Opinión Internacional

¿Qué debemos esperar del nuevo presidente de EEUU?

El innegable papel juega EEUU en la política mundial hoy y quién sabe por cuanto tiempo más, nos obliga a observar con especial atención lo que allí sucede, por las repercusiones que tendrán necesariamente las orientaciones de su próximo gobierno.

Estamos presenciando en EEUU una inusual e interesante contienda entre pre-candidaturas. Esta competencia se está dando, por un lado, en el marco de una crisis financiera recesiva cuyo desenlace y efectos definitivos en el orbe están aún por verse, y por otro, en un ambiente en el que el liderazgo norteamericano en el planeta se encuentra menguado.

Vale entonces la pena entonces formular algunas consideraciones generales sobre lo que pudiera ser la política exterior norteamericana a partir del año venidero.

LAS PRECANDIDATURAS EN LIZA

Por lo que respecta a los republicanos, el asunto ya está saldado con el triunfo del senador de Arizona, John McCain.

En el territorio demócrata, las cosas aún no están claras. La disputa entre los senadores Hillary Clinton (New York) y Barack Obama (Illinois) se muestra muy pareja e incierta. Pero lo interesante de esta competencia son los personajes involucrados y la posibilidad bastante cierta que tiene alguno de ellos de ser el próximo Presidente del país más poderoso y motor de la economía mundial.

Una mujer y un mulato son las opciones que tienen ante sí los demócratas. Por primera vez están compitiendo dos figuras que, por género, color de piel y condiciones políticas, en otros tiempos, hubiera sido impensable.

Esta particular circunstancia nos demuestra lo robusto y sólido que el sistema político norteamericano es, así como su capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos, independientemente de la opinión que se pueda tener sobre esa gran nación y la conducta de sus gobernantes en distintos episodios históricos.

Sin embargo, oímos opiniones muy diversas acerca del desenlace, primero, entre demócratas, y luego, entre las candidaturas de los dos grandes partidos.

Unos dicen que a la hora de las chiquitas el electorado estadounidense votaría tradicional, es decir, le daría su respaldo mayoritario al republicano McCain, quien, por cierto, para muchos, es la más “digerible” de las opciones republicanas.

Incluso, se llega a decir que si el ganador en el campo demócrata es Obama, ello llevaría a muchos de este bando a votar por McCain, garantizando su triunfo.

No obstante, visto el fenómeno electoral en que se ha convertido, incluso más allá de los confines de EEUU, y los resultados cerrados de las últimas encuestas, no se descarta que la opción Obama, siendo el abanderado de su partido, pueda triunfar frente a McCain.

Ciertamente, Obama es considerado un joven idealista romántico e inexperto y tiene aún muchas resistencias en los sectores más conservadores del EEUU profundo. Pero tampoco Clinton tiene una larga y directa experiencia de gobierno, a menos que contabilicemos en su haber la de Primera dama y los años de senadora. Carga con el peso de que es considerada como la representante del establisment político de Washington.

Sin duda, la figura de Obama, más que Clinton, representa en la percepción de muchos ciudadanos el cambio que amplios sectores norteamericanos desean en la política en general y la diplomacia en particular. Por su parte, Clinton tiene un apoyo mayoritario en los grupos de origen hispano, cuyo número de electores no es desdeñable.

Ambos demócratas enfrentarán un contendor que tiene su atractivo para el mercado electoral estadounidense, dados su experiencia en Vietnam y posiciones moderadas entre los republicanos, aunque en materia de inmigración se ha enajenado gran parte del voto de los hispanos. Ciertamente, McCain ha subido en las últimas encuestas, pero carga con un fardo muy pesado: ser el candidato de Bush y su gobierno, cuya imagen, dentro y fuera de su país, está muy deteriorada.

EL PROTECCIONISMO COMERCIAL DEMÓCRATA Y
EL APERTURISMO REPUBLICANO

Si pensamos en el bolsillo, los demócratas nunca han sido, en el discurso, muy proclives a abrir más las fronteras de su país a las exportaciones del resto del continente. Igualmente, en general y en teoría, se espera que sean menos “activos” en el espacio internacional. Su clientela sindical y en sectores económicos proteccionistas los condiciona en gran medida.

