Opinión Internacional

La Nueva Guerra

El 11 de septiembre de 2001 ha estallado una nueva guerra mundial, una guerra contra el terrorismo indiscriminado y globalizado. Las naciones civilizadas y no sólo los Estados Unidos, deben prepararse y organizarse para enfrentar el desafío del fundamentalismo fanático e irracional. En un solo día, los Estados Unidos podrían haber sufrido más bajas que las 57.000 de la Guerra de Vietnam, con la diferencia de que en Nueva York y Washington las víctimas son civiles inocentes, incluyendo una multitud de turistas provenientes de todas partes del mundo. Se acabó para siempre la invulnerabilidad del territorio continental de los Estados Unidos, preservada durante dos guerras mundiales. A diferencia de Pearl Harbour, el enemigo no es un Estado, sino una compleja y organizada red de terroristas dispuestos al suicidio. Sin embargo, una serie tan bien organizada y sincronizada de atentados no puede haberse preparado sin el apoyo financiero y logístico de algún Estado.

Los Estados que apoyan directa o indirectamente a los grupos terroristas se exponen a la posibilidad cierta de ser objeto de una retaliación sistemática, brutal y no puntual. Se acabó definitivamente, el concepto absoluto de la soberanía nacional, ya debilitado, entre otras cosas, por las llamadas intervenciones humanitarias en los Balcanes. Se revertirá el proceso de deslegitimación y debilitamiento institucional de los organismos de seguridad de los Estados occidentales, en particular la CIA y el FBI, que desde los años `70, habían sufrido un proceso de desprestigio, desmoralización y una progresiva limitación de su capacidad de acción, tanto a nivel legal como financiero y organizacional. El Estado de derecho y la democracia deberán aprender a defenderse mejor de este pavoroso desafío sin perder su naturaleza de sociedad abierta, logro fundamental e irrenunciable de la civilización. Es probable que sea necesaria una legislación especial para enfrentar esta guerra y reducir las vulnerabilidades del Estado de derecho frente al terrorismo organizado. Más a corto plazo, las autoridades de las potencias industrializadas y de los organismos financieros internacionales deberán presentar una urgente respuesta coordinada, para evitar que la ya debilitada economía mundial sea postrada por el pánico de los mercados. Los sectores moderados y racionales del mundo islámico deben colaborar activamente con el resto de la comunidad internacional en esta guerra y así evitar el peligro de una reacción antislámica en Occidente, que fortalecería las posibilidades de una pavorosa “Guerra de civilizaciones” , prevista por Samuel Huntington en su libro “The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order”. En realidad, se trata de una guerra entre la civilización y la barbarie, pero el primer acto de guerra fue dirigido contra los Estados Unidos, por tanto la conducta del pueblo y el Gobierno norteamericanos será fundamental. El territorio continental norteamericano ha sido violado por primera vez, los Estados Unidos pierden algo de su “inocencia”, la reacción será firme y violenta. El efímero optimismo de la postguerra fría se agotó terminalmente. El mundo es otro y no me gusta.

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