Opinión Nacional

Apagones socialistas

Enfrentarse a los apagones puede ser una de las experiencias mas agotadoras que puede sufrir una familia, cuando aquella desgracia pasa de tres horas y hay que empezar a pensar en todas las “maravillas” modernas que nos cuelgan entonces del cuello como unas piedras. Para empezar, la nevera, que es un arca de maravillas normalmente, se convierte en un sitio que empieza a oler mal, porque en algún momento, la temperatura ambiental empieza a corromper la carne o las sobras del pescado de ayer. O se hacen agua los cubitos de hielo. Y hay que buscar velas . Y ¿que comemos entonces?. No hay pilas para la linterna. Olvídense de la TV y de poder leer.

Ustedes me dirán : ¡que oligarca!. Pero ¿ que quieren ustedes? , me crié en Caracas y desde pequeña en mi casa había una Frigidaire, como en todo el barrio Ruperto Lugo, de Catia. Nosotros no éramos los únicos.

Si fuimos los primeros que tuvimos televisor en la calle, pero a los dos meses, nos ganaron los de enfrente y luego los de al lado con unos más grandes. Bueno, las novelas tampoco se pueden ver cuando se va la energía, pero lo peor, lo peor, es cuando el servicio de electricidad está unido al del agua por aquello de las bombas y el servicio de ascensores no sirve, porque a usted se le ocurrió comprar en un piso 23. Hay que buscar el agua donde sea y subirla a tracción de sangre humana. ( Suya).

Todavía recuerdo la cara desconsolada de una vecina, jovencita, con una niña de dos años, cuando recién mudada descubrió que tenía que guardar agua en un tanque o un tobo king size, porque en el edificio, a veces se iba “ el preciado líquido”. Tenía que inventar como llevar el agua que consiguiera, subiendo aquellas larguísimas escaleras. No hablemos de la gente que vive en los barrios de los cerros nuestros. Ya conocemos aquella imagen vacilante de una mujer trepando unas escaleras inmensas con un tobo en la cabeza, o la de una fila de hermanitos llenando tobos en un chorro, para ir a medio lavarse donde su mamá.

En la calle el desastre es inconmensurable, porque el apagón se une al pánico de no poder llegar nunca a casa, de no poder sacar el carro del estacionamiento, de no poder subir a la oficina, donde dejamos la cartera, de ver aquel bululú de gente en una ciudad de mas de 5 millones de habitantes, andando como perdidos por aquella inmensidad buscando transporte. Aquellos comerciantes que miran a todos lados, tratando de cerrar la santamaría, por los malandros y los saqueos. Y las pérdidas. Los cajeros que no pueden cerrar el día en los bancos, para no hablar de los periódicos que no pueden cerrar las páginas. Los negocios que no pueden vender nada, ni producir nada.

Bien, lo que nos proponen ahora es que esas etapas que ya creíamos superada por años,
en que nos dábamos el lujo de exportar energía a otros países, las volvamos a vivir.

Lo que está planteado, seamos claros, no es que unos saboteadores cortaron la luz porque tienen una culebra con el estado, o que una casualidad o la mala suerte produjo dos superapagones en menos de seis meses, sino que por gracia de la ineficiencia, la inexperiencia y la incapacidad del gobierno, se han dejado deteriorar plantas completas, elementos clave del sistema eléctrico nacional y se nos propone, para que “ no consumamos tanto” apagones racionados de cuatro horas per capita, a gusto del electrificador.

Asi pues, estaremos cual República Dominicana, donde se sufre hasta de 15 apagones diarios. Claro, porque lo que importa es repartirle dinero, energía y crudo a los demás, para que todos estemos viviendo en el mismo mísero rasero tercermundista y nuestros dirigentes puedan llenarse la boca diciendo que ellos son el gobierno de los pobres, con toda razón. Ahora Caracas no será sólo peligrosa, maloliente y sucia, sino también oscura y estaremos felices por ser todos pobres, sucitos, malolientes y víctimas de los ladrones y de los gloriosos apagones testimoniales del socialismo del siglo XXI.

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