Opinión Nacional

¿A dónde iremos?

Piensan algunos sabios de esta era que “las ciencias humanas, sociología, economía, política, están dominadas por la incertidumbre”. (Prigogine, entre otros. Tiempo antes sin emplear esta noción –incertidumbre, creada por Heisenberg – Popper había establecido que la historia no era predecible, entre otras cosas, aun cuando aún no era vislumbrada la teoría del “caos”, porque este gran sabio austriaco, distinguía con claridad que no era posible, entre sus detalles de mayor relevancia, medir los resultados de una predicción mediante experimentos, lo que de alguna manera garantiza la sobrevivencia de una teoría. Servía esta postura, también entre más cosas, para refutar el determinismo e historicismo con el cual se trataba de explicar y predecir el desarrollo humano, las luchas sociales, etc. Bueno es, ya que toqué este complejo tema, el caos, rechazar categóricamente que el caos es asimilable a desorden, a postmodernidad, o basuras de ese tipo, y que sirven a tantos para proponer salidas a nuestra existente crisis sin el rigor científico y ético que ellas demandan. Bien lo dice el autor que hemos citado, Prigogine, sea su prevención: “la palabra caos hace pensar en desorden, imposibilidad de previsión. Pero no es así. Al contrario,…se puede incluir el “caos” en las leyes de la naturaleza, pero a costa de generalizar esta noción, incorporándole las de probabilidad e irreversibilidad”.

Tomo estas referencias porque desde hace algún tiempo he tratado de estudiar con cuidado estos temas, pero en sus dimensiones teóricas reales y no ideológicas, en el sentido de manipular estas nociones, lo cual se hace casi a diario en la lengua de nuestros políticos y en algunos de sus “teóricos” que esconden sus incapacidades en la retórica; buen ejemplo de esto lo constituye esa grotesca mezcolanza de marxismo, cristianismo, maoísmo, chamanismo, acupuntura, taoismo, bolivarianismo, y más, con lo cual sólo se llega al abandono del rigor científico, filosófico, estético e, incluso, a deformar lo sustantivo de estas teorías, si lo fueren, o la legitimidad de sus expresiones culturales. Pues bien, algunos indicadores pueden permitir la probabilidad aun en este complejo mundo nuestro, signado por tanta incertidumbre. Aquí incertidumbre no es la noción o principio de incertidumbre de Heisenberg, sino un tanto entre la noción que de ello tiene el sentido común y el que tenía Machado, se hace camino al andar, asumiendo el riesgo de la aventura tras la verdad.

Un hecho empírico de nuestro momento es la incertidumbre por saber qué pasará con el caso Danilo Anderson, un affair sin precedentes en Venezuela, (o tal vez sí, si ciertos fueron como en efecto fue, los crímenes recogidos en la obra, Cuatro Crímenes cuatro poderes, de Mármol León) pero mucho peor que el caso Dreyfus ha puesto en evidencia la inmensa corrupción, perversión sería más exacto, que habita en el corazón de los poderes y, de manera especial, en el poder moral, en su vértice, el Ministerio Público. Julián Isaías Rodríguez y Giovanni Vásquez, el imperialismo y la revolución, las conspiraciones mediáticas y la desestabilización, con otras de no menor frecuencia, como los magnicidios inconclusos, el currículo bolivariano, Luís Tascón y el PSUV, constituyen parte nuclear de este “caos” que bien administrado permite la sobrevivencia del sistema asistemático, del caos rentable. Porque, ¿que se harían todos sin estos suculentos temas diarios? A este inmenso sancocho que alimenta al gobierno ha de sumarse la genialidad de la oposición que de él rumia y vive. Cambio, cambio, cambio gritan los de Primero Justicia, Democracia Social, desde el tiempo nuevo, los centros vitales de las nuevos partidos políticos; AD se esfuerza por su resurrección, mientras COPEI se cuela por los palos sutilmente. Y seguiríamos, el cambio se reduce a salir de Dios Dado, AD trama su estrategia más contra Manuel Rosales que contra los “objetivos” naturales, el gobierno. Y la Santa Madre Iglesia lleva a Roma sus miedos y sus acusaciones bien sustentadas, según las manos y palabras de Baltazar Porras. La Hojilla y Rigoberto Lanz los conspicuos lideres de la comunicación y la academia revolucionarias respectivamente y al frente Aló Ciudadano y Pablo Medina, de la oposición, también respectivamente y también conspicuos.

