Opinión Nacional

Chávez: eres un majunche

La misma autoridad que tienes para llamar majunche a un ciudadano venezolano -que deberías respetar- me permite llamarte con ese término tan despectivo. Respete, para que lo respeten.

La hinchazón de tus ojos es sólo comparable al tamaño de las mentiras oficiales. Asumo que la curación pasa por un proceso de maceración previa. Cada semana te veo peor que la anterior. No dejes de aparecer, para que la notable diferencia que se va acumulando en tu rostro, no nos sorprenda.

De que vale que nos muestres unos silos en Monagas, con una docena de parlanchines, ataviados con relucientes cascos rojos, hablando de la revolución productiva socialista, si eso es lo mismísimo que hiciste con la fábrica de tractores iraníes, la de computadores en Paraguaná, la de Petrocasas, las de los vehículos Centauro, que tú mismo manejaste. De que vale todo ese show que ya conocemos no conduce a nada. ¿Donde están las bicicletas con las que inundarías el país y las siembras hidropónicas que acompañarían a las granjas verticales?

Todavía recuerdo la cantata de los privados de libertad, los nuevos presos, en La Asamblea Nacional, cuando el Ministro de interiores habló de las maravillas que estaba haciendo con la seguridad y las cárceles de Venezuela. No puedo sacar de mi cabeza, la figura tuya metida en una bata blanca cayéndonos a muela sobre las bondades de la revolución de la salud que llevabas adelante. Cada vez que salgo a zanquear las medicinas que necesito, recuerdo con precisión tu revolución y tus Farmatrias.

Has acumulado más de una docena de años de mentiras que ahora –irresponsablemente- quieres esconder con una regaladera de dinero que compromete el futuro del país. Soberanía entregada a los chinos, representada en deudas megamillonarias. Cuando calculas la deuda del país, omites a sabiendas la de Pdvsa, que es tanto o mayor que la de la nación. Montañas de dinero en deuda interna y en bonos pagaderos en dólares que tendrán que enfrentar nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.

Lo único cierto en esta triste historia es que debajo de cada piedra hay un voto escondido para Capriles. Lo único que retumba en tu interior es la inclemente duda de no poder determinar cuántas caras disfrazadas de rojo, se quitarán el yugo de la revolución de mentiras ese mismito día de octubre, para que amanezcas con la sorpresa de saber que las mentiras no fabrican votos.

Si aceptas un último consejo, te sugiero le bajes dos a la obsesión que te hace nombrar a  nuestro candidato a cada instante. Hasta feo te queda.

 

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