En estos días hemos presenciado un debate en el que se plantea por los candidatos demócratas la modificación o la denuncia del NAFTA (Acuerdo de libre comercio de América del Norte), lo cual perjudicaría, principalmente, a su principal beneficiario, México, y sentaría un negativo precedente. Esto sería una mala señal para éste país y las economías de Latinoamérica que aspiran a una mayor apertura e integración comerciales con EEUU.

Quizás esta posición sea sólo un recurso retórico electoral de cara a los sectores críticos, por ejemplo, del NAFTA. Y quizás siendo sincero el planteamiento de los candidatos demócratas, les resulte cuesta arriba echar para atrás los compromisos ya suscritos. Pero lo cierto es que los dos candidatos demócratas no se muestran tan entusiastas con el libre comercio como lo ha sido el republicano, y esto genera reservas en algunos países.

En tal sentido, MCCain ha sido, sin ambages, muy claro: “Como Presidente, promoveré agresivamente, la liberalización del comercio global en la OMC y expandiré los acuerdos de libre comercio con las naciones amistosas en todos los continentes. (…) Debemos también ratificar los tratados de libre comercio pendientes de aprobación con Colombia, Panamá y Perú, y mover hacia adelante el proceso de concretar el ALCA.”
LA “DIPLOMACIA GLOBAL” EN DEBATE

Así, podemos observar contrastes importantes en los enfoques de política exterior, área en que se produce en el presente un gran desacuerdo en EEUU.

El consenso bipartidista que se mantuvo por cinco décadas se derrumbó. Republicanos y Demócratas sostienen pareceres muy divergentes, “viven en planetas distintos”, según Kupchan y Trubowitz. El dilema, con matices, entre ambos partidos y los candidatos, es: coerción-fuerza versus persuasión (soft power); Unilateralismo versus Multilateralismo. Como dicen los profesores mencionados, “el terreno común a ambos partidos es mínimo”. (Kupchan, Ch. y Trubowitz, P.: “Estrategia integral para un EEUU dividido”, Foreing Affairs, Octubre-Dic. 2007)
En este desencuentro juega un papel preponderante el tema de los costos en vidas y económicos de la intervención en Irak y el empantanamiento en que está, a pesar de ciertos avances recientes. Otros asuntos como el calentamiento global, el Medio Oriente, la proliferación de armas nucleares y la política frente al terrorismo son causa de marcada división.

OBAMA: POLITICA EXTERIOR CONDICIONADA POR EL APOYO DEL PUEBLO Y NUEVO CONSENSO INTERNACIONAL

Obama pareciera, en parte, estar en sintonía con una opinión mayoritaria entre los norteamericanos, en especial, los demócratas, de que EEUU no debería inmiscuirse mucho en asuntos más allá de sus fronteras.

Obama ha expresado su preocupación en el sentido de que el tema de Irak pueda hacer caer en la tentación de cerrarse ante el mundo, lo que considera un error. Es de recordar que Obama siempre se opuso a la intervención en Irak. Ha rechazado, igualmente, la equivocada posición, según él, de no hablar con los líderes extranjeros que no gustan a los EEUU. Está de acuerdo con fortalecer la OTAN y buscar nuevas asociaciones en Asia.

Igualmente, ha dicho que persigue condicionar el activismo internacional de EEUU a ciertas condiciones y a la necesidad de apoyo de su población. Ha enunciado una política exterior que no solo adaptaría los planes militares, operaciones de inteligencia y de defensa de cara a las amenazas de las redes terroristas, sino que también busca construir “un nuevo consenso internacional alrededor de los desafíos de las amenazas transnacionales” mediante el fortalecimiento de la institucionalidad internacional. Propone aumentar la ayuda en la lucha mundial contra la pobreza.

Y agrega: “Sin una estrategia bien articulada que el público apoye y el mundo comprenda, EEUU carecerá de la legitimidad, y en última instancia, del poder que necesita para hacer un mundo más seguro de lo que es hoy”. (Ver: Obama, Barack: “The audacity of Hope”, Three Rivers Press, NY, 2006, y “Common security for our common huma-nity” en Foreign Affairs, Jul.Aug, 2007).

CLINTON: RENOVACIÓN DE LA POLÍTICA EXTERIOR Y RECUPERACIÓN DE LA POSICIÓN GLOBAL DE EEUU

Por su parte, Clinton ha expresado que “La tragedia de estos últimos 6 años es que la administración de Bush ha desperdiciado el respeto, confianza y expectativa de incluso nuestros más cercanos aliados y amigos”. Plantea que EEUU requiere de una amplia reforma de su política exterior, que incluya una mayor cooperación con los países y conversaciones bilaterales con naciones enemigas.