Pues bien, para volver a la cosa nostra, mas audaz que la originaria siciliana, esos crímenes de la IV, llevados al cine, Cangrejos, palidecen al lado de cuanto ocurre en estos juegos macabros, pero que en manos de Alfred Hickok podrían resolver la cuestión de saber quien es el mejor actor, si Julián Isaías o Giovanni Vásquez, si el gobierno o la oposición, cual es el bueno y cual es el malo, o si son buenos ambos o si malos ambos y si finalmente, para cerrar el guión, si Danilo Anderson estaba de parranda y el muerto fue un clon. O si realmente está muerto y su muerte da vida a quienes lo asesinaron. Un solo riesgo, que si se resuelve este grave dilema, se acaba el juego. Y es aquí donde están mis sufrimientos. La oposición no tendría a quién oponerse ni el gobierno en qué sustentarse. Y es esta la cuestión.

En efecto, así como el gobierno ni su máximo jefe, saben qué es el socialismo del siglo xxi, tampoco conocemos de la oposición nada más que sus posturas. Racionales unas, irracionales las más. La democracia social, obligada estaría como Primero Justicia, a explicar a la gente, cuál el proyecto de país que proponen. Cuales son sus fuentes teóricas. Que los aleja que los acerca de las propuestas de HRCHF. Recientemente el presidente ha retado al país a qué no sólo se opongan a su propuesta de currículo, sino que precisen propuestas alternativas y hasta sugirió la posibilidad de decidir en un referéndum consultivo cual de los dos modelos debe asumirse. Este “reto” debió ser formulado por las Universidades autónomas al presidente, desde hace mucho rato, desde todo el tiempo, a todos los presidentes, pues corresponde a ellas mas que a nadie, orientar al país, y de manera muy definida en las cuestiones esenciales de la ciencia, el arte, la educación. Así dice la Ley que regula sus vidas:
Artículo 2. Las Universidades son Instituciones al servicio de la Nación y a ellas corresponde colaborar en la orientación de la vida del país mediante su contribución doctrinaria en el esclarecimiento de los problemas nacionales.

Artículo 3. Las Universidades deben realizar una función rectora en la educación, la cultura y la ciencia. Para cumplir esta misión, sus actividades se dirigirán a crear, asimilar y difundir el saber mediante la investigación y la enseñanza; a completar la formación integral iniciada en los ciclos educacionales anteriores; y a formar los equipos profesionales y técnicos que necesita la Nación para su desarrollo y progreso.

Pero, No. Ellas están rumiando su propia muerte, que se desenvuelve en los procesos electorales para el reparto del poder. Ni uno solo de los delitos que bien acusan al gobierno se dejan de perfeccionar en sus senos, pero con un agravante inconmensurable, ello es contrario su definición, a su misión, a su moral. Las oposiciones muerden la cola y se roen el alma pues en lugar de principios, proyectos, programas y el perfil adecuado, la idoneidad necesaria para ocupar la función a la cual se aspira, se busca a quien mayor poder tiene y a las necesidades de la organización. Indicios suficientes hay para afirmar sin temor a error, que muchos líderes de Primero Justicia tiene por su enemigo a un Nuevo Tiempo, del mismo modo que en este partido, prevalece mas el ejercicio de la realpolitik que los principios. Mientras en el PSUV, el líder, el supremo líder y máximo jefe de la revolución, no solo es quien tiene la decisión final, sino que por sabia decisión impide la palabra entre sus propias filas, pues, de esa manera evita que surja el debate que podría darse en muchos niveles, problemas éticos, problemas personales, y mas aún, debate sobre los problemas del socialismo propuesto y la realidad.

¿Qué nos toca a quienes osamos intentar pensar? Casi todo, y entre este casi todo, la inmensa responsabilidad de interrogarnos y de interrogar a quienes gobiernan y a quienes aspiran gobernar. Pero más, mucho, más, obligados estamos a suplir el vacío de las universidades, en cuanto a ellas compete, tal como se definió en los artículos citados, y más, estamos obligados a hacer lo que con tino planteaba Goethe, “y cuando el hombre calla en su tortura// un dios me permitió decir lo que yo sufro”.

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