Opinión Internacional

Venezuela en la OEA

Hugo Chávez perdió el favor de los Dioses. Es el paria de un proyecto abortado, el padre de un feto que se pudre en sus brazos. Y el mundo lo sabe. Su caída es cuestión de tiempo. Ir a los foros internacionales y prevenirlo es nuestra obligación.

No fue un encuentro fácil. Ni podía serlo. Hacer valer la voz digna, potente y viril de los demócratas venezolanos en los foros internacionales será una tarea ardua y compleja que exigirá temple, obstinación y constancia. Una tarea casi imposible, pero imprescindible, que ya ha comenzado a rendir sus frutos. El régimen ve cundir la desaprobación y el desprestigio en las salas de redacción de algunos de los periódicos más influyentes del mundo.

A pesar de un lobby mil millonario que causa vértigo y espanto. Desde el Washington Post, el medio impreso más determinante de los Estados Unidos, hasta El País, de Madrid, el periódico más influyente del mundo hispanoamericano; y desde Clarín de Buenos Aires hasta El Mercurio, de Santiago de Chile, se precipitan los editoriales condenando el atropello a la democracia y la instauración de un régimen autocrático y militarista en Caracas. ¿Cómo ha sido y está siendo posible que el David de nuestras luchas se esté imponiendo en el escenario internacional al Goliat bolivariano?

Por una sencilla y apabullante razón: la historia ha cambiado de acera y hoy su verdad está en manos de la frágil y poderosa oposición venezolana. El corruptor poder del dinero, el garrote petrolero y las desaforadas inversiones en lobbystas y gobiernos ya no son suficientes para ocultar esa verdad que se hace presente en el mundo de hoy: Chávez es un dictador. Su régimen de iniquidades es inocultable. Sus atropellos, abusos e injerencias demasiado evidentes. La destrucción de nuestra tradición democrática, palpable. De allí que la vieja y manida frase de que el crimen no paga pueda serle adjudicado con la más prístina y absoluta razón.

Razones de orden filosófico, si se quiere, pero que encuentran en un nuevo liderazgo un instrumento invencible. Oír a Ismael García en el despacho del Secretario General de la OEA, sin duda ninguna uno de los más importantes líderes de la Venezuela emergente y un factor esencial en el desarrollo de esta auténtica revolución democrática en curso, causa admiración: quien acompañó durante su campaña, rompió lanzas por la reposición de Hugo Chávez asumiendo arriesgadas y peligrosas acciones el 12 y 13 de abril de 2002 y estuvo a su lado durante siete años de gobierno tiene una autoridad moral indiscutible como para denunciar los vicios, corruptelas y traiciones sobre los que se asienta el régimen podrido de esta supuesta revolución bolivariana. ¿Con qué argumentos podría rebatir el Secretario General de la OEA sus bien fundamentadas denuncias y rechazar sus exigencias y reclamos? Conoce al monstruo por dentro y ha habitado en sus entrañas. Sin haber manchado sus manos en el festín de Baltasar ni haber traicionado sus ideales democráticos y populares.

¿Cómo rebatir a quien, como el diputado Wilmer Azuaje exhibe con un dolor inocultable que fue el más fiel combatiente del chavismo en el Estado Barinas, favorito de la poderosa familia presidencial, hasta caer en la desgracia del paria disidente por exigir rendición de cuentas a la escandalosa y súbita riqueza de la monárquica familia de Sabaneta? Un hermano asesinado por los sicarios del régimen, su esposa secuestrada, su madre agredida y él en una carrera solitaria de juzgado en juzgado para hacer valer la voz de un venezolano revolucionario de corazón que no ha podido ser comprado por las riquezas del Rey Salomón?

De allí el asombro del Secretario General, de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, de los parlamentarios republicanos y demócratas, de medios, periodistas y corresponsales ante las denuncias de nuestros parlamentarios. Quienes, sumados a la recia voz de Antonio Ledezma y de nuestros gobernadores y alcaldes, están haciendo valer la presencia de nuestra lucha en el mundo.

Fue una reunión áspera y por momentos intransigente. Con un final feliz. Es de hacer resaltar el valor de la declaración de José Miguel Insulza: los pueblos también cuentan. Las oposiciones son la única prueba evidente de la existencia de las democracias. La separación de poderes su sintomatología. Cuando esas oposiciones son vulneradas en sus derechos, pisoteadas y agredidas, como hoy sucede en Venezuela, cuando se le cierran los medios, se le cercenan sus derechos, se le persigue y encarcela, corre el grave riesgo de su extinción.

Hugo Chávez perdió el favor de los Dioses. Es el paria de un proyecto abortado, el padre de un feto que se pudre en sus brazos. Y el mundo lo sabe. Su caída es cuestión de tiempo. Ir a los foros internacionales y prevenirlo es nuestra obligación.

Gracias Ismael, gracias Wilmer, gracias Juan José. Sólo nos espera la victoria. Será inevitable.

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