Opinión Internacional

Programa nuclear secreto de Chávez

El presidente venezolano, Hugo Chávez, admitió la semana pasada que su gobierno está «llevando a cabo los primeros estudios» de un programa nuclear. Trató de presentarlo como un programa inofensivo, diseñado exclusivamente para fines pacíficos.

El 21 de septiembre tuve una reunión con periodistas y expertos en la región, donde revelé por primera vez información acerca del programa nuclear de Chávez y su problemática y sustancial colaboración con Irán. Esta investigación, realizada durante los últimos 12 meses por un equipo de expertos que analizaron material sensible obtenido desde fuentes internas al régimen venezolano, muestra un panorama mucho más oscuro acerca de las intenciones de Chávez.

Chávez ha estado desarrollando el programa durante dos años con la colaboración de Irán, un Estado bajo la mira en asuntos nucleares. Además de mostrar dos estados ‘la cooperación en materia de investigación nuclear, los documentos sugieren que Venezuela está ayudando a Irán a obtener uranio y evadir las sanciones internacionales. Se trata de aparentes violaciones de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU destinadas a prevenir el programa ilegal de armas nucleares de Irán.

La sugerencia de Chávez de que solo está estudiando la idea de un programa de energía nuclear es engañosa. De hecho, en noviembre de 2008 funcionarios iraníes y venezolanos firmaron un acuerdo secreto de cooperación «en el área de la tecnología nuclear (El texto del acuerdo se encuentra disponible aquí). La semana después de la firma del acuerdo, el Ministerio de Energía y Petróleo de Venezuela preparó una presentación para el Organismo Internacional de Energía Atómica documentando el establecimiento de «programa de energía nuclear» en Venezuela. Dicha presentación, obtenida de fuentes dentro del gobierno venezolano, revela que un «Comité de la Energía Atómica» ha estado manejando el programa nuclear desde 2007.

Todos los países tienen el derecho a un programa nuclear pacífico bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear, del cual Venezuela es miembro. De cualquier modo, la decisión de Chávez de contar con Irán para desarrollar las capacidades de su nación en esta sensible tecnología activó la alarma. Y sus recientes declaraciones disminuyendo la naturaleza de su programa nuclear solo crean más preguntas de las que responden.

No es solo la cooperación de Venezuela con Irán en su programa nuclear lo que genera preguntas. Otros documentos provistos por fuentes internas al gobierno revelan una red sospechosa de instalaciones manejadas por iraníes en el país sudamericano que podrían contravenir sanciones del Consejo de Seguridad.

Por ejemplo, un contrato que data de noviembre de 2008 entre la compañía venezolana CVG Minerven y la firma iraní Impasco les garantiza a los iraníes una concesión en una mina de oro en el corazón de la cuenca de Roraima, al sur del estado Bolívar, cerca de la frontera entre Venezuela y Guyana. Aunque la explotación del oro en Venezuela data a décadas atrás, la zona es además uno de los mayores depósitos de uranio del mundo, de acuerdo a una encuesta hecha por U308 Corp, una compañía canadiense de exploración de uranio.

No hay nada ilegal con respecto a la minería de uranio, a menos que esté conducida por Irán. La resolución 1929 del Consejo de Seguridad fue aprobada en junio pasado luego de un esfuerzo diplomático agresivo realizado por los Estados Unidos, en la que se ordena a todos los gobiernos prohibir cualquier actividad patrocinada por Irán que esté relacionada con la explotación de minas de uranio, producción o uso de materiales y tecnología nuclear. Si la compañía iraní Impasco encontró oro en Venezuela, eso no es asunto de nadie. Si se trata de uranio, es un asunto totalmente distinto.

Adicionalmente a adquirir una mina estratégicamente ubicada sobre sustanciales depósitos de uranio, compañías iraníes han tomado control de instalaciones industriales cercanas y parecen estarlas usando por otros propósitos más allá de los establecidos públicamente. Por ejemplo, una «planta de cemento» produce poco o nada de cemento, una compañía de tractores produce pocos tractores, y ambas instalaciones están bien situadas para promover las actividades sombrías de Irán en esta área que se aleja de todo menos del uranio.

