperial”, se habla de “neutralizar la acción del imperio fortaleciendo la solidaridad y la opinión pública de los movimientos sociales organizados”, de “consolidar alianzas políticas con los movimientos sociales en Europa” y de “intensificar los movimientos sociales en los Estados Unidos”. De esta manera queda oficializada la injerencia en los asuntos internos de otros países como instrumento del proyecto chavista.

Para Chávez la no-intervención funciona en una sola dirección. Rechaza como injerencia cualquier comentario de alguna personalidad extranjera sobre la situación venezolana y reacciona coléricamente acusando al autor del comentario de violar la soberanía nacional, de actuar como instrumento del imperio y de estar conspirando con la disidencia venezolana para derrocarlo. En cambio se considera libre de inmiscuirse activamente en la situación política interna de cualquier país como si tuviera una patente de corso para impulsar su proyecto político petro-imperialista. Con su “diplomacia de los pueblos” Chávez pasa por encima de los gobiernos, sortea los mecanismos tradicionales de las relaciones entre gobiernos para cultivar contactos, apoyar financieramente a los “movimientos sociales” de izquierda y de esa manera influir en la política interna de otros países. Es notorio el papel que desempeñan las Embajadas venezolanas en esta tarea. Las misiones diplomáticas venezolanas en el exterior funcionan abiertamente como instrumentos al servicio de la exportación de la revolución bolivariana Crean, promueven y coordinan los círculos bolivarianos en diferentes países y desarrollan campañas de divulgación de las “bondades” del socialismo del siglo XXI…

Chávez intentó incluso asignarle rango constitucional a su proyecto expansionista. La propuesta de modificación de la Constitución que los venezolanos rechazamos el 2 de diciembre pasado contemplaba agregar al Artículo 153 el siguiente texto: “La República promoverá la integración, la Confederación y la unión de América Latina y el Caribe a objeto de configurar un gran bloque regional de poder político, económico y social. Para el logro de este objetivo el Estado privilegiará la estructuración de nuevos modelos de integración y unión en nuestro continente, que permitan la creación de un espacio geopolítico dentro del cual los pueblos y gobiernos de nuestra América vayan construyendo un solo proyecto Grannacional, al que Simón Bolívar llamó “Una Nación de Repúblicas”.

Evidentemente, para construir ese proyecto Grannacional, el primer paso consiste en recrear la Gran Colombia, pero bajo el manto del socialismo del siglo XXI. Luego de haber logrado colocar a Bolivia y Ecuador en la órbita de su socialismo antidemocrático, Colombia, Panamá y Perú constituyen objetivos prioritarios, imprescindibles, para avanzar en la tarea de armar la nueva Gran Colombia socialista bolivariana.

El contubernio establecido con las FARC forma parte del plan macabro que persigue desestabilizar la democracia colombiana y fortalecer la subversión terrorista narco-guerrillera para facilitar la instauración de un régimen bolivariano antidemocrático en el vecino país. Ayuda financiera, suministro de armas y alimentos, protección de efectivos de la guerrilla, facilitación de territorio venezolano como santuario y aliviadero de la guerrilla, reconocimiento de beligerancia, gestiones para que otros países otorguen el status de beligerancia son solo algunas de las manifestaciones del plan maquiavélico que se esconde detrás de la connivencia entre Chávez y las FARC. El empeño de Chávez de jugar el papel de hacedor de la paz, de solventador del conflicto interno colombiano, sin que el gobierno de ese país lo haya autorizado y hasta pasando por encima de éste, persigue abrirle campo a la guerrilla dentro del escenario político colombiano y de esa manera facilitar su acceso al poder por la vía electoral. Los petrodólares y los narcodólares están al servicio del tránsito de Colombia hacia su conversión en otro satélite del chavismo. Las evidencias extraídas de las computadoras de Raúl Reyes revelan el papel de las FARC dentro del proyecto expansionista de Chávez. En uno de los documentos se lee lo siguiente: “Lo importante para su gobierno (el de Chávez) y FARC en la actualidad es lograr mantener amplias relaciones de amistad y buena vecindad para el futuro de ambos pueblos, donde el sueño del Libertador Simón Bolívar se vuelva realidad para el proceso bolivariano que dirige su gobierno y las FARC en Colombia.” En otro documento se dice que con el éxito de la gestión humanitaria de Chávez “gana su proyecto geopolítico” Otro documento dice: “el hombre (Chávez) está interesado en aportar a la causa bolivariana de las FARC para lograr fortalecer su proyecto geopolítico en varios países” El Comunicado que acaban de emitir las FARC (14 de marzo) corrobora todo esto cuando dice que “para nadie es un secreto que las FARC son una guerrilla bolivariana y que … con Chávez … coincidimos en el ideario bolivariano” Esas frases revelan claramente la sintonía entre Chávez y las FARC en cuanto al proyecto político que conduciría a convertir a Colombia en un satélite del régimen chavista.

