Opinión Internacional

Sarkozy incrementa su influencia en Libia

Las revelaciones posteriores al publicitado “logro diplomático” de Nicolas Sarkozy en el caso de las enfermeras búlgaras, revela la hipocresía de muchas naciones europeas cuando trata con naciones en las que tienen intereses comerciales, desdiciendo la cacareada preocupación por los derechos humanos y la democracia. Así, casi sin excepción -y al igual que sus socios norteamericanos que tanto critican- las naciones europeas negocian con cualquier régimen a pesar de su nefasto récord de DDHH. En el caso de Libia, se negoció con un régimen dictatorial y casi feudal, olvidando su pasado terrorista, con tal de asegurar suministros petroleros y jugosos contratos disfrazados de “cooperación tecnológica”.

Por su parte se supo que, a cambio de la publicitada “liberación”, Gaddafi logró el apoyo francés a la venta de sofisticados misiles antitanque, fabricados por la empresa franco-alemana EADS y que estaba siendo frenada por los vecinos europeos por el turbio pasado terrorista de Libia y para no promover el armamentismo en la región. Sarkozy también se aseguró el acceso al uranio libio, un elemento vital para sus 60 reactores, que generan más del 75% de su electricidad.

Asimismo, Francia también ofreció “compartir” su renombrada tecnología nuclear para construir una costosa central atómica que proveerá la energía para desalinizar agua de mar. Algo que resulta incomprensible en vista de que Libia tiene petróleo de sobra y tenía una considerable experiencia en el campo nuclear. Al abandonar Libia su programa atómico de corte militar, todas las naciones europeas se apresuraron a visitar Trípoli para reanudar sus relaciones con Gaddafi, ahora que el Golfo Pérsico se ha vuelto muy problemático y en donde se podría interrumpir el flujo petrolero de un momento a otro.

No hay duda que Libia tiene una ubicación geográfica envidiable en el Mediterráneo, justo debajo de Francia, así que no extraña el inusitado interés de Sarkozy en casos “humanitario” de las enfermeras, que fueron chivos expiatorios de la deplorable situación sanitaria de Libia. Ahora trata de intervenir en el caso de la franco-colombiana Ingrid Betancourt, después de torcer el brazo a Uribe para que libere a varios guerrilleros. No hay duda que el nuevo mandatario galo, con el Parlamento en su bolsillo, está demostrando ser todo un político pragmático, sin mucho miramiento hacia los principios.

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