Opinión Internacional

Se extingue la Libertad de Expresión en Bolivia

Si una particularidad identifica la Democracia es la Libertad de Expresión y su complemento La Libertad de Prensa. Este concepto fundamental nos acompañó desde el inicio mismo de la historia. La necesidad de comunicarse es innata en el hombre. La palabra,  reflejo de nuestro mundo interior, es la característica principal del ser humano. En buena medida, somos la palabra.

Desde siempre fue durísima la lucha para poder ejercer este derecho a plenitud. Mujeres, científicos y filósofos, fueron las tempranas víctimas de esta añeja confrontación. El miedo a la palabra fue siempre la marca de los intolerantes.

La muerte, el exilio, la cárcel y la exclusión, fueron las penas más comunes a que fueron sometidos. Pero todo esto de nada sirvió. Las ideas no se matan, son inmortales, trascienden el tiempo y en el espacio y vuelven una y otra vez a amargarles la vida a los tiranos. Con nuevos rostros, con nuevos ropajes, pero con la misma letal contundencia de siempre.

Muchas batallas se han librado  en el pasado por la Libertad de Expresión y por lo visto se seguirán librando en este Tercer Milenio, por increíble que parezca. Milenio que supone un mundo civilizado, donde nos preciamos de tener los más increíbles adelantos tecnológicos, pero en el corazón seguimos siendo los mismos trogloditas de siempre.

Esta época es más parecida a la Revolución Industrial, que al Siglo de las Luces. Necesitamos un  “Nuevo Siglo de las Luces”, que reimpulse el movimiento cultural, filosófico y político, más que el tecnológico. Es el corazón y el alma del hombre lo que necesitamos seguir desarrollando. Este es el desafío principal del siglo XXI.

Hoy, una nueva lucha por la Libertad de Expresión se desarrolla en Bolivia. Me preocupa de sobremanera cómo esta libertad se va extinguiendo. Y en esa misma medida, se extingue también la Democracia.

Una serie de hechos muestran con claridad esta tendencia:

La muerte todavía impune del periodista Carlos Quispe Quispe, de la Radio Municipal de Pucarani, en La Paz, victimado por una turba el 27 de marzo de 2008.

La denuncia pública de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), presentada  en febrero de 2009, que en la parte pertinente decía: “expresa su profunda molestia, esta vez por el recrudecimiento de los injustificados ataques del Presidente de la República y algunos de sus ministros, contra la prensa”.

Una nueva denuncia de la ANP el día mundial de la Libertad de Expresión, que en las partes pertinentes expresaba: “de mayo de 2008 a abril de 2009 se registraron 165 agresiones a periodistas y 154 ataques a medios de comunicación social lo que representa la enorme violencia desatada contra el periodismo boliviano” (…) “sometida como nunca antes en la historia democrática del país a ataques de diversos sectores políticos radicales, pero especialmente del Gobierno, con el propósito de silenciarla”.

La denuncia pública en octubre de 2009 de varios organizaciones de la prensa del  continente: la Asociación Nacional de la Prensa de Chile, ANP, el Consejo de la Prensa Peruana, la Asociación de Diarios Colombianos, La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas, la Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos y la Associação Nacionál de Jornais, reclamaban por un “sostenido deterioro de la Libertad de expresión en la región”, en clara referencia a Bolivia y Venezuela.

La preocupación expresada por Canadá, Alemania, Noruega, Gran Bretaña y Estados Unidos, en el Palacio de las Naciones Unidas de Ginebra – Suiza, el 10/02/2010,  ante la prestación oficial del estado de los Derechos Humanos en Bolivia: “Por el estado de la libertad de expresión en el país y las agresiones que sufrieron en los últimos cuatro años medios de comunicación y periodistas”. Este es un tácito reconocimiento de la violación de La Carta Democrática Interamericana, aunque la OEA mire para otro lado.

La presión gubernamental sobre los canales de televisión, para la salida de Roberto Barbery, Carlos Valverde, Cayetano Llobet, Jorge Tijerina y otros.

Esa es la triste realidad de la Libertad de expresión y de Prensa. Dios querrá que un día comprendamos en Bolivia, lo que los filósofos de la Ilustración comprendieron en el siglo XVIII, que “la posibilidad del disenso fomenta el avance de las artes y las ciencias y la auténtica participación política”. 

 


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