Opinión Internacional

Los patios traseros

El tema sobre la capitalía, una vieja deuda histórica entre el Sur y Norte
de la región altiplanica de Bolivia, resume la lucha que se entabló después
de 75 años de la fundación de la República, por poseer la hegemonía del
poder económico y político del país, que estuvo concentrada durante la
primera etapa de la Republica en la posesión de yacimientos mineros, primero
con el auge de la plata y luego del estaño, que enriquecieron a la
oligarquía minera que usufructuó del que fuera llamado por algunos
escritores el “metal del diablo”. Los antecedentes de esta guerra civil, se
iniciaron en el año 1888 con el intento de golpe al presidente Aniceto Arce,
seguido por el planteo que hicieron los diputados cruceños en el año 1889
quienes sugirieron que la capitalidad de la República se traslade de Sucre
a La Paz, hecho que provocó un airado rechazo de los chuquisaqueños y fue
aprobada por los paceños. Sucre planteó a través del presidente Severo
Fernández una “Ley de Radicatoria” que disponía que el gobierno tenga como
residencia permanente del gobierno la capital Sucre. La hoy sede del
gobierno, reaccionó creando la Federación de La Paz y conformó un gobierno
de tendencia liberal. La contienda final por la toma del poder se llevó a
cabo el año 1899 con la masacre de Ayo Ayo, episodio de guerra civil de la
historia boliviana que fue conocido como la llamada “Revolución o Guerra
Federal”, debido a que esta fue la consigna utilizada por los ejércitos que
obedecieron a la oligarquía paceña, conformada por los barones del Estaño.

Una vez ganada la contienda y traslada la sede de gobierno a la ciudad de La
Paz, se resolvió mantener el sistema unitario de Bolivia, restituir una
capitalidad nominal a Sucre y declarar como sede definitiva del gobierno a
la ciudad de La Paz.

Quizás por aquella época, los diputados cruceños apuntalaron las
aspiraciones paceñas creyendo que esto daría curso a la federalización del
país, situación que terminó siendo sólo un eslogan, una bandera de lucha y
una promesa trunca e incumplida.

Hoy la realización de la Asamblea Constituyente, vuelve a remover las viejas
heridas y deudas históricas que han generado “patios traseros” en el país y
en este sentido aparece la demanda de capitalía plena de Sucre y la promesa
incumplida de federalización postulada por las cuatro regiones amazónicas de
Bolivia, que han sufrido la postergación y abandono de los sucesivos
gobiernos centrales, considerando que la centralidad ya es un vicio
arraigado en el país, puesto que permite que los gobiernos de turno
usufructúen de todos los ingresos y tomen las arcas del Estado.

Las demandas antes expuestas, que forman parte de reivindicaciones
históricas, están recrudeciendo a raíz del proceso constituyente, mucho más
cuando en el acto de la conmemoración del aniversario de la ciudad de La
Paz, el vicepresidente García Linera se pronunció abiertamente en favor de
que la sede permanezca en la ciudad de La Paz al expresar y hacer corear la
frase: “la sede no se mueve”. Instituciones chuquisaqueñas han respondido
indignadas: “se acabó el patio trasero de Bolivia”, haciendo alusión a la
postergación de la que han sido objeto entre otras regiones. No podemos
dejar de sorprendernos de la manera en que las deudas sociales y políticas
permanecen intactas en el inconsciente colectivo, tanto así que ni el
tiempo, la voluntad y la toma del poder, no son suficientes para saldar
estas deudas.

Juárez en plena Revolución Mexicana lanzó una frase que lo hizo célebre:
“Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno
es la paz”.

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