Opinión Internacional

Se cae tesís de los carapintadas

En la mañana de hoy, el «feroz carapintada» Jorge Mones Ruíz, sobre quien el gobierno de Evo Morales ha construido una maraña de conspiraciones, se presentó personalmente -solo y sin armas- nada menos que en la Casa Rosada, sede del gobierno argentino.

Mones no tenía betún en la cara, ni usaba uniforme de camuflaje, sino que portaba un sobrio traje, como corresponde a un ciudadano de cierta edad y de afables modales.

El objetivo de la visita a la Casa Rosada era entregar una carta a la Presidenta Cristina Kirchner, donde pide la destitución del subsecretario de Derechos Humanos argentino, Rodolfo Mattarollo, por haber elaborado un informe falso sobre la masacre de Pando.

El gobierno boliviano, a través del periódico argentino Página 12, vinculado a Mattarollo, publicó una fábula según la cual Mones era un peligroso terrorista, que había entrado clandestinamente a Bolivia, para participar en un complot contra Evo Morales.

Sin embargo, me consta personalmente, Mones llegó a Santa Cruz por las vías legales, como parte de una comisión internacional, que vino a realizar una investigación independiente sobre los hechos de violencia suscitados en Pando.

Tan pública fue su presencia, que apareció fotografiado en todos los medios, luego de dar una rueda de prensa, presentando los resultados preliminares de su investigación, la cual libera de toda culpa a Leopoldo Fernández, achaca la responsabilidad de los hechos de Pando al oficialismo, y desenmascara el rol cómplice de Mattarollo.

Tanto miedo le tuvo el gobierno de Evo Morales al informe realizado por la comisión internacional a la que pertenece Mones, que decidió urdir un plan para criminalizarlo, y para transformar a un señor canoso y un poco pasado de kilos, en un temible Rambo sureño, capaz de desatar una guerra en Bolivia.

Y ya que la «conspiración» estaba montada, Evo Morales aprovechó eso como excusa y justificación para avanzar en su proyecto totalitario, que consiste en aplastar a toda forma de disidencia, controlar los poderes públicos y perpetuarse en el poder, como lo ha hecho su mentor, Hugo Chávez. Por eso inició una persecución contra los cruceños, inventando que todos nuestros líderes estaban todos metidos en la tan cacareada «conspiración».

Nunca me comí el cuento de los «carapintadas», sobre todo porque tuve la oportunidad de conocer a Mones Ruíz, un señor muy decente, que gusta más de las conversaciones filosóficas y de los libros de historia, que de ejercicios bélicos, aunque en su juventud fue militar. Siempre supe que los ataques en su contra tenían como objetivo descalificar la investigación en la que participó.

Pero hoy, no es solamente este humilde servidor quien no cree en los cuentos de los «carapintadas», es toda Bolivia. Luego de presentarse en la Casa Rosada a presentar su denuncia contra Mattarollo ¿Quién va creer que Mones es un personaje clandestino?

Lic. Ciencias Jurídicas
Magister en Derecho, Economía y Políticas Públicas.

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