Opinión Internacional

Milagros de Kirchner

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En el venerable Senado de la Nación se trata algo más gravitante que la Ley Anti Clarín. Problemática que despierta una explicable indiferencia entre la sociedad cansada. Abrumada por el accionar de los lobbies mediáticamente intensos. Recíprocamente ineficaces.

Desde el Senado se diseñan, aparte, un conjunto de dibujos estratégicos. Aluden a la ocupación próxima del poder, vacante en la actualidad. A pesar de la contraofensiva inconvincente del kirchnerismo.

Para Consultora Oximoron, Kirchner produjo, después del 28 de junio, La Gran Tergiversación (ver). Significó transformar, milagrosamente, la equivocación de la derrota electoral, en la prepotencia -a presión- del triunfo. Ante la fascinante incredulidad de los opositores contemporáneos.

Ellos aportaron, en bloque, graves muestras de asumible insolvencia. Consecuencias de la fragmentación múltiple que exhibe la precariedad de la dirigencia.

Menem

En materia de milagros, como “política de estado” habría que canonizar a Kirchner. Santificarlo. Por la sucesión de milagros de entrecasa que supo gestar.

Uno de ellos, fabulosamente indirecto, consiste en haber producido el insólito acercamiento del (ex) presidente Menem con el Grupo Clarín.

Conclusión inimaginable en la década anterior. Cuando Clarín lo castigaba, a Menem, cotidianamente.

Convertido en venerable senador por la Rioja, en el aspecto terrenal Menem debe someterse, explicablemente, a la opción límite.

Favorecer los intereses de Kirchner, con el apoyo a la ley.

O los del Grupo Clarín, con el rechazo.

Tiene que escoger entre los dos adversarios principales, Kirchner y Clarín. Hoy confrontan entre sí.

En primer lugar, Clarín degradó culturalmente a Menem, hasta la obcecación. Traspasó la frontera del agravio sistemático. No obstante, durante el sultanato, como Grupo empresario, Clarín evolucionó notablemente. Estragos de crecimiento, sobre todo en el ámbito patrimonial.

Pero Clarín supo fumigarlo -a Menem- igual.

El episodio Menem sirvió como antecedente insoslayable. De experiencia, para el comportamiento posterior del otro enemigo. Kirchner.

Entonces ocurrió el turno de Kirchner para degradarlo a Menem.

Para ningunearlo, al extremo de no atreverse pronunciar, siquiera, su nombre.

Ante los dos males, Clarín y Kirchner, Menem hoy opta, acaso, por ofrecerle el apoyo, según Gargantas, a Clarín.

El milagro lo gesta Kirchner. Porque Menem va a votar en contra de la Ley que le apunta al Grupo que, de manera hiperactiva, construyó su paulatina diabolización.

Rodríguez Saa

Otro milagro que brota, entre las franquicias del peronismo en el senado, consiste en haber precipitado -Kirchner- el entendimiento entre Clarín y los Rodríguez Saa.

El Alberto y el Adolfo, los fraternales caudillos que se reparten, invariablemente, el control del Estado Libre Asociado de San Luis.

El acercamiento también fue inimaginable en el comienzo del nuevo milenio. En el decisivo 2002. Después que uno de los caudillos, el Adolfo, participara de la idea, ilusoria y probablemente falsa, de haber sido derrocado, hacia los finales del 2001, de la presidencia interina. Por haberse resistido a las demandas, patrióticamente devaluatorias, que impulsaba -entre otros patriotas- el Grupo.

Pero el pragmatismo materialista es el rasgo aceptable de “la real politik”.

La evaluación de Oximoron alude a las claves del poder que se diseña. Que se entreteje entre las secretas negociaciones del Senado, mientras se libra frontalmente la batalla que tanto agobia a los sectores mayoritarios de la sociedad. Los que se desinteresan del aburrimiento temático de los medios. Cuestión que apasiona a los cuadros autorreferenciales del periodismo y la comunicación. Inflaman los asuntos internos, insufriblemente menores, por la alucinación de suponerse protagonistas principales de la historia.

Para constatar la radicación del milagroso idilio entre el Grupo Clarín, y los Rodríguez Saa, tiene que valorarse la sustancial participación de otro patriota.

Es, según nuestras fuentes, Duhalde, aquel que fuera sucesor, en la presidencia, de Adolfo Rodríguez Saa.

Entonces Duhalde fue el generoso devaluador que mantuvo la saludable vocación de servicio para llevar adelante los requerimientos, asimétricamente pesificadores, del Grupo. Necesitado, por otra parte, de leyes providencialmente culturales.

Maravillas que el Adolfo, influido por la levedad del romanticismo obturante, no se atrevió a implementar. Por eso, creyó erróneamente, lo derrocaron.

Emerge Duhalde como el protagonista inmanente que cierra las causas generadoras de la santificación de la referencia. De San Kirchner, el otro “lirio de las pampas patagónicas”. Par de Ceferino Namuncurá.

