Opinión Internacional

Socialismo chileno

Santiago de Chile (AIPE)- La izquierda chilena ya no es un peligro, dicen sus dirigentes, desde el presidente Ricardo Lagos para abajo. Aprendimos: mantenemos el presupuesto equilibrado, sin presiones inflacionarias ni de balanza de pagos, dejamos autónomo el Banco Central, no controlamos precios y hemos abierto más la economía. Nos modernizamos y ya no robamos tierras ni industrias. Nos molestan la salud, la educación y la previsión privadas, pero nos aguantamos. Es como con los mercados crueles, donde les metemos regulaciones e inspectores, «para ordenarlos». No vamos a dejar a los chilenos en la indefensión de la libre selva mercantil, ni a los trabajadores a merced de la explotación. Seguiremos interviniendo, aunque provoquemos desempleo y limitemos el emprendimiento popular.

Es enternecedor: tenemos que agradecer a la izquierda porque ya no hace tonterías, sino sólo a medias. Algo así como poner velitas con la frase «Gracias por favor concedido». ¡No, pues, compañero! Se trata de que seamos una nación desarrollada. Algo como lo logrado por tantos países que hace un siglo, o medio, eran ratones como nosotros. No queremos desarrollos mediocres, como los de 1930 en adelante, ni como el período 1998-2003, ambos el resultado del crecimiento del Estado, los tributos, los controles y las regulaciones.

El tema de fondo es que el gran gobierno protector y constructor, son recursos reales (dinero) que se quitan a los ciudadanos, los que, por definición, quedan limitados en su posibilidad de crear, invertir y trabajar. Pierden libertad, y es el ejercicio de ésta, por los individuos, lo que posibilita el progreso y el desarrollo. Esto es lo que los socialistas no comprenden y me temo que no tienen arreglo. Viven sospechando de la libertad y haciendo leyes represivas de todo. No sólo laborales, educacionales, de indígenas, deportes, música, cine, televisión, ambiente, mujeres, salud, bares, discotecas, electricidad, telecomunicaciones, permisos, licencias, etcétera, sino de la familia, hogares de ancianos, píldoras de antes y después -acoso sexual para un lado-, cómo casarse o descasarse, abortos, prohibicionismo de drogas y medicinas, y ya viene el derecho al sexo perfecto.

Una inútil botadera de nuestra plata, sin un solo programa público que salga bien parado. Si conoce la evaluación de alguno, hágamelo saber para ponerme optimista, como los productores grandes que aprovechan las regulaciones en su favor. ¿No ve que son costos y barreras a la entrada de competidores potenciales?
Ahora sí que hay que preocuparse de la mala distribución del ingreso. ¿Y en qué han estado los últimos 15 años? Si fracasaron, al menos que devuelvan la plata, antes de hablar del futuro.

Chile ha progresado sólo cuando se han practicado reglas de libertad y no de represión e impuestos. Este «aporte» socialista va paralizando, de a poco, la creatividad e iniciativa. ¿Vamos a seguir por este camino, o vamos a dar un salto de libertad? Nuestra preocupación social -repiten por enésima vez- implica más impuestos. El royalty y los anuncios educacionales son sólo una sinopsis de lo que viene.

Es el camino a la mediocridad latinoamericana, de la que nunca -creen los izquierdistas- deberíamos habernos apartado. Como dicen los viejos y sabios economistas Benjamín Mira y Andrés Passicot: «La cabra tira pa’l monte».

(*): Profesor de economía, Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central de Chile.

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