Opinión Nacional

Ben Bella (1916-2012)

Si ahora, cuando me dispongo a escribir las Coordenadas del próximo martes, me decidiera a consagrarlas a Lenin, a Trotsky o a Sandino, o bien a cualquier otro de sus antecesores revolucionarios, Robespierre o Miranda, por ejemplo, se que ni el más asiduo de mis lectores si acaso quedara alguno­ consideraría impertinente o extemporáneo ese tema para la columna. O si ahora mismo, en estos días de abril en que se inicia el segundo aniversario de la revuelta árabe, se me antojara ocuparme en esta página de la suerte de Ben Ali, Mubarak o Gadafi o de la eventual suerte de al Assad o del actual rey de Arabia, no creo que esta elección a nadie se le antojara extravagante. Y tampoco desbordaría, creemos, lo que hemos ido construyendo como parámetros de nuestra columna, el que en ella habláramos, ahora o en cualquier momento, de alguna celebridad mundial que haya mostrado interés particular por esta tierra de gracia y sus asuntos. 

Pero no logro acceder en mi discreto trabajo a esta tranquilidad de conciencia al desechar ocuparme de asuntos que tanto nos conciernen a todos, como el nuevo itinerario en la hoja de ruta del presidente Chávez o la controvertida Cumbre de las Américas, que acaba de terminar en Cartagena, para ocuparme de Ben Bella, un árabe de Argelia que vivió casi un siglo y recibió funerales nacionales el pasado viernes, 11 de abril, en la capital de ese país. 

Se que el lector atribuirá mis escrúpulos sobre la pertinencia del tema escogido a lo que para él es evidente: nadie se ha ocupado, con algún detenimiento y rigor, ni en la prensa, ni en los otros medios de comunicación, de Ben Bella y de las circunstancias de su suerte, menos aún de su vida. 

Sería, entonces, en base seguramente a las razones expuestas anteriormente, una excentricidad el preocuparnos de Ben Bella cuando Ben Bella a nadie parece preocuparle.

REVOLUCIONARIO, NACIONALISTA ÁRABE Y AMIGO DE VENEZUELA

Y, sin embargo, no es así, sino más bien, como se dice, todo lo contrario. No hablamos de Ben Bella, y apenas si lo recordamos, a pesar de lo que fue Ben Bella de lo que precisamente fue Ahmed Bella. Se encuentra entre los más genuinos y consecuentes revolucionarios que se conozca en las historia. Ben Bella es, entre los árabes que en la época contemporánea han buscado una transformación y resurgimiento del mundo árabe uno de los que más tenazmente y de manera más original, trabajo en lo más distintos y hasta disparatados escenarios, para lograrlo. Y, finalmente y en relación con lo expuesto en el primer párrafo, Ben Bella ha sido el jefe de Estado de un país árabe que más presente ha tenido en sus funciones la suerte de Venezuela y las posibilidades de este país de acceder a la condición de una nación soberana e independiente, es decir, de una sociedad libre. Es lo que está inscrito en la historia y en nuestra propia historia con palabras ­las suyas y las de los otros­ y hechos: A los 17 años, en 1933, cuando Francia impuso por las armas a los argelinos la condición de colonia, donde solo los franceses eran ciudadanos, Ben Bella adhirió al primer partido argelino proindependencia, el PPA (Partido del Pueblo Argelino). Y en ese mismo año, asumió su condición de enemigo del nazismo, condición que lo llevó al ejército francés. Participó en el ejército regular francés que por muy poco tiempo combatió a los nazis y después en el Ejército Francés de Liberación formado por De Gaulle, de quien recibió personalmente la medalla militar «como premio por su trayectoria en las campañas de Francia, Italia y de Alemania». 

Después de la derrota de los alemanes, volvió a Argelia con la esperanza de que los franceses, que habían luchado contra el colonialismo al que habían sido sometidos por los alemanes, no se opondrían a la independencia de Argelia. Esperanza rápidamente desvanecida que lo llevó a tomar conciencia de que, «incluso los socialitas son una cosa cuando están en la oposición y otra cuando están en el poder» y se consagró por entero a preparar la lucha armada por la liberación. 

Participó de manera decisiva, simultánea o sucesivamente, de todas las organizaciones que condujeron a la liberación de Argelia, Movimiento por el triunfo de las libertades democráticas (MTLD); OS organización especial, supremo comando de la organización armada, fundado en 1947 con ayuda de Nasser: CRUA, Comité revolucionario de Unión y Acción, organismo que inició la guerra de liberación contra el imperialismo francés el 10 de noviembre de 1954. 

Participó de manera decisiva en las primeras conversaciones que se dieron entre el Estado Francés y los rebeldes argelinos en El Cairo, con Nasser como mediador, y cuando viajaba a Túnez y Marruecos, para comunicar a sus hermanos del Mahgreb el éxito de esas conversaciones, su avión fue desviado y secuestrado y hecho prisionero por los socialistas. Pero de ahí saldría para convertirse en el primer presidente de Argelia. 

Una vez en la presidencia quiso construir un régimen que se ocupara ante todo de la libertad. La libertad de los árabes de Argelia o de los otros países, oprimidos bien por las por las metrópolis colonialistas, bien por dictaduras autóctonas, blandas o duras. La libertad, sí. La libertad ante todo, ante la pertenencia étnica o la filiación religiosa. 

TODAS LAS LUCHA DE LIBERACIÓN LAS HIZO SUYAS, INCLUSO LAS DE VENEZUELA 
Entrevistado por Silvia Cattori, periodista suiza conocida por sus luchas por los derechos de los árabes, Ben Bella, declaraba el 16 de abril del 2006, día por día seis años atrás, coincidencialmente siempre en primavera: «Mi vida ha sido una vida de combate. Puedo decir que eso no se ha detenido un solo instante. 

Un combate que yo he iniciado a la edad de 16 años y ahora, que tengo 90, la motivación no ha cambiado: he participado en la lucha por la liberación de mi país y he participado igualmente de manera activa en todas las luchas de liberación». 

Y en esa misma entrevista, luego de afirmar de manera categórica, que la realidad mundial de opresión, falta de libertad y opresión no es sólo árabe sino mundial, se refiere a lo que fue su obra como gobernante en los escasos tres años en que pasó por el poder central de Argelia como Primer Ministro y como Presidente. «Cuando alguien (en busca de libertad) venía a pedirnos ayuda, eso era para nosotros cuestión sagrada. Yo me he asociado con todos aquellos que en cualquier parte del mundo luchaban por la libertad». 

¡Cuando alguien busca la libertad! Y agregaría, después, como encarnación de valores que orientarían sus luchas, quien busca la paz, el diálogo, y combate el autoritarismo. 

Justo cuando se le presentaba la ocasión para pedir a los pueblos árabes que asumieron estos valores en su revuelta se le presentó la muerte. Los árabes, entonces, lamentarán al héroe que no logró a triunfar plenamente, pero que tampoco se ha opacado para siempre como tantos otros revolucionarios. Arabes y no árabes.

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