Opinión Nacional

Basta de impunidad criminal

Probablemente y una vez mas esté respirando necesariamente por la herida, como se dice en el argot popular de nuestros paisanos, pero tomo de nuevo la palestra en este espacio para protestar enérgica y tajantemente la falta de seguridad que nos agobia a todos los venezolanos.

Ya no podemos seguir con palabrerías, ni mojigaterías, debemos y tenemos que pasar a la acción, se trata de nuestra sobre vivencia y la protección de nuestros allegados y familiares.

No es posible que la ciudadanía siga tolerando calladamente y sin acción viva, la actitud de las autoridades ni su incapacidad para reprimir, controlar o cuando menos minimizar las fuerzas de la delincuencia desbordada.

Hace unos seis años, fue cruelmente asesinado en una hacienda de nuestra propiedad vecina a Caracas, un viejo empleado, fiel y honesto, de 84 años, como un pobre animal. En esta misma columna lo reseñé y denuncie, pues presumía, como ahora también lo hago, que las autoridades competentes, nada harían para descubrir y sancionar a los culpables de tan bochornoso crimen.

Además de lo aberrante y repudiable del hecho, pues el asesinato fue por “destripamiento”, como se termina con las bestias o animales a quienes se mata para procurar alimento, jamás se supo ni quien fue, ni como ocurrieron las cosas.

Seis veces se hizo la denuncia, y los invito a que pasen por las Fiscalías de Guatire y ante el Cuerpo de Investigaciones Científicas, de la zona para que constaten que ni siquiera se encuentran los expedientes.

La lenidad, la indolencia, la flojera o la venganza contra quienes no comulgamos con este horrendo estado de cosas que vive el país definitivamente tienen que ser las causas de que estos hechos continúen produciéndose de tan aberrante y reprochable manera.

Pero allí no termina todo, el 14 agosto de este mismo año, en otra explotación agrícola en la cual mantengo interés, por los lados del Estado Anzoátegui, fue cruelmente balaceado uno de mis socios, un pacífico y honorable ciudadano, por varios facinerosos, que entrando a campo traviesa y con el único y definido ánimo de cometer sus fechorías, pues nada mas justifica trasladarse a casi 45 minutos del último centro poblado y entrar materialmente a un monte, que no sea para cometer una felonía, resolviendo disparar a mansalva y quemarropa contra la humanidad inerme de un hombre sin defensa.

Seguro estoy, que como el caso narrado precedentemente, que nada se hará ni por atrapar a los enajenados del orden social, criminales natos, ni por evitar que ello siga sucediendo.

Mi apreciado amigo, hoy en casi trance de muerte, no pertenece ni al grupo de los gobernantes, ni comulga con el rojísmo facineroso que dice nos gobierna, si bien no hay duda que es el responsable de estos atropellos que venimos padeciendo.

Ni él, ni yo, que tenemos que convivir con esta zozobra de andar por el campo y para el campo, no se nos conceden portes de armas, mientras que los bandidos andan con armas y a veces hasta con porte para llevarlas.

Estos hechos conciudadanos no pueden seguir ocurriendo en el país, sin que nada ocurra, sin que las autoridades tomen clara y definidas cartas en el asunto, no con promesas, ni con ruedas de prensa al estilo que nos tiene acostumbrado el Ministro del ramo, donde materialmente excluye del vandalismo delictivo en que venimos viviendo los venezolanos, los llamados asesinatos por cobros de factura inter-bandoleros, o los que responden a venganzas entre bandas criminales, como si los hechos donde se pierden esas vidas, no fueran viles y detestables delitos, y como si sus víctimas no fueren seres humanos, por abominables que sean sus integrantes.

En esta misma semana se ha dado noticia nuevamente de un caso inaudito, del secuestro de infantes y jóvenes que retornaban de un campamento de vacaciones; en el occidente se informa de continuo de horribles crímenes y ya en las barriadas menos pudientes de la capital se acude a mecanismos de protesta pacífica, tomando las calles, para procurar de alguna manera que se oigan sus justos reclamos en torno a esta cada vez menos soportable inseguridad que venimos viviendo y de la que no podemos pensar se tomen adecuados remedios y prevenciones.

