Opinión Nacional

Capriles y lo que no me cuadra

Hay algo que no me cuadra y no se trata de los resultados electorales, los cuales para este servidor no representaron ninguna sorpresa, lamentablemente…

Lo que no me cuadra, y me van a perdonar, es algo que tiene que ver con nuestro ex candidato presidencial Henrique Capriles.

A decir verdad hay muchas cosas que en él no me cuadraban ya desde los tiempos de las primarias, pero lo acepté como candidato, tal como hubiera aceptado a cualquier otro, le acepté también su campaña aunque no coincidiera para nada con su oferta de consagración del populismo rentista (lo acepté como algo inevitable, dadas las limitaciones de nuestra dirigencia opositora) y hasta reconocí el supremo esfuerzo personal, realmente notable, en una contienda plagada de todo tipo de dificultades y limitaciones.

Pero ahora y en vista de lo acontecido, nuevas y poderosas dudas surgen y sustituyen a las anteriores, y estas si es verdad que se me hace difícil reservármelas, pues con su comportamiento post-electoral inmediato, nuestro ex candidato sobrepasó el límite de lo que estoy dispuesto a soslayar.

No se trata de ese cinismo malamente encubierto en la frase “el tiempo de dios es perfecto”, que al fin y al cabo es el cinismo disfrazado de santurronería de muchos en este país, ansiando el desenlace mortal, a la vuelta de la esquina, del presidente… aunque se supone que un líder debería dar ejemplo a sus seguidores de virtud insospechable, más aún en el ámbito de la fe.

Lo que francamente no me cuadra de nuestro ex candidato, no son sus frasecitas machaconas, sino la forma como administra su “severidad”,  por ejemplo, la forma como fue riguroso y sumario al expulsar a Juan Carlos Caldera de su proyecto, sin contemplación alguna ante la menor sospecha de un desempeño moral objetable, para luego y ante lo enormemente sospechoso que fue el proceso comicial del 7-O, algo tan decisivo para determinar su triunfo, desechar todo ese “rigor ante la irregularidad” y despacharnos con certeza neta y categórica, una frase como: “…lo digo clarito: aquí no hubo fraude…”

 

Fue realmente llamativo ver como toda su “exigente severidad” que hacía presagiar enterezas futuras, se diluyó precisamente ante el organismo del cual dependía ni más ni menos, su destino final como candidato, y la que se suponía que fuese la ambición de su vida: la de ser el nuevo presidente de todos los venezolanos…

 

¡Que diferencia tan paradójica en la flexibilidad! para alguien que supuestamente se jugó salud, pellejo, tranquilidad, y puso en agitación fervorosamente esperanzada a medio país! aunque en el fondo, no se podía esperar algo distinto a esa misma extraña lenidad, por parte del supuesto líder de una oposición igual de paradójica, que se ha contraído a considerar la vía electoral, como la única forma de lucha política pero cuidándose mucho de no mostrar un empeño acorde y coherente con esa “especialización”, un empeño para asegurarse que al menos esa vía, esa única, exclusiva, indiscutible vía, sea transitable en condiciones que no sean escandalosamente inaceptables y con alguna verosímil posibilidad de éxito.

Capriles ante Juan Carlos Caldera, su compañero de partido, de lucha, no mostró la menor vacilación en la ejecución ¡bien! pero en cambio ante el CNE, y sobre todo ante el estado, ese estado secuestrado por el verdadero jefe de Ruperti, el candidato decide voltear para otro lado, y lo hace hacia donde están sus seguidores -que acaban de ser colosalmente estafados- para exigir que hay que dejar la llorantina y levantarse “rápido”, para trabajar en otra jornada de entrega cívica, supervisada y controlada, por el mismo verdugo que acaba de decapitar las esperanzas…

Y apelando a una pobrísima imagen deportiva, se nos dio la clásica sobadita para chequear nuestro amaestramiento, con eso de que hay que volver al estadio, aunque haya perdido la vinotinto… lástima que no ahondara más y no dijera que en ese estadio siempre hay una portería más grande que la otra, el árbitro está vendido, y el marcador anota goles donde no hubo, permitiendo que el sempiterno ganador -ese si invicto- se luzca y se pavonee como si fuera un tronco de deportista, uno que no le rehúye al juego de tu a tu, en un torneo notoriamente reconocido y avalado por todos los equipos de la liga.

Esto es lo que no me cuadra, que Caldera sea reprobado ipso facto ¡y el CNE nunca! y esto no lo veo como un detalle, pues con ese detalle para mi termina todo, mejor dicho, eso lo determina todo…

Pues esas verdades indiscutibles que Capriles nos impone, de ahora en adelante lo determinarán a él también, tanto en lo que podrá seguir imponiendo como dirigente, como el ámbito en donde aún podrá desempeñarse, el cual si logra conservarlo, seguirá siendo el estado Miranda, el patio al cual podría retroceder sin dificultad, gracias también a que el mismísimo Caldera ya no estará.

Esta es la política, y los políticos, que nos gastamos, y para usar esa extraordinaria frase de moda: ¡esto es lo que hay!

Por cierto a Capriles también le dio por declarar (y remachar), y eso si lo hizo desahogándose en tono triunfal, que él había derrotado a “la vieja política…”, declaró haberla derrotado él y no Chávez… pues si esto es “la nueva política”, me quedo con la antigua, y sobre todo me quedo con aquella que, no sé si vieja o viejísima, por un buen tiempo de aquella nunca bien ponderada cuarta república, nos propuso Políticos con Políticas, y Partidos donde se hacía trabajo (Político) levantando líderes naturales en las comunidades, así era la Política, en mayúscula, antes de decaer imperdonablemente, e infatuarse con candidatos mediáticamente abrillantados, en partidos devenidos en agencias de mercadeo para proyectos personalistas.

 

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