Opinión Internacional

La Paz en Guerra

Hace unos años comenté en una conferencia sobre Seguridad Hemisférica que había un resurgimiento indigenista en América Latina. También lo plasmé en un artículo titulado “Inkarri” en alegoría al mito incaico del resurgimiento del Imperio. Desde Chiapas, el rincón de los Zapatistas, como en Ecuador con el coronel Lucio Gutiérrez y con Alejandro Toledo en Perú, los indígenas asumían o pretendían puestos claves en la dirección nacional o en la suerte de los destinos políticos. Es una tendencia que abrigaba también a los indios mapuches y obviamente calaba hondo en Bolivia. El mismo etnocacerismo de los hermanos Humala montaban lo radical de ciertas posturas.

El indio ignorante, fácil de explotar y abusar parece haberse extinguido. Evo Morales emerge como un indígena de la revolución de la Internet, financiado con el poder de la hoja de Coca y con una ideología que agrupa a una masiva legión seguidores. El Estado boliviano esta acorralado, el poco margen de Sánchez de Lozada parece cercarse como un nudo en la garganta. Sale o lo sacan.

La visión de erradicar la hoja de coca sin alternativas viables y de consenso con los agricultores, propias de un buró de tecnócratas anclado en el Hemisferio Norte -que decide el destino de las economías pobres desde un escritorio- ha sido el caldo de cultivo que se ha sumado a la ineptitud y ratería de una casta política que gobierna por prebendas y entuertos, de espalda a la gran realidad nacional. Para Bolivia este pandillaje político parece llegar a su punto de quiebre, al menos para los actores actuales. La historia latinoamericana dice que los que arriben harán lo mismo o lo concebirán peor de los que antecedieron.

La Corporación Andina de Fomento (CAF) sostiene que 500 millones de dólares se han perdido en la economía informal debido a las políticas de erradicación desde 1998. La destrucción de plantíos en el Chapare cambiaría el escenario político militar para siempre. Las recetas del FMI, lo demuestra el ejemplo argentino, solo ha producido más pobres. Si para algo sirven sus recomendaciones, será para engordar banqueros y a otros países. Los enfermos leves, arriban al estado comatoso. La ingobernabilidad de la región radica en comprender esto. Desde que el Fondo se fundó hay más pobres en el mundo. ¿No es esto suficiente para entender que no funciona?

Libre mercado para los tercermundistas y proteccionismo para los países ricos. Ellos nos venden, nosotros les compramos. Ellos no nos compran nada, solo ellos se vuelven más ricos. Oiga y todavía nos dicen que vivimos en la pobreza porque nuestros sistemas productivos no son eficientes.

Bolivia se ha alzado en revolución. El aviso para la región, es que esta situación no es exclusiva de Bolivia y el mismo caldo de cultivo esta sobre el piso de todo el continente americano, extendiéndose peligrosamente. Y, como no es exclusivo del país alto andino la falta de liderazgo, se nos impide ver soluciones en el corto plazo.

Evo Morales esta desacreditado, algunas encuestas marcan un rechazo del 80% en la población. Su influencia radica en su organización y en la beligerancia de sus seguidores. No serán populares pero tienen fuerza, el instrumento político por definición. Son los bolcheviques de pollera y chullo.

En pugna por unas elecciones anticipadas estaría Jaime Solares, secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB) y el diputado indigenista y no muy antiguo guerrillero, Felipe Quispe. Una izquierda que en nada asemeja a la moderada visión de Luís Inácio Lula da Silva.

Mientras el editorial del diario paceño Los Tiempos, clama “Que retorne la Sensatez” La necedad e intransigencia amenaza extender la guerra por toda Bolivia. Mientras el Gobierno dice querer dialogar sin condiciones, los agrarios, la Central Obrera Boliviana (COB) y la Coordinadora de Defensa del Gas exigen la renuncia del presidente boliviano para sentarse en una mesa de negociaciones.

Si Sánchez de Lozada se va, la anarquía podría cobrar más víctimas, si se queda la sangre está garantizada. Como siempre Bolivia tiene dos opciones, sufrir en golpe o padecer en democracia.

(*) Site del autor: www.josemusse.com

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