Opinión Nacional

CI…Luis

Daisy tenía ocho meses y medio de embarazo. A las diez y media de la mañana del domingo de Carnaval su esposo y su cuñado salieron a comprar comida. En la puerta del edificio fueron agredidos por un grupo de supuestos damnificados que les quitaron las llaves del edificio donde Daisy y su esposo trabajan como conserjes. El grupo, que ella describe como de 140 personas, se metió en su apartamento y estuvo allí las siguientes ocho horas, hasta que fue desalojado por la Guardia Nacional. Sin mención de detenidos ni enjuiciados. Daisy y su familia seguramente se cuentan entre los numerosos venezolanos que no creen en las fabulosas estadísticas de reducción de la delincuencia difundidas por el Gobierno. Probablemente también estén entre quienes dudan del índice negativo de inflación de febrero. Y del cada vez menor índice de desempleo que divulga el INE. Y del descenso de la pobreza que reporta el mismo organismo.

Cuando recibió la ya tradicional enjabonada pública por parte del Presidente, el ahora ex Ministro de Comunicación e Información Yuri Pimentel llevaba bastante rato demostrando su incapacidad para ejercer el cargo. Su actitud de policía, juez y voluntario a verdugo dejaba claro que había logrado encontrar algo que sí podía hacer, aunque no correspondiera a los deberes de su puesto. Anunciaba juicios y sanciones, recordaba responsabilidades penales, sugería nuevas multas para los medios que no corearan la realidad oficial. Recientemente le recordó a El Nacional que si no denunciaba los delitos de los que tuviera información se convertía en cómplice y acreedor a sanciones. Fue como nombrar la soga en la casa de quienes se enteraron del saqueo del central azucarero y lo callaron durante año y medio por razones de conveniencia electoral (el Ministro Albarrán, el Presidente Chávez, el Gobernador Chávez y el General Baduel, entre otros).

En descargo de Pimentel hay que reconocer que aun para alguien capacitado para el cargo hubiera sido una labor imposible. Convencer a la gente de, por ejemplo, las ventajas del colapso del viaducto y de la proeza de ingeniería que significaba construir 2,4 kilómetros de carretera en cuatro meses es tarea de hipnotizador, no de simple mentiroso. Encubrir la incompetencia de todo el gobierno ya era una hazaña sobrehumana pero el Presidente le exigía además que hiciera a la gente creer que el suyo es un buen gobierno, con grandes obras en su haber. Como la estrella adicional en la Bandera y el cambio de dirección del caballo en el Escudo. Y la “vía de contingencia”, por supuesto.

Como era predecible, Pimentel fracasó rotundamente. En Venezuela la realidad se muestra inmune a los decretos presidenciales y ministeriales. Es terca, desobediente y contrarrevolucionaria. Por si eso fuera poco, el ahora ex Ministro carecía de la suficiente aptitud y experiencia en el descaro.

El nuevo titular del MINCI, el Honorable Diputado del Parlamento Willian Lara, está mejor preparado para el cargo. Tiene mucho tiempo haciendo de vocero del MVR, defendiendo lo indefendible, formulando declaraciones fantasiosas, acusando a cualquiera de cualquier cosa terrible y variando de acusación cada día sin jamás haber concretado ninguna de las anteriores. No obstante, me parece obvio que su estrategia no se puede restringir a mentir descaradamente. Además, ahora que el Presidente dio permiso para entreabrir los ojos respecto a la corrupción, tendrá que regular las lenguas revolucionarias de quienes investigan para pasar facturas personales o de los ingenuos que se han creído la propaganda de honestidad, justicia y cambio. Con ellos tendrá que hacer “control de daños”, es decir, crear la ilusión de que son “casitos aislados”. Por lo pronto, ya se reunió con los Honorables Diputados del Parlamento que se están encargando de los casos de corrupción que han escogido para servir de válvula de presión. Supongo que les habrá advertido que algunas cosas se podrán decir, otras no. Algunos podrán resultar investigados, otros no. Las responsabilidades llegarán hasta un punto, no más arriba.

Como tercera estrategia evidente, el gobierno ya comenzó a incrementar las declaraciones rimbombantes, los juicios abusivos y las posiciones conflictivas para desviar la atención de su incapacidad administrativa y para embasurar los medios de comunicación hasta hacerlos inoperantes.

Es posible que el nuevo Ministro tenga más éxito que sus predecesores. Probablemente logre controlar lo que comenten los investigadores a través del bozal y seguramente conseguirá mucho espacio con largas declaraciones en su redicha monotonía. Sin embargo, la credibilidad de lo que diga no será mayor que la de esa especie de clon bonsai suyo que exhibe orgulloso el Ministro de Educación, la niñita de ocho años que ya lleva tres discurseando en bien pronunciadas palabras más allá de su comprensión. Al igual que ella, Lara hablará sin que a nadie le importe lo que diga. Al igual que ella, no tendrá quien lo proteja ni quien lo ponga a hablar una vez que haya superado su utilidad.

¿Cuánto tiempo pasará antes de su hoguera pública?

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