Opinión Internacional

Un G-20 sin aporte de los K

. Ese será el marco, aunque en realidad, el principal tema será la redefinición del FMI y su papel frente a una crisis que ya afecta a todas las economías por igual, sean grandes o emergentes, pobres o en desarrollo. De allí la enorme expectativa entre los gobiernos de ese club de los 20 (los estados más ricos –el G8-, más 12 emergentes), que en los últimos días vienen anticipando sus propuestas, con el fin de encontrar consenso y cooperación en la comunidad internacional.

Con excepciones, claro. Como la de la Presidente Cristina Kirchner y su esposo, que hasta ahora sólo han sabido levantar un dedo acusador desde una autosuficiencia aislacionista y estática. Sin propuesta alguna y sin percibir que en la velocidad de la crisis, hubo cambios y ‘mea culpas’, como el del FMI (divulgado en una entrevista de su titular, Dominique Strauss-Khan, la semana pasada). No obstante, Néstor Kirchner manifestó que “nunca le pediría plata al FMI: ni que me la regalasen”. Fea señal para el organismo que este mes comenzó a auditar la economía argentina, procedimiento que fue suspendido en 2006. Y que, mal o bien, ya asesora al INDEC.

En el mismo tono, el 1° de marzo, en su discurso inaugural del año legislativo, la Presidente Kirchner puso en duda que los países causantes “de esta crisis puedan formular alternativas y soluciones, no por malos, sino por sus estructuras mentales del pensamiento único». Una interpretación ‘progre’ y ‘casera’ para un mundo que ya dejó atrás las ideologías y se arremangó para encontrar soluciones. Prácticas, desde ya, y no difusas y generalizadas como las esbozadas en ese discurso al momento de referirse sobre el G-20 de Londres: “Vamos a reiterar, como lo venimos haciendo en todos los foros desde 2003, la necesidad de reformular no sólo los organismos multilaterales de crédito, sino reformular el Pacto de Bretton Woods”, dijo.

• Fondos
Mientras tanto, nuestros vecinos de Brasil se mueven rápido. Saben que a partir del cónclave de los 20 en Londres podría instrumentarse un fondo especial de u$s 25.000 millones para financiar exportaciones por plazos de 180 días. En esto están trabajando en conjunto hoy la OMC (Organización Mundial de Comercio), el Banco Mundial y el FMI. El fondo para exportaciones sería un salvavidas sumamente apreciado en Brasilia y San Pablo: de septiembre pasado a esta parte, los bancos extranjeros redujeron en u$s 100.900 millones la financiación para exportaciones brasileñas. No es el único país emergente que enfrenta un cuello de botella en su comercio exterior: sólo en enero, las exportaciones de China cayeron 29%, las de Singapur 35% y las de Chile 40%. En cuanto al Viejo Continente, los líderes de la Unión Europea ya acordaron elevar los recursos disponibles del FMI a u$s 500.000 millones, con la intención de socorrer –individualmente y caso por caso, como pidió Alemania en Bruselas el primer domingo de marzo- sobre todo a los ex estados soviéticos incorporados a la UE.

Sin una gota de crédito en los grifos bancarios, todos quieren llevarse una tajada de la torta del FMI. Por esa razón es que el gobierno de Lula, según confirmó el ministerio de Hacienda, ya habría pedido elevar su aporte de capital al FMI (a mayor aporte, mayor peso en la estructura de votación del directorio y mayor caudal de crédito).

Pero además, Brasil no quiere moverse solo y busca estrechar lazos con posibles ‘asociados’ de peso para el G-20. Sin duda, uno de ellos es Barack Obama, con quien Lula se verá en Washington este 17 de marzo. Otro es el premier británico Gordon Brown, que visita Brasil a partir del 26 de marzo. El tercero es Francia, con el que Brasil tiene establecida una alianza que va más allá de la cooperación tecnológica y armamentística. Según el diario “Folha de Sao Paulo”, en el encuentro la semana pasada entre el canciller Celso Amorim y el presidente Nicolas Sarkozy en París, Luiz Inacio Lula da Silva le hizo llegar al francés una propuesta conjunta para el G-20 de Londres. En ella pedirían una mayor supervisión de los bancos y de las economías de los países ricos, además de cambios en las regulaciones financieras de Basilea y más crédito destinado a exportaciones para los países en desarrollo.

“Trabajamos con las naciones del G-20 para restablecer la confianza en el sistema financiero y eludir el proteccionismo”, dijo el presidente de EE.UU. al presentar el presupuesto para 2009. El brasileño Lula conoce bien el tema del proteccionismo: sobre todo desde las barreras comerciales que le impone hoy Argentina. También sabe que en Londres “sólo se podrá reformar las instituciones financieras internacionales mediante la coordinación de soluciones nacionales, con recursos frescos y legitimidad de las instituciones”. Sin esto, el mundo corre el riesgo de entrar en una espiral dañina de des-globalización. Algo que, pareciera, la administración Kirchner todavía no tomó en cuenta. No nos sorprendamos entonces, cuando en la capital británica este 2 de abril, aniversario del desembarco argentino de 1982 en Malvinas, la presidente Kirchner insista con su discurso acusador sobre los culpables de la crisis. Y en el rumbo de siempre: sin aporte constructivo alguno, aislando financieramente a Argentina del mundo y reduciéndola a un provincianismo patagónico.

RECUADRO: Un G-20 de 22 países. Después de reclamar porque los habían dejado ‘afuera’, en la próxima reunión en Londres de los 20, España y los Países Bajos asistirán en calidad de invitados. Serán entonces 22. El G-20 está conformado por Alemania, Argentina, Canadá, EE.UU., Francia, Italia, Japón, Reino Unido, Arabia Saudita, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, México, Corea del Sur, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea.

Carolina Barros

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