¿Es que acaso esta sordera y tozudez oficial en torno a valores tan preciados como vida, salud, seguridad, no tiene consecuencia alguna ante una pléyade de ciudadanos que han perdido hasta la capacidad ya no de defenderse sino inclusive de protestar ante la insólita conducta de un gobierno incapaz de brindar el cumplimiento del mas ingente de sus deberes cual es el de preservar la vida y bienes de sus súbditos ¿
¿Es que no se pueden afectar recursos suficientes para cuando menos lograr paliar este horrible problema de la criminalidad imperante en nuestro medio, por hambre, desidia, política, o incapacidad dado que los incapaces que nos gobiernan deben ahorrarlos para que las autoridades los dilapiden , teniendo más que repartir y ofrecer en las campañas insólitas de apoyo a nuestros países vecinos, que con o sin derecho, cada vez que son visitados por quien dice nos gobierna, exigen compartamos con ello no nuestras miserias, sino el dinero que nos procura un recurso no renovable que desperdiciamos a borbollones en nuestra patria, mientras padecemos problemas tan graves como los comentados?
Yo invito a que formemos filas ante cualquier organismo gremial, o de dirección social y se me ocurre en este caso, ante el Colegio de Abogados del Distrito Capital, para que quienes tenemos como enseñanza y deber la defensa de la Ley y la Justicia, analicemos, intentemos y llevemos adelante, masivamente, una acción judicial en la cual no solo reclamemos la lenidad e ineptitud de este gobierno en darnos la protección que merecemos, sino que provea de alguna manera mecanismos serios de protección a la ciudadanía. Insto pues a los ciudadanos, afectados directamente o no por problemas de seguridad y con conciencia ciudadana, a que se sumen a este grupo
Voy más allá, para promover que ese mismo masivo grupo, por igual acuda a las instancias jurisdiccionales internacionales en reclamo de ese insoslayable derecho que tenemos como humanos que somos, a que se nos preserven nuestras vidas y haberes, como debe ser y ante el ominoso silencio de las autoridades y gobierno.

Juan pueblo debía preguntarse el porque a esas tan mentadas fuerzas armadas de nuestro país, no se le encomienda seriamente el orden ciudadano, en lugar de otros tristes menesteres y de una vez por todas comencemos a tomar conciencia de que la criminalidad en el país ya tiene caracteres de epidemia sin remedio. Aquí si aplaudo un nuevo lema de “ Seguridad, patria o muerte” que no el vergonzoso de socialismo, patria o muerte.

Para mayor desconsuelo, mientras esto escribo, oigo en las noticias del amanecer, lo de la presentación del proyecto de cambios en la Constitución por parte del Presidente, como si no hubieran cosas mas importantes de que ocuparnos ante esta desesperanzadora situación y también se nos informa de que no se investigará al responsable del maletinzazo, ni que habrán sanciones ni despidos por el despelote de PDVSA.

Allí tenemos de nuevo la insensatez, la impunidad y la falta de seguridad, pues los venezolanos no solo merecemos la preservación de la vida sino el establecimiento y respeto de otros valores ciudadanos, garantía de progreso y paz en un país donde no puede ni deben existir solo pobres ni tampoco únicamente ricos, donde no puede imperar un socialismo mítico y anticuado, sino un gobierno que respete y haga respetar los derechos del pueblo, donde no impere la corrupción a puertas abiertas como bandera ni la impunidad como escudo, ni el manejo ímprobo de recursos de los ciudadanos, sin que se exijan responsabilidades.

Basta de impunidad, basta de burlas con el pueblo, basta de protestas silenciosas y timoratas, debemos tener cuando menos la vergüenza de saber luchar por nuestras vidas y valores así como por la de un sin número de conciudadanos que ya tienen todo perdido.

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