Opinión Internacional

Mercosur de nuevo en crisis

El libre comercio y la constitución de bloques comerciales son dos realidades íntimamente vinculadas que definen el mundo globalizado de hoy. Estas tendencias ineluctables cada día se acentúan y no adecuarse a ellas es una insensatez.

A ellas no podemos sustraernos, a menos que nos convirtamos en una suerte de Robinson Crusoe del siglo XXI, y nos despeñemos por un precipicio que nos conduzca, tarde o temprano, a ser unos países-parias de la Tierra, entregados al desarrollo onanista endógeno.

MERCOSUR es una expresión más de aquella macro-tendencia económica mundial. A todas luces, es un hecho positivo que busca escapar de las visiones anti-históricas que inspiraron el nacionalismo económico empobrecedor y corto de miras de otros tiempos.

Este proceso, sin embargo, no está exento de dificultades, derivadas éstas del modelo adoptado y de las políticas adelantadas allí.

Dos países grandes, Argentina y Brasil, y dos pequeños, Uruguay y Paraguay, definen los ritmos de cada uno de ellos y del proceso en su conjunto. Incluso entre los dos grandes no son pocos los roces y tensiones comerciales, sin hablar de los celos geopolíticos.

Crisis recurrentes han caracterizado el devenir de este grupo, a pesar de los éxitos relativos. Si entre Argentina y Brasil existen asimetrías que resienten la relación bilateral, qué decir de los pequeños respecto de los mayores.

Son conocidos los conflictos comerciales a que han llevado los problemas de competitividad graves que sufre la industria argentina de cara a sus competidores brasileños. Estas tensiones han llevado a violaciones flagrantes de la normativa mercosuriana que han minado la confianza en el esquema.

Pero los problemas no se circunscriben a estos dos países, los uruguayos y paraguayos, sobre todo los primeros, se sienten marginados de las grandes decisiones y afectados porque la obstaculización a la entrada de sus productos a los países grandes. La misma queja que estos últimos levantan contra los países más desarrollados del mundo. Por lo visto, Brasil y Argentina aplican a sus socios menores igual medicina. La hipocresía y el doble discurso parecieran no ser el monopolio exclusivo de los “imperialistas”.

En los días que corren, el gobierno de Uruguay, demostrando una visión pragmática y viendo que sus pedimentos en MERCOSUR no son escuchados, ha anunciado abrir conversaciones con los EEUU para suscribir un acuerdo comercial. El Ministro de Economía de Tabaré Vasquez, D. Astori, fue el primero que se manifestó recién comenzado el año. Por su parte el canciller R. Gargano ha dicho: «Uruguay ha planteado ya por medio del director general de la Cancillería al encargado de negocios norteamericano, James D. Nealon, la necesidad de reanudar prontamente las reuniones de la Comisión Bilateral de Inversiones y Comercio», a los fines de «buscar que las cuotas uruguayas de productos alimenticios que ahora están limitadas, aumenten», expresando su deseo de que «los aranceles bajen, para tener la posibilidad de acceder al mercado estadounidense en mejores condiciones». Hay que recordar que las exportaciones de este país a EEUU aumentaron de 2004 a 2005, en un 23%, mientras que a Brasil descendieron 4%.

La última declaración uruguaya la da el Ministro de Agricultura quien sin pelos en la lengua dice que “los compromisos de MERCOSUR no sirven para un c….” (Folha de Sao Paulo, 14-1-06),
¿Qué está pasando en MERCOSUR cuando un país como Uruguay está amenazando abrirse a otros escenarios solo, lo que sería una violación a las normas del bloque?
La crisis no está amainando y diera la impresión que retoma sus bríos. Los discursos políticos optimistas y las euforias de los gobiernos en los últimos meses sobre este tema no se corresponden con la tensa realidad de las relaciones comerciales a su interior. Con razón Chile, miembro asociado, no se apura en ser miembro pleno en virtud de no ver mucha seriedad y firmeza en los compromisos mercosurianos, prefiriendo, así, no ponerse a la cola de una estrategia que no le pertenece ni es favorable a sus intereses.

Esta situación constituye una razón más para ratificar nuestro desacuerdo frente a la irreflexiva conducta de Chávez, que, de plogeon, se ha lanzado en una aventura de la que todo indica que saldremos más perjudicados que beneficiados. Si los uruguayos ya están decepcionados y crispados ¿qué nos espera a los venezolanos?
Y pensar que algunos analistas nos quieren convencer de que unirse a la estrategia mercosuriana o más bien brasileña, es bueno en lo político pero no en lo económico, como si ambas dimensiones pudieran separarse. ¿No nos está enseñando nada la reacción uruguaya de estos días?

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