Opinión Internacional

Una silla en el consejo

A estas alturas del partido nadie sabe si el teniente-coronel Hugo Chávez va a conseguir que su capricho de conseguir un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU se cumpla. Hay quienes afirman que ya consiguió, chequera petrolera en mano, los votos necesarios. Hay quien asegura lo contrario, o que su grotesca intervención en la Asamblea le quitó de la mano ese triunfo, porque muchos gobiernos torcieron la nariz al oír la sarta de estupideces que el sujeto de marras soltó, aliñadas con vulgaridades y expresiones que en ese escenario nadie en su sano juicio habría dicho. O que su estúpida alianza con Irán le ha enajenado los votos de los árabes, con los que contaba. Muchas voces de la Oposición, que suelen ser más superficiales que el corcho en el Océano. Pero pocos se pasan por algo que ayer me dijo un buen amigo, ducho en artes diplomáticas: Lo que realmente le conviene al país es que el capricho se le cumpla al militarcito, porque así seguirá en su mundo de grandes sueños internacionales, seguirá incumpliendo promesas, seguirá desgobernando, seguirá incumpliendo y alejando de su “proyecto” a los que aún se hacen ilusiones. Un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU no le da empleo a nadie, no incide sobre los índices de seguridad, no ayuda a nadie a conseguir vivienda. No pasa de ser un juguete en manos de un idiota, que a la corta o a la larga puede ayudar para que el país salga por fin de la terrible pesadilla que lo atasca. Dejen pues, opositores, de desearle ese fracaso al fracasado gobernante, que conseguir su asientito es un logro bueno, positivo, justo y necesario.

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