El milagro del acercamiento entre Clarín y los Rodríguez Saa sirve, aparte, para abrir otros canales temporales. Necesarios para el análisis de aquello que -de acuerdo a Consultora Oximoron-, hoy se diseña en el Senado. La certeza de tomar con mayor seriedad, como candidato, a Alberto Rodríguez Saa.

Reutemann

Sin protagonizar milagros, el senador Reutemann también le ofrece la espalda a Kirchner. Para disponerse a votar por la negativa, en la Ley Anti Clarín.

De todos modos, a pesar de posar, en reiteradas fotografías, con el señor Magnetto, el lacerado conductor del Grupo, a Reutemann parece habérsele escapado, por tercera vez, otra tortuga. La candidatura presidencial.

Conste que la última derrota, por puntos, en la elección menor de Santa Fe, devaluó las ambiciones de Reutemann, con excesiva expresividad.

El dato en contra se le suma al episodio desagradable que mantuvo con la única conducida que debía conducir. La senadora Latorre.

De no producirse un inmediato milagro reactivador, Reutemann podría dedicar, en adelante, gran parte del tiempo disponible en leer los libros que compone la señora Mimicha, la ex esposa, desde Mónaco. Y en contemplar el horizonte, desde el campo de Llambi Campbell.

Tierra de ingratos, Llambi Campbell. Donde, para colmo, Reutemann también perdió.

Macri

Al diluirse la apetencia de Reutemann, crecen las expectativas fundamentadas de Macri.

Pero cabe consignar que Macri se encuentra absolutamente ausente. Afuera de los croquis que se dibujan en la solemnidad del Senado.

Ocurre que Macri no cuenta, en principio, con ningún senador que se encuentre entusiasmado con la perspectiva de peronizarlo aceleradamente. Lo indispensable, al menos, para reinventarlo, por descarte, como el próximo candidato.

Pero Macri carece, hasta hoy, de identidad para la pertenencia, como miembro activo, de la superstición peronista.

Con otras palabras, algo más directas, lo dijo, sin ir más lejos, la senadora Hilda de Duhalde. Probable precandidata a la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Para tormento de Scioli, el líder de la Línea Aire y Sol. Y sobre todo para la mortificación de De Narváez, el desperdiciado Caudillo Popular, que se anota en los bolilleros posibles.

“Macri no es peronista”, lo repite Alberto Rodríguez Saa. Simbólicamente, desde Clarín.

Duhalde

Otro milagro de San Kirchner consistió en aproximar los destinos de Alberto Rodríguez Saa y de Duhalde.

Con alguna insistencia, en el Portal se señaló que Duhalde debiera ser honrosamente glorificado por Clarín. A propósito, aún se demora, inexplicablemente, la construcción, en mármol y en bronce, del Monumento al Gran Bañero. En la asignada intersección de Piedras y Caseros. Para que Clarín evoque eternamente a Duhalde, el Gran Salvador.

Por aquel Dream de Garbarino que le permitió, al Grupo, lavar más blanco. Centenares de millones de dólares.

Piloto de Tormentas (generadas), Duhalde es el candidato preferido por Clarín. De máxima.

Para reinstalarlo entre el furor de las encuestas, haría falta una tormenta indescifrable. Similar a la que sacudió la isla de Samoa.

Es precisamente el viento duhaldista el que atormenta a Kirchner. El próximo santo suele percibir la influencia del viento maléfico. Detrás de cualquier aglomeración que pueda desembocar, en su delirio patológico, en la toma violenta de los supermercados. Por la exaltación de la pobreza que tanto sensibiliza al Compañero Cardenal. Otro exponente -el Cardenal- de la civilización duhaldista.

Cobos

En definitiva, Duhalde es la víctima de la fantasía que supo instalar.

La última fantasía indica que el presidente preferido de Duhalde -si es que no es Duhalde-, es Cobos.

El otro protagonista -Cobos- mantiene una enorme vinculación con los diseños del Senado. La institución que proyectó su figura ascendente. Innovadora. A través de maratones. De ambigüedades que le multiplican genéricamente la gloria anticipada.

Con mayor alucinación, sostiénese que la Moncloa ideal, la utopía de la época, consiste en activar una propuesta abarcativa de poder que contenga, rápidamente, a ambos. Sin los Kirchner. Después de la primera (tormenta) de cambio.

Cobos como presidente, Duhalde como Jefe de Gabinete.

Subproductos institucionales del ocio recreador. De ociosos que se juntan en oficinas de los alrededores del senado. O en el quirófano de cierto hotel. Desde donde se opera, “24 sobre 24″, a los efectos de impulsar la próxima derrota. Acaso la definitiva. De Kirchner. Para que se estrelle con el rechazo de la Ley Anti Clarín.

Al cierre del presente informe de Consultora Oximoron, Kirchner gana, aún, la partida. Por dos senadores. Casi tres. Sin segunda vuelta en el Mc Donald de Diputados. Significa, si es Ley, que a Kirchner nadie lo va a parar.

Hasta la próxima estación, llamada Papel Prensa.

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