Para Clinton, la administración ha descuidado a sus vecinos del Sur y ha declarado: “Hemos presenciado un retroceso del desarrollo democrático y de la apertura económica en partes de América Latina. Debemos regresar a una política de compromiso vigoroso (…) Debemos apoyar las democracias más grandes y desarrolladas de la región, Brasil y México, y profundizar la cooperación económica y estratégica con Argentina y Chile. Debemos seguir cooperando con nuestros aliados en Colombia, América Central y el Caribe, para combatir las amenazas interconectadas del tráfico de drogas, el crimen, y la insurgencia. (…) debemos trabajar con los que promuevan oportunidades económicas y reduzcan la desigualdad de los ciudadanos de América Latina.”
Ha señalado igualmente que hay que “… en palabra y obra, renovar el internacionalismo para un nuevo siglo. Nosotros no enfrentamos solos la II Guerra Mundial, ni la Guerra Fría, y no podemos enfrentar la amenaza terrorista global u otros retos importantes tampoco solos. En un crecientemente mundo interdependiente, está en nuestro interés luchar por los derechos humanos, promover la libertad religiosa, la democracia, los derechos de las mujeres, la justicia social y el empoderamiento económico. No podemos forzar a los otros, naciones y pueblos, a aceptar estos valores. Debemos apoyar a aquellos que los compartan y liderar con el ejemplo.” En definitiva, Clinton ha enfatizado la idea de que “para liderar, una gran nación debe exigir el respeto de los otros”, y en ese sentido, para ella, “el próximo Presidente tendrá una oportunidad para restaurar la posición global de EEUU y convencer al mundo de que puede ser el líder de nuevo”. (Clinton, Hillary: “Security and opportunity for the twenty first century”, Foreing Affairs, Nov-Dic. 2007; “Hillary Clinton calls for “internationalist” foreing policy”, AFP, 2005)
MCCAIN: LIGA DE NACIONES DEMOCRÁTICAS Y LIBRE COMERCIO.

John McCain ha manifestado que EEUU necesita un Presidente que pueda revitalizar los objetivos del país y su posición en el mundo, derrote a los adversarios terroristas que amenazan la libertad internamente y externamente, y construya una paz duradera. En sus palabras: “El próximo Presidente debe estar preparado para conducir a EEUU y el mundo a la victoria, y aprovechar las oportunidades proporcionadas por una libertad y prosperidad sin precedentes en el mundo de hoy, y así construir una paz que perdure por un siglo”.

Igualmente, ha señalado que la política exterior de su país necesita de una gran revisión (“massive overhaul”) para enfrentar los retos del siglo.

Entre las propuestas de McCain hay una que llama la atención: la creación de una Liga Mundial de las Democracias. Esta estaría formada por países que compartan los principios y valores democráticos y actuaría en los casos en que fallara Naciones Unidas. No suplantaría a esta última u otras organizaciones, sino que la complementaría aprovechando las ventajas políticas y morales ofrecidas por una acción unitaria democrática.

Para McCain, los países de AL son “nuestros socios naturales”, pero la desatención de EEUU ha dañado estas relaciones. “Debemos aumentar las relaciones con México para el control de la inmigración ilegal y derrotar los carteles de la droga, y con Brasil, un socio cuyo liderazgo en las fuerzas de paz de las NNUU en Haití, es un modelo para el fomento de la seguridad regional. Mi administración dará a éstos y otros grandes países democráticos de AL una voz fuerte en la Liga de las democracias, una voz que tienen negada en el Consejo de Seguridad de NNUU.”
Particularmente, MCCain, hace ésta declaración que toca a Venezuela: “Debemos trabajar juntos para contrarrestar la propaganda de demagogos que amenazan la seguridad y prosperidad de las Américas. Hugo Chávez ha dirigido el desmantelamiento de la democracia venezolana socavando el parlamento, el poder judicial, los medios, los sindicatos libres y las empresas privadas. Su régimen ha adquirido equipos militares avanzados, y está tratando de construir un eje global antiamericano. Mi administración trabajará para marginar estas influencias nefastas”.

Respecto del tema energético, la estrategia de MCCain, según sus palabras, apuntará a buscar la independencia de los jeques del petróleo y a eliminar la vulnerabilidad de EEUU en relación con los problemas políticos de esos países.

