Opinión Internacional

No llores, España

Lloran tus hijos España.

Y lloran los hijos de tus hijos.

Lloran en todos los rincones los que llevan tu sangre. Y los que no la llevan.

Eres, España, madre de la tierra, madre del mar, madre del universo.

Y como madre sufres más que el dolor, más que el abatimiento y la desolación.

Sufres y lloras más que el sufrimiento mismo.

Y todos sufrimos contigo. Lloramos contigo. Rezamos contigo.

Eres la madre que parió alegría y la regalaste por donde fuiste.

Y te desgarraste de tristeza en los corazones del mundo.

Pero aquí estoy España, para darte consuelo, para brindarte alivio y ayudarte en los días de noche que te invadieron.

Aquí estoy, España, para quererte.

Para abrazarte. Para envolverte con un manto de cariño y de fe. De esperanza y de justicia.

Aquí estoy, España, para sostenerte.

Has dado tanta luz que no te cabe ser sombra. Porque en el sol no hay penumbra, no hay oscuridad, no hay tinieblas.

Has obsequiado tantos regalos al mundo que estas llena.

Estamos llenos de ti, de tu grandeza, de tu risa, de tu gloria.

No llores, España.

Déjame llorar por ti. Y limpiar tu suelo, y tus nubes, y tu congoja.

Déjame barrer tu sangre y tu desolación.

Déjame abrir un campo hermoso para tus hijos, y para los que no lo son.

Y sembraras ángeles por todas partes, que bailarán tus jotas y cantarán fandangos.

Y cubrirán de rosas tus espinas.

Y orarán contigo en las procesiones.

Y vestirán como tú, de amarillo sol y rojo vida. Eso eres, España, sol y vida.

Aquí estoy, España, para acariciarte.

Para arrullarte. Para que quitarte el frío. Para cubrirte con el mismo calor que nos has dado.

Aquí estoy, España, para mimarte. Como hacen los hijos con su madre.

No llores, España.

Déjame enjugar tus lágrimas y tu dolor. Y colmar tu cielo de esperanzas. Y saturar tu brisa de horizonte.

Déjame borrar tu desconsuelo.

Y rebosar de estrellas tus senderos.

Y ofrecerte mis brazos para amarte.

Y entregarte el corazón para quererte.

Y quererte más que nunca, España mía, por ser madre de mi tierra y de mi padre.

Ana Maria Valeri

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