Opinión Nacional

¿Apaciguamiento o conflicto?

¿Se puede negociar con el actual régimen? ¿Se puede llegar a un gran acuerdo de gobernabilidad política que restablezca el dialogo y la convivencia entre Gobierno y Oposición? ¿Podemos bajar el tono de la confrontación junto a las amenazas y sustituirla por el acuerdo inteligente y la reconciliación? ¿En qué sistema nos movemos: Democracia o Autoritarismo?

Leyendo una reciente entrevista en EL PAIS de Gary Kasparov, quién fuera campeón mundial de ajedrez y ahora un activo líder de la oposición rusa a Putin, dejaba correr éstas interesantes apreciaciones:“Todos los dictadores sobre la faz de la Tierra tienen lazos estrechos, sean Putin, el Gobierno chavista, Irán, Corea del Norte, Siria… Tienen contactos. Hacen negocios juntos, pero, más importante que eso, se apoyan los unos a los otros porque no quieren cambios y tienen miedo del efecto dominó. Temen que si uno cae, caigan todos los demás”.

Para Kasparov está bien claro que el “Gobierno chavista” es de naturaleza autoritaria y que se recubre con un barniz democrático para socavar toda la institucionalidad preexistente. Algunos teóricos ya hablan sobre el nuevo autoritarismo latinoamericano (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Argentina) apuntalados en la institución militar y justificados por una ideología del cambio que hace de lo popular el epicentro de todo el discurso. No es casualidad que los principales aliados de ruta de estos países sean Cuba, China, Rusia, Siria, Bielorrusia y demás impresentables de la comunidad internacional. Casi todos tienen un denominador común: han logrado hacer del personalismo y despotismo algo tan sofisticado y encubridor que los hace presentarse como incólumes demócratas. En Venezuela han bastado los procesos electorales para hacernos creer que la democracia vive, algo que no se compagina con el apartheid político impuesto junto a una polarización destructiva.

Estos regímenes autoritarios de libertades restringidas lo que han hecho es “privatizar el poder”, haciéndolo impermeable a la crítica y a la más sana alternabilidad bajo el imperio de las leyes.

La sociedad civil junto a la ciudadanía termina estando prisionera de estas voluntades despóticas que hacen del Poder una dominación y no una forma de servicio. Y no hay duda que el apaciguamiento parte de la premisa del reconocimiento del adversario, de su protagonismo junto al gobernante de turno si de verdad se cree en los fundamentos de la democracia moderna como sociedad abierta. Lo contrario es el conflicto estéril que deviene en tiranía domestica, el sufrimiento humano junto a la fatiga histórica.

Director del Centro de Estudios Históricos de la Universidad del Zulia

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