Opinión Nacional

Bolívar era realista

Para cualquier venezolano, Simón Bolívar es una figura de carácter mitológico. A nuestros ojos él representa nuestra máxima gloria, nuestra independencia. De alguna manera Bolívar es Venezuela. Y sin su memoria y simbolismo, nada de lo que hoy es, sería.

Según Juan Morales Álvarez, fundador y director del Bolivarium de la Universidad Simón Bolívar, el culto popular y el poder constituido colocan a Bolívar como un Zeus, habitante del Olimpo. Bolívar es además signo de venezolanidad, fuente de nuestros valores y principios teóricos más importantes. Solo siendo venezolano se puede entender su verdadera influencia en nuestras vidas. Es difícil toparse en Venezuela con una impresión negativa sobre Bolívar, ya que todo es grandioso y sublime acerca de él. No los pintan tan perfecto que ya es una deidad.

Como parte de ese culto y enseñanzas bolivarianas (que no son nuevas) existe la idea de que Bolívar era igualitario, y buscaba la independencia con fines parecidos a los de la Revolución Francesa, es decir, igualdad total y sin condiciones. Pero cabe hacernos las siguientes preguntas: ¿Quería realmente Bolívar crear una sociedad igualitaria a través de la revolución que él impulso? ¿Estuvo él de acuerdo con la independencia tal y como acabo sucediendo?
Para responder la primera pregunta, basta con exponer de manera resumida algunas ideas políticas del mantuanismo en general (sector social al que perteneció Bolívar) y del propio Simón Bolívar en particular, durante nuestro proceso emancipador.

De acuerdo a las investigaciones hechas por el académico Aníbal Romero, los mantuanos (la elite blanca criolla) representaban no más de 658 familias, alrededor de 4,000 personas (0.4% de la población), y tenían el monopolio sobre las tierras y la riqueza del país. Sin embargo, con la invasión napoleónica a España, la política social española en sus colonias comenzó a flexibilizarse, y sectores menos privilegiados de Venezuela (como los pardos) comenzaron a amenazar el monopolio de dominancia (política, económica y social) que tenían los mantuanos. Ante esta amenaza fue que este sector, con Bolívar a la cabeza, decidió cortar los lazos con la Corona. Pero no para producir una “liberación”, sino para mantener el status quo, en el cual ellos sostenían el poder. Concluye el estudio de Romero que si bien en la teoría los mantuanos promulgaban una sociedad republicana con igualdad para todos, en la práctica consideraban esos derechos reservados únicamente para ellos. Testimonio de su conservadurismo, tenemos las instituciones que realmente se adaptaban y representaban el pensamiento político de Bolívar y de los mantuanos (y que fueron propuestas eventualmente): La Presidencia Vitalicia, El Senado Hereditario, y el Poder Moral. Las dos primeras exhiben rasgos nada democráticos, la última es una evidencia de la ingeniería social que pretendía llevar a cabo la elite mantuana. El Poder Moral me recuerda a la novela 1984 de George Orwell, en el cual el Ministerio de la Verdad es el único organismo con competencia para decidir sobre lo que es verdad y lo que no lo es, lo que es bueno y lo que es malo. De la misma manera el Poder Moral tendría la capacidad de legislar sobre lo que es moral y lo que es amoral, eso no parece ser muy libertario.

Nos explica Romero que durante la Primera Republica:

“Ya la declaración de los Derechos del Pueblo del 1 de julio de 1811 había establecido que ‘Los ciudadanos se dividirían en dos clases: unos con derecho a sufragio, otros sin él…Los que no tienen derecho a sufragio son los transeúntes, los que no tengan la propiedad que establece la Constitución; y estos gozaran de los beneficios de la ley sin tomar parte en si institución’”

Y continua con una cita del historiador John Lynch “Para los pardos…era una ilusión de igualdad. Y los esclavos continuaron siendo esclavos”. A mi modo de ver este intento republicano tuvo un parecido con la antigua Republica Ateniense, en la que los ciudadanos contaban con los plenos derechos de una sociedad verdaderamente democrática (más democrática que cualquiera quizá de hoy en día), pero los “ciudadanos” eran una elite minoritaria, y las clases menos privilegiadas no lo eran.

El liderazgo español supo explotar inicialmente el aspecto conservador de la Primera Republica, y por eso nos encontramos que esta tuvo poco apoyo popular. Esto se evidencia claramente en el hecho de que Boves, el general realista, contó con el apoyo de los llaneros para luchar en contra de los patriotas. Según Aníbal Romero el problema estuvo en que los mantuanos trataron de cambiar un sistema opresivo que contaba con legitimidad (representada por la Corona) por otro sistema opresivo que no tenía ningún tipo de legitimidad. La Primera Republica finalmente cayó.

Pero una vez que se desato el torbellino independentista ya era imposible frenarlo. De manera que a los próceres venezolanos les toco seguir en pie de guerra, y tratar de cambiar una guerra civil (entre privilegiados y no privilegiados), por una guerra nacional contra España. Evidentemente el proyecto inicialmente conservador tuvo que ser radicalmente cambiado por uno más democrático. Y es aquí donde tiene cabida nuestra segunda pregunta, la de si Bolívar en el fondo deseaba una independencia tal y como se dio. En su estudio Bolívar como Héroe Trágico, Romero recoge distintos análisis de discursos y cartas de Bolívar en donde se concluye que este estaba insatisfecho con el rumbo de las cosas, y nos dice que “En la evaluación sobre lo logros obtenidos que Bolívar llevo a cabo un mes antes de morir estableció lo siguiente: 1) la América es ingobernable para nosotros, 2) el que sirve una revolución ara en el mar, 3) la única cosa que se puede hacer en América es emigrar, 4) este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles de todos colores y razas.” En 1814 dijo acerca que las consecuencias de la guerra que habían desparecido trescientos años de cultura, de ilustración y de industria. De los análisis hechos por Romero también se desprende que la elite mantuana fue prácticamente destruida producto de la guerra de independencia, el mismo Bolívar termino en un estado de pobreza, y si lo que nos cuenta Gabriel Gracia Márquez en El General en su Laberinto es cierto, lo llamaban “longanizo” hacia el final de su vida. Obviamente, desde el punto de vista de su clase, no debe haber estado muy contento.

Simón Bolívar siempre temió la “pardocracia”, y luego de consumada la emancipación predijo caos y guerra civil, por lo que en ocasiones se inclino por un “hábil despotismo” para gobernar los países americanos de manera medianamente exitosa.

A partir de 1825 Bolívar es de la idea que la única manera en la que los países americanos podían subsistir era si una gran potencia europea los tomaba bajo su tutela y protección y llega incluso a decir que “…nuestra federación americana no puede subsistir si no la toma bajo su protección la Inglaterra…si nos ligamos a Inglaterra existiremos, si no nos ligamos perderemos infaliblemente.” (Romero)
En una cita hecha por Romero al historiador Vallenilla Lanz se concluye acerca de la independencia que “Venezuela gano en gloria lo que perdió en elementos de reorganización social, en tranquilidad futura, y en progresos moral y material afectivos”.

En definitiva, Bolívar predijo con bastante exactitud la inestabilidad suramericana que impera hasta nuestros días, y murió infeliz con el resultado de su independencia.

Bibliografía.

Aníbal Romero, Venezuela: Historia y Política 2da edición, Editorial Panapo.

Aníbal Romero, Simón Bolívar 3era edición, Editorial Panapo.

Fundación Polar, Diccionario de Historia de Venezuela 2da edición, Fundación Polar.

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