El proyecto expansionista de Chávez abarca también a Panamá que en su tiempo formó parte de la Grancolombia. Hace tres años fue expulsada una funcionaria de la Embajada venezolana en ese país al descubrirse que realizaba actividades políticas sirviendo de enlace con grupos radicales de izquierda. La funcionaria llevaba a cabo “un intenso trabajo con las bases sociales” y fue descubierta promoviendo la formación de círculos bolivarianos. Recientemente las autoridades de inteligencia panameñas acusaron al gobierno de Chávez de financiar un plan desestabilizador contra el Presidente Martín Torrijos. Según el periódico “La Estrella” el Sindicato Único de Trabajadores de la Construcción y Similares, de Panamá, tiene vínculos con la organización chavista “Congreso Bolivariano de los Pueblos” que tiene capítulos en toda América Latina.

Perú es otro país en la mira del proyecto expansionista de Chávez. Son públicos y notorios los esfuerzos que hace Chávez para influir en la política interna de ese país. Después de haber fracasado en su intento de colocar a Ollanta Humala como presidente, Chávez se dedica a fortalecer los grupos simpatizantes de la “revolución bolivariana” de la izquierda radical peruana. El pasado 18 de marzo el Ministro de la Defensa del Perú denunció que las denominadas Casas del Alba participan en acciones ilícitas de infiltración chavista. “Esos locales son cabezas de playa para luego ir adoctrinando a gente de escasos recursos para hacerles creer que el sistema político de Perú no es el conveniente”. De acuerdo con la información publicada por el periódico El Tiempo de Bogotá el pasado domingo 23, un comité de investigación del Congreso peruano ha constatado que Chávez da fondos a centros de servicio social que realizan labores de agitación contra el Gobierno. El presidente Alán García estuvo de acuerdo en que »el Parlamento haya comenzado la investigación a las Casas del Alba (Alternativa Bolivariana para América Latina) que están sirviendo, bajo el teórico paraguas internacional, de punto de encuentro de todos los que están en contra del sistema democrático y de las instituciones nacionales». En su artículo titulado “Los vínculos de Chávez en evidencia”, publicado el 18 de marzo, Andrés Oppenheimer dice que durante una conversación con el Presidente Alan García este reconoció que «Hay un conjunto de indicios que muestran que las Casas del Alba tienen una vinculación con el gobierno venezolano».

Afortunadamente los gobiernos de América Latina están comenzando a darse cuenta de los verdaderos objetivos que a mediano y largo plazo persigue Chávez con su proyecto político expansionista. La conducta de Chávez hacia el Presidente Uribe y hacia el gobierno colombiano, su proceder con la guerrilla colombiana y las evidencias extraídas de las computadoras de Raúl Reyes han servido para que los gobiernos de nuestra región y también algunos de otras regiones abran los ojos y entiendan que con su revolución bolivariana y con su pródiga munificencia lo que persigue Chávez es revivir el fracasado comunismo marxista leninista con el disfraz de “socialismo bolivariano”.

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