Opinión Nacional

A caballo vamos pa´el monte

La violencia es consustancial al ser comunista. Junto a otros abominables atributos, dimana del cuerpo doctrinal que les da sustento. Destacan por antidemocráticos. Expertos en sabotear actividades cívicas de los adversarios con bullangas que aderezan con insultos, gritos y silbatinas combinadas con la agresión fundamentalista de garrotazos y pedreas, gases lacrimógenos y disparos. Igual ejecutan linchamientos selectivos, físicos o morales. En Venezuela el historial es extenso.

Ya al final de los 30 y en los tempranos 40 del Siglo XX, actuando en clandestinidad, asaltaban sindicatos para imponerles directivas obedientes a sus dictámenes, lo que continuaron haciendo bajo el amparo del gobierno del último representante de la hegemonía militar andina, al cual defendieron hasta con las armas. En 1958, con las primeras luces del amanecer democrático, cercaron al Presidente de la Junta y lo indujeron a decretar un Plan de Emergencia que paliara el desempleo. Coparon, en gran proporción, ese parapeto con cuadros en los distintos niveles y adelantaron la penetración en los barrios humildes, soliviantando el ánimo de sus habitantes contra los adversarios. Con ellos provocaron motines cuando al candidato militar que apoyaron fue derrotado por Rómulo Betancourt. Luego, en los años 60, asumieron la “lucha armada”, diseñada y financiada por Fidel Castro, que debutó con destacamentos de guerrilla urbana y finalizó derrotada en las montañas y las llanuras, con saldo de muertos, heridos y orates a granel.

Lo anterior basta para no asombrarnos con la violencia desatada por las hordas malandras rojas-rojitas. Nada bueno ha de esperarse cuando el cabecilla al vociferar su Reforma Constitucional afirma que: “si triunfa el NO, para eso están las montañas de Falcón y las sabanas de Portuguesa, y a mí no me importaría pasar el resto de mi vida con un fusil en la mano” o asegura que: “nada ni nadie va a impedir ésta”. Porque lo dicho fue pensado, como bien pensados han sido el desaguisado a la Presidenta Bachelet, el enfrentamiento con Uribe y altercado provocado con España en la Cumbre Iberoamericana; así como el aprovechamiento de la debilidad afectiva de Sarkozy y el divulgar lo tratado en privado con el Presidente de Colombia. Todo, absolutamente todo ha sido fríamente calculado para provocar un efecto mediático que rebotara en Venezuela y le favoreciera electoralmente. ¿Estarán vivos el asesino Marulanda y sus secuestrados?. Creyó a Uribe un tonto de capirote y pretendió dar estatus de fuerza beligerante a esa banda de forajidos denominadas FARC, poniendo en riesgo las relaciones con España y Colombia, forzando la barra para un conflicto de mayor monta con la última y así aglutinar la voluntad nacional en torno suyo. Igual hizo Juan Vicente Gómez en 1913. Ante la conclusión del período constitucional, inventó una invasión de Cipriano Castro por las costas de Falcón, declaró Estado de Emergencia y se quedó con la silla hasta morir.

Podríamos estar en presencia de una tramoya similar, pero por sobre tal eventualidad hay un imperativo ciudadano: VOTAR NO. Porque si intentara un arrebatón y le echara la pierna al caballo para encuevarse en la montaña o enmogotarse en el llano, la ley se encargará de volverlo a la cordura.

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