La «planta de cemento», de hecho, procesa material de la mina de Impasco, de acuerdo a fuentes relacionadas con la instalación. La misma, localizada en el estado Monagas, fue construida en 2007 por Edhasse Sanat, una compañía propiedad del Ministerio de Minas de Irán. Según testigos, la planta aun no ha producido un saco de cemento, pero en cambio, sirve como un conducto para mover material producto de la extracción a un puerto en el río Orinoco, desde donde es transferido a buques con banderas iraníes en el Atlántico. Una vez que llega al mar abierto, no hay nada que pueda prevenir su entrega a Irán.

La «compañía de tractores» en el estado Bolívar es la segunda instalación que provee a Irán de una fachada para su actividades en esta región. Operada desde 2006 por una alianza venezolano-iraní, la instalación produce pocos tractores y está equipada al estilo militar, protegida por tropas de la Guardia Nacional, según dos testigos que han visitado y grabado en video las instalaciones en años recientes.

Dudas profundas acerca del verdadero propósito de esa instalación se hicieron públicos en diciembre de 2008, cuando autoridades aduanales turcas interceptaron un cargamento enviado desde Irán a esta «compañía de tractores» en Venezuela. De acuerdo a los reportes, 22 contenedores etiquetados como «piezas de tractor» se encontraron llenos con barriles de nitrato y sulfito (materiales usados para la realización de bombas) así como otros materiales descritos como parte de un «laboratorio de explosivos» según expertos turcos. Este cargamento dudoso estaba siendo entregado por la flota de envíos de la República Islamista de Irán, la cual fue sancionada por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos en septiembre de 2008 por proveer servicios lógicos al Ministerio de Defensa Iraní y a las Fuerzas Armadas.

Además de proveerles una fachada física a las operaciones iraníes, bancos y otros establecimientos comerciales establecidos en Venezuela le permiten a Irán acceder al sector financiero internacional, en violación de varias resoluciones del Consejo de Seguridad hechas con la intención de negarles los fondos a los ilícitos programas de armas nucleares. La Resolución 1803 (2008) advierte a los gobiernos a mantenerse vigilantes con respecto a los bancos iraníes, especialmente al Banco Saderat, para «evitar que tales actividades contribuyan a las proliferación de actividades nucleares delicadas». Documentos obtenidos del archivo del gobierno venezolano muestran que para 2007, el Banco Saderat y se había incorporado al Banco Internacional de Desarrollo (BID) en Venezuela. Todos los miembros fundadores y directores son iraníes, y el banco parece operar como un banco venezolano, aun cuando su totalidad es propiedad de Saderat. Registros de las firmas iraníes operando en Venezuela reflejan transacciones denominadas en dólares hechas por BID en contravención a las leyes de Estados Unidos y las resoluciones de las Naciones Unidas.

Las Naciones Unidas tienen un buen motivo para acusar a Saderat como un posible conducto por el cual los fondos son usados para financiar el terrorismo y la proliferación nuclear. En 2006, la Tesorería de Estados Unidos sancionó a Saderat por servir como un conducto para fondos del grupo libanés chiíta de Hezbollah. Tan solo hace dos meses, la Unión Europea congeló las propiedades del BID por su papel en ayudar a las actividades nucleares o de misiles balísticos. Aun así, el gobierno de Chávez sigue permitiendo que el BID mueva dinero por compañías iraníes con sus socios venezolanos de modo de evadir sanciones internacionales.

Ignorar lo que Chávez y sus amigos estén tramando debajo de nuestras narices no es una opción. Si los Estados Unidos y las Naciones Unidas son serios acerca de la no proliferación de armas nucleares, deben entonces retar a Venezuela e Irán a sincerarse, y, de ser necesario, tomar las acciones para hacer a ambos regímenes responsables. Desafortunadamente, quienes hacen las políticas estadounidenses se mantienen en su posición distante de asuntos que puedan llevar a una confrontación con el irascible Chávez. Pero la voluntad venezolana de saltarse la ley internacional y cobijar las actividades de Irán cerca de costas estadounidenses se está convirtiendo en algo notorio, y definitivamente muy peligroso como para ignorarlo.

Texto original: Chávez’s Secret Nuclear Program

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