Opinión Nacional

Alternativo o mío solito

La Constitución de 1999, es decir, «la mejor Constitución del mundo»
según el señor Chávez, establece en su artículo 6 lo siguiente: «El gobierno
de la República Bolivariana de Venezuela y de las entidades políticas que la
componen es y será siempre democrático, participativo, electivo,
descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de
mandatos revocables».

¿Qué significa eso de alternativo? Pues que el ejercicio del gobierno
debe alternarse de manera sucesiva entre las distintas personas que sean
elegidas para tal fin. Para lo cual, precisamente, se limitan los mandatos a
dos. En el caso del Presidente, un sexenio con reelección inmediata, o sea
un máximo de 12 años en Miraflores.

En Venezuela, el concepto de «gobierno alternativo» viene de la más
rancia inspiración bolivariana. Fue Simón Bolívar quien dijo en el Discurso
de Angostura de 1819, hace 187 años, que «nada es tan peligroso como dejar
permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se
acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina
la usurpación y la tiranía»…

En palabras sencillas, una de las vacunas en contra del dominio despótico
sería la alternación en el gobierno que, en el caso venezolano, tiene rango
constitucional. De allí que nuestra satrapía, o despotismo habilidoso, tenga
que destruir esa barrera para lograr su más ansiado objetivo doctrinario:
mandar hasta que el cuerpo aguante.

Y lo pretender hacer con la «figura» de la reelección indefinida, cuyo
autor intelectual, por cierto, es el ex-diputado y ex-magistrado Luis
Velásquez Alvaray, prohombre de la ilustración chavista ahora caído en
desgracia, pero hasta hace nada gran gurú de la interpretación correcta del
librito azul.

Debe recordarse que a finales del 2004, el entonces asambleísta Velásquez
Alvaray presentó un proyecto de enmienda constitucional para consagrar el
mandato perpetuo, ¡y en nombre de la democracia participativa! Una pica en
Flandes que el señor Chávez ha recogido con el fulano proyecto de referendo,
eso sí, sin recordar al notorio mentor. Toda una farsa grotesca para darle
atuendo legalista a una obsesión patológica por el poder.

En ningún sistema que merezca el apellido democrático, donde esté
consagrado el modelo presidencial, existe la llamada «reelección
indefinida». En los Estados Unidos la Enmienda XXII a la Constitución,
adoptada en 1951, estableció el límite de dos cuatrienios y punto final. A
lo largo de América Latina, o no se permite la reelección o sólo por un
período adicional.

Pero al señor Chávez le entusiasma la «continuidad» tipo Fidel, Mugabe,
Gaddafi, Kim IL Sung, Assad, Dos Santos, o Lukashenko, no por nada sus
consocios del club más exclusivo, el de los sátrapas claro está. El motto de
la cofradía es obvio: nada de alternativo, el gobierno es mío solito. ¿Qué
pensarán los muchos Diosdados de la «revolución»?

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