Opinión Nacional

Cantinflas, el simulacro y la reforma

No tuve necesidad de sumergirme en las profundas aguas de la lingüística o de la semiología para descubrir una definición que se repite idéntica en todos los diccionarios consultados: de origen etimológico latino, simulacrum, simulacro significa «dar por verdadero lo que es falso». Me adentré en esta búsqueda no por especial interés lexicográfico sino más bien con la preocupación que me produjo el calificado «simulacro del referéndum» que hizo el Consejo Nacional Electoral el domingo 28 de octubre.

Días anteriores, el ente electoral, que, efectivamente, más que como un poder autónomo actúa como el ministerio del poder popular electoral, convocaba a la ciudadanía a un simulacro, evento en el que se reproducirían las condiciones en las cuales los venezolanos serán convocados a participar el venidero 2 de diciembre en el referéndum para la reforma constitucional (sic) presentada por el teniente coronel Chávez, aliñada, sobrevenidamente, por la Asamblea Nacional.

Contrariamente a la lexicografía citada, para el CNE un simulacro es reproducir unas condiciones parecidas, lo más apegadas posibles a lo que será el hecho real, a fin de «afinar las maquinarias» y minimizar las dificultades. Para relatar lo ocurrido el pasado domingo, el diccionario puede sernos nuevamente útil si nos detenemos en el vocablo «parodia», imitación burlesca de una cosa seria.

En los pocos centros a los que acudieron simulados votantes, todos vestiditos de rojo rojito, muchos de ellos funcionarios públicos según la vestimenta que los identificaba, coreaban consignas políticas a favor del teniente coronel o a favor de la opción del Sí, todo esto ante la mirada complaciente y cómplice de los funcionarios y de los rectores del CNE. Y, con seguridad, lo más grave, militares uniformados «hasta en la sopa» cuando es público y notorio que la Fuerza Armada Nacional se ha convertido en el brazo armado de una parcialidad política identificada con la consigna de patria, socialismo o muerte.

¿Qué simulacro o, mejor, parodia montó el CNE cuando no se sabía siquiera si habría una sola pregunta o serían varias organizadas en bloques? Los propios rectores, frente a las críticas motivadas por semejante desfachatez y descaro, se defendían diciendo que no estábamos ante un acto propiamente electoral sino ante un simulacro (sic). Dejé de lado el diccionario y puse un video con memorables actuaciones de Mario Moreno, Cantinflas, y disfruté el episodio en el cual el genial mexicano sostiene, con relación a la influencia de la prensa, que «no es lo mismo el cuarto poder, que no poder salir del cuarto». Luego, volví a las declaraciones de los rectores y el asunto, pues, me quedó más claro.

Ante la eventual convocatoria del referéndum el próximo 2 de diciembre, es útil volver a la definición del diccionario por cuanto me temo que seremos convocados, ahora sí, a un «simulacro» de consulta popular, es decir, se nos convocará a participar en un acto en el que «lo falso se presenta como verdadero».

La propuesta de modificación de la Constitución aprobada por la Asamblea Nacional constituye un cambio de los principios fundamentales de la Carta Magna aprobada en 1999, la cual establece en su artículo 342 que la «reforma constitucional tiene por objeto una revisión parcial de la Constitución y la sustitución de una o varias de sus normas que no modifiquen la estructura y principios fundamentales del texto constitucional».

El artículo 6 de los principios fundamentales de la Constitución vigente consagra que el «Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y de las entidades políticas que la componen es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables». La nueva Constitución, que es presentada por el teniente coronel como «socialista y roja», no puede ser considerada como pluralista. La «nueva geometría del poder» y el papel de la Fuerza Armada constituyen también una «transformación del Estado» que no puede operar sino a través de una Asamblea Nacional Constituyente.

Cambios de esta magnitud y trascendencia que modifican los principios fundamentales, y en particular los artículos 5 y 6 del texto constitucional vigente, no puede ejecutarlos un poder constituido usurpando el poder constituyente del pueblo.

Al avalar el Consejo Nacional Electoral este nuevo y funesto simulacro que violentará la paz de la República, sus rectores se habrán ganado un protagonismo circunstancial que, de seguro, la historia les cobrará.

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