Opinión Nacional

¡Cada quien a defender lo suyo!

Chávez, en un terco intento de imponer, porque sí, su pretendida revolución bolivariana, da una nueva vuelta de tuerca, en pleno proceso electoral. Sabe que el tiempo se le va de las manos. Unos resultados adversos (como es previsible) el 23 de noviembre, le pondrían el mingo muy lejos. Prácticamente inalcanzable. Su experimento político quedaría, en la práctica, cancelado. Tendría que resignarse, indefectiblemente, a entregar la presidencia en 2012. Por eso pone el pie en el acelerador. Trata de ganar terreno. Piensa que, una vez realizadas las elecciones, la gente se acostumbrará al cerco hegemónico-autocrático. Las estatizaciones de empresas de diferentes sectores, le dan un mayor control sobre la débil y maltratada economía nacional. No es verdad que estas acciones las tome en aras de un engañoso nacionalismo, ni a favor de los sectores de menores recursos. Presenta como un dilema lo que, en realidad, es un simple artificio, a los efectos de concentrar el máximo poder posible alrededor de su figura. De allí su irritabilidad y agresividad de los últimos días.

Ahora bien, los recientes acontecimientos, denotan el tinte comunista y atrabiliario del talante del teniente coronel, devenido en jefe supremo de la Fuerza Armada, gracias a uno de los más importantes y envilecedores decretos aprobados. Así la revolución sigue su marcha por caminos inéditos, empedrados y alejados de las formas democráticas. Los ejemplos a seguir son los de Cuba y algunos otros países comunistas de la peor calaña.

De continuar las cosas como van, sin que la sociedad haga nada para revertirlas, en poco tiempo, presenciaríamos, sin temor a equivocarnos, la entronización del chantaje y el miedo. A menos que ocurra una reacción imponderable, un vasto movimiento popular para detener la instauración definitiva de la dictadura en nuestro país. El término dictadura, no solamente, puede ser interpretado como en el pasado. Brotan nuevas formas, quizás más sofisticadas y sutiles, pero iguales de perversas y dañinas, capaces de ajenar al colectivo. La resignación cede el paso a la rutina. El conformismo a la perpetuación de los gobernantes ambiciosos. Por eso las elecciones de noviembre no pueden representar un resurgimiento de lo viejo. Sino un rotundo “no” a la imposición, por mampuesto, de la reforma constitucional rechazada en el referéndum. El régimen, ensoberbecido por un triunfo en noviembre, actuaría con prepotente arbitrariedad, como si se le hubiera entregado un cheque en blanco.

Ah, igualmente, vencer en las regionales no sería suficiente, sino va acompañado de protestas contundentes. Por eso, desde ahora, es menester una concordancia entre el rechazo al paquetazo -sin dilación ni vacilaciones- y la campaña electoral propiamente dicha. Ambas estrategias son complementarias. Nunca excluyentes. Ganar sin cobrar es perder. En anteriores oportunidades los sectores opositores, se conformaron con cantar simplemente victoria. Sin embargo eso condujo a un aberrante, cómodo y aterrador inmovilismo.

Ahora la cosa va en serio. En la concepción comunista de Chávez, no cabe la propiedad privada… El emperador está desnudo, luego nadie puede llevarse a engaños. Es verdad, los partidos están debilitados. No lo pueden hacer todo. Por eso el que tenga algo que perder deber saltar a las barricadas para defender lo suyo. Sino, a llorar al valle… Nada se gana con vivir en una lamentación permanente. Y, mucho menos, pensar en que a uno nunca le va a suceder nada…

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