Opinión Nacional

Bochinche, bochinche

Desde aquel calabozo de La Guaira, inundado de agua y de ratas, según cuentan, siguen resonando como un eco persistente las palabras de uno de los pocos hombres que, con trabajo y estudio, con persistencia y valentía, avizoró un destino deseable y posible para la tierra en que había nacido.

Traicionado por los suyos, abandonado por quienes lo habían aprendido todo de él y que luego olvidaron las lecciones transmitidas de una vida entera de viajes, revoluciones, batallas militares y diplomáticas, tuvo que ver desde la cárcel cómo se cometían todos los errores que él había querido evitar por haber visto con sus propios ojos las temibles consecuencias. El sangriento caos de “la Terreur” de Robespierre, los infames saqueos y violaciones de las tropas de Napoleón, la infatuada soberbia de los déspotas de todas las tendencias…él sabía, él lo había advertido.

Más de cien años pasaron hasta que la parte “políticamente correcta” de su memoria comenzara a divulgarse y otros cien más tarde sus ideas, más vigentes que nunca, siguen escondíendose, como si estorbaran a unos y a otros.

“En fin, a aquella parte de nuestros compatriotas (que no es pequeña) a quien la indolencia domina aún, sin embargo de sus buenos deseos por la causa pública en que nos hallamos empeñados, será menester repetir la máxima de los romanos: ‘Audaces fortuna juvat, timidos que repellit’*; y a todos los sensatos, aquella otra de Saavedra:’ Pocos negocios vence el ímpetu; algunos la fuerza; muchos el sufrimiento, y casi todos la razón y el interés’. La razón es la que mejor dispone los negocios; poco pierde quien sabe usar de ella. “

FRANCISCO DE MIRANDA. Londres, 6 de abril de 1798.

* Cicerón. “La fortuna favorece a los audaces y repele a los temerosos”

Audacia y razón: ¿Es mucho pedir? ¿Es tan difícil combinar estos dos elementos cuya síntesis podría definirse como hacernos responsables de nuestro destino y actuar en consecuencia para acabar de una vez por todas y para siempre con el “bochinche” propio de carajitos que siempre hemos justificado diciendo que aún somos un “país joven”? ¿”En vías de desarrollo”? Estamos viejos para la gracia. Y nuestros jóvenes no merecen la des-gracia de esa condena a una niñez sempiterna.

Tomemos esa vía de desarrollo ya y desarrollemos un programa de país serio y viable de verdad.

No se trata de darle nombre y apellido a un enemigo, interno o externo: se trata de ponerle día y fecha, forma y contenido, racionalidad y sentimiento a un objetivo que nos favorezca a todos: “la razón y el interés” ¿O es que no nos interesa otra cosa que darle palos a la piñata y quedarnos con la porción mayor de chucherías?

Pareciera que estuviéramos empeñados en confirmar la sentencia: «Sólo saben hacer bochinche».

Miranda puso el nombre de Leander a la embarcación con que quería traer a esta tierra la antorcha de la libertad. Lo hizo en honor a su hijo primogénito.

En honor a los nuestros. comencemos ya a construir un barco en el que todos podamos navegar hacia un futuro que se parezca más a aquel sueño y menos a la actual pesadilla.

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