Opinión Nacional

Chantaje a los candidatos

Varios sectores de oposición han presentado candidatos presidenciales. Son venezolanos con distintas prioridades y propuestas en lo que se reconoce como sus discursos básicos. No son iguales en su formación política, como tampoco en las posiciones que han tomado en el debate público en los últimos años.

Entre ellos han mantenido criterios enfrentados. William Ojeda fue activo constituyentista chavista y llamó a votar a favor de la Constitución de 1999. Borges, por lo contrario, se opuso a ese proyecto político y favoreció el voto por el NO en el referendo respectivo. Debemos deducir que estos dos dirigentes atienden a diferentes parámetros ideológicos y que sus acciones, de llegar al poder, estarían inspiradas por grupos de presión e intereses contrapuestos.

Petkoff ha mantenido un cuestionamiento permanente a las condiciones electorales en las que se han celebrado las últimas consultas y, aún lanzado, advierte que si no son las que él considera ideales, no participará. Roberto Smith no ve tal asunto como un pre-requisito y ha puesto empeño en hacer propuestas que entusiasmen al elector y lo comprometan con el voto, al que siente huidizo por la campaña de los abstencionistas. Smith participaría a todo evento. Petkoff ha planteado participar condicionalmente, todo dependerá de lo que ocurra en el CNE y con las reglas del juego. Son dos mensajes, dos tipos de relación con los votantes y dos concepciones del momento político.

Las críticas al chavismo proceden de las más diversas latitudes. Hay grupos de derecha, unos conservadores y otros reaccionarios, tratando de conformar una candidatura dócil a sus tesis. También hay sectores progresistas, en el terreno político, como en el mundo intelectual y empresarial, tratando de acordarse en una nominación que les interprete mejor y que no se reduzca al opaco antichavismo. Es posible que siendo aún temprano en la campaña electoral, pudiendo ocurrir retiros de algunos de los anteriormente mencionados, al igual que observarse vacíos de representación popular, aparezcan otras opciones en el complejo mapa político de la oposición.

Con todo y esas diferencias, unos cuantos “vivos”, empeñados en controlarlo todo, siguen distrayéndolos con el “tenteallá” de la candidatura única. Claro, lo plantean como un servicio al país. Eso no se producirá. A menos que los candidatos resuelvan mimetizarse en planteamientos con los que están en desacuerdo.

Por hacerle caso a esos factores, muchos fueron eco de la antipolítica en la tesis según la cual los políticos eran todos unos sinvergüenzas, convirtiéndose así en la plataforma temática y comunicacional de Chávez. Después, de la mano de tiradores de paradas, embarcaron a medio mundo con el paro petrolero, las guarimbas, la Plaza Altamira y los rumores de alzamientos militares. Su última obra maestra fue hacer creer que abstenerse era propio de ciudadanos dignos y honestos. Votar, en cambio, era de cómplices del chavismo y de corruptos pagados por el gobierno para actuar en un circo electoral.

Los candidatos no pueden tener el mismo juego que el sensacionalismo y los enredadores de oficio. Deben decirnos qué harían con la economía, con el servicio público y con las relaciones del Estado con los ciudadanos. Los electores escogeremos y la economía del voto se encargará del resto. Son los ciudadanos quienes emitirán sus preferencias. No pierdan más tiempo con cogollos y agitadores responsables de tantos fracasos opositores, frustraciones colectivas y sabotajes al país.

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