Opinión Nacional

Carta a la honorabilísima fiscal

Ciudadana Fiscal, con todo el respeto que me inspira su alta investidura como guardiana de la Constitución y leyes de este ex país y ex república, me dirijo a usted para manifestarle mi más profundo agradecimiento por haber logrado  con su declaración,  hacernos ver cómo se produce en realidad   la muerte de Franklin Brito.  
 
A usted hay que reconocerle que tiene en su entorno denunciantes de la talla ética del compatriota Carlos Aldana. Un hombre con una obra por  la defensa de los DDHH, que nadie explica cómo permanece en la lista de los ilustres desconocidos.
 
Un auténtico revolucionario, bien lejos del Carlos Aldana cubano, que tuvo actitudes disidentes y el camarada Fidel tuvo que mandarlo a defenestrar como máximo dirigente de la juventud comunista.
 
Por ello le agradecemos haberse encompinchado con Aldana y producir esa brillante tesis según la cual Franklin fue inducido al suicidio por su familia.
 
Tampoco entendíamos la medida de secuestro que usted le aplicó para  resguardarle su derecho a la vida, dado que por la vía de la huelga de hambre estababa asegurada su muerte.
 
Y fue enfática y terminante: Franklin Brito debe vivir y por ello he pasado por encima de su voluntad al no querer aceptar el secuestro que le  impuse.
 
De modo que usted se presentó como la gran salvadora, haciendo gala del más grande de los humanismos.  Como Fiscal  actuó apegada a la filosofía de esta revolución en la que  cuenta fundamentalmente la vida de la ciudadanía, siempre y cuando  cumpla con los lineamientos  establecidos por el nuevo orden.
 
Por ello secuestró indefinidamente a Franklin Brito. Y lo hizo con la ayuda de una institución altamente calificada en el campo de la atención a la salud como lo es el Hospital Militar. Allí contaban con un equipo dispuesto a todo sacrificio en pro de su recuperación física y mental.
 
Porque usted,  actuando como  psiquiatra (que nada le cuesta) ha dicho: este señor lo que estaba era loco porque a nadie se le puede ocurrir lanzarse en una pelea solitaria, sin apoyo político, contra un poder revolucionario como el nuestro, capaz de lo que sea.
 
Y si creyó en los ofrecimientos o promesas que pudieron haberle hecho desestabilizadores y guarimberos de oficio junto con factores del imperio, más a mi favor que este señor no estaba cuerdo.
 
Porque para mí, este hombre, en mí opinión,  sólo buscaba fines inconfesables o llamar la atención para alimentar un inexplicable egocentrismo.
 
Y debo decir que sólo una revolución, como dice mi comandante, pacífica pero armada hasta mas no poder, puede ser tan generosa y humanitaria.
 
Sus palabras, Ciudadana Fiscal,  son  conmovedoras y clarificadoras.  Usted ubicó el asunto en su exacto y debido lugar: FB nunca estuvo dispuesto a morir por el simple hecho de que le hubiesen quitado una parte de sus propiedades, sino que sus familiares, específicamente su esposa Elena y su hija lo indujeron día a día a la muerte con fines que ahora usted con unos cuantos fiscales está investigando a paso de vencedores.
 
Hasta aquí todo iba bien. Sólo que ahora, inexplicablemente, el Fiscal designado para la investigación  decidió que la denuncia de Aldana, tomada y difundida con valor y gallardía por usted, no reviste carácter penal y debe ser desestimada.
 
Y  entonces Ciudadana FGR ¿quién  indujo a Franklin al suicidio?  Porque si no fue la familia  ¿quién lo “indujo”? ¿Quién lo lleva a la muerte con el pretexto de salvarle la vida?
 
Seguramente usted no puede culpar a los médicos que actuaron bajo su dirección  ni exponer las razones por las cuales  no se le mantuvo  en terapia intensiva por tiempo indefinido.
 
 ¿Hubo una orden expresa de dejarlo morir que equivale o simplemente es un asesinato? ¿Qué se perseguía? ¿Demostrar que ustedes pueden liquidar a quienes quieran, cuando y como quieran en la seguridad que nada pasará?
 
Me supongo, Doctora, como estará de preocupada a esta hora en que tiene que  explicarle al mundo cómo  y por qué  fracasó su plan de “secuestro humanitario’’ y su tesis de la inducción al suicidio.
 
¿Qué hará usted ahora cuando  los familiares acudan a pedir justicia en los organismos internacionales de DDHH?
 
En verdad, ciudadana ex Fiscal de esta ex República que el cinismo nunca alcanzó cima tan gigante. Reciba usted nuestros sentimientos de horror y la manifestación de luchar contra el imperio de la injusticia que usted tan dignamente materializa y encabeza.  Atentamente,

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