En definitiva, MCCain expresa que hará “…del liderazgo económico de EEUU en el mundo globalizado del siglo XXI, una pieza central de sus compromisos en los asuntos exteriores. Seguiremos promoviendo el libre comercio, como asunto vital para la prosperidad de EEUU. Los americanos pueden estar confiados que un mundo de libertades políticas y económicas apoyará nuestros liderazgo global, al promover nuestros valores y aumentar nuestra prosperidad. Nuestra única forma de liderazgo- la antítesis del imperio-nos dará credibilidad moral, la cual es más poderosa que cualquier demostración de armamentos”.(McCain, John: “Enduring Peace Built on Freedom. Securing America’s Future”, Foreign Affairs, Nov-Dic. 2007)
Por otro lado, ha expresado que es “un ferviente e imperturbable defensor del NAFTA”, y que para él podría ser interesante un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea (reseñado por Le Monde, en Marzo).

EL FUTURO COMPARTIDO

Las posturas de los 3 candidatos muestran importantes diferencias de enfoque, estilo y énfasis, así como matices en algunos temas en que coinciden, como es el tema de la recuperación del liderazgo norteamericano en el mundo, realizar cambios de orientación o revisión de la política exterior, y apoyar las democracias.

MCCain enfatiza la necesidad de estrechar vínculos con los países amigos, y subraya los temas de comercio internacional y seguridad más que los candidatos demócratas. Éstos subrayan más el tema social, la cooperación para el desarrollo, la defensa de los derechos humanos y la necesidad de reestablecer un diálogo con los demás países sobre la base del respeto y el ejercicio del soft power, sin imposiciones, en función de un nuevo consenso y reforzamiento de la institucionalidad internacional.

En McCain observamos propuestas concretas (sobre democracia, energía y libre comercio), las cuales no vemos en los discursos más bien, principistas de los otros candidatos.

En los demócratas, hay referencias muy generales a América Latina y la necesidad de poner atención a esta región; en cambio, en McCain se reafirman con intensidad los lazos económico-comerciales, y señala su preocupación sobre casos concretos, como el del gobierno de Venezuela y sus amenazas a la democracia.

Madeleine Albright, ex Secretaria de Estado, en su interesante trabajo titulado “Memo to the President elect. How we can restore America‘s reputation and leadership” (Harper, 2008), pretende señalar a quien sea que gane las elecciones, cuáles deben ser la perspectiva y las prioridades que el nuevo mandatario estadounidense debe tener para recuperar la reputación y el liderazgo de EEUU.

Allí, formula un conjunto de recomendaciones y observaciones al próximo inquilino de la Casa Blanca. Vale la pena traer a colación una observación que hace esta profesora que considero muy acertada: “Para mucha gente en muchos lugares, nosotros (EEUU) somos egoístas, dominantes y violentos. Los votantes quieren que usted transforme esta percepción a la vez que nos protege, derrotando a nuestros enemigos y asegurando nuestro futuro económico; en otras palabras, haga lo que prometió en la campaña electoral.” Esta opinión debería ser tomada muy en cuenta por el próximo Presidente.

EEUU y los países del hemisferio seremos vecinos por los siglos de los siglos, y lo inteligente, conveniente, práctico y saludable es que cooperemos, nos integremos en armonía y paz, reconociendo y respetando de manera recíproca, nuestros derechos, intereses, opiniones, tradiciones, responsabilidades y peso en los asuntos internacionales, sin arrogancias, prejuicios u obsesiones ideológicas, pero también reforzando valores y objetivos políticos y económicos compartidos, todo en función de nuestro futuro ineluctablemente juntos. En esta materia, no debe haber espacio para la irracionalidad y la confrontación estéril o artificial.

En tal sentido, lo que los habitantes de este hemisferio aspiramos es a que el nuevo Presidente estreche los vínculos con sus vecinos, mediante un diálogo sincero, permanente y fructífero, así como con iniciativas conjuntas, que a todos reporten beneficios tangibles y duraderos.

Comprendemos las responsabilidades globales que esa nación tiene. Sabemos que sus intereses trascienden el hemisferio y estamos conscientes de las exigencias que esto comporta. Pero el nuevo mandatario estadounidense debe reconocer que la prosperidad, la seguridad y la paz de su país están indisolublemente ligadas a las de los demás países de América.

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