Opinión Nacional

Círculos millardarios

Menos mal que el presidente Chávez se le ocurrió lo de los «círculos bolivarianos» después de a Constituyente de 1999, porque si no estos comités de base del MBR-200 de seguro que tendrían rango «constitucional». A lo mejor hasta serían el «sexto poder» en el precario andamiaje seudo-republicano que produjo la Constitución chavista.

Aunque al parecer los fulanos círculos representan en la realidad de los hechos más la bulla que la cabuya –a despecho de los 700 mil «encirculados» que proclama el vicepresidente Cabello–, lo que si no es majadería es la decisión de utilizar todos los recursos públicos habidos y por haber para fabricarlos en el más ortodoxo estilo del clientelismo fascistoide.

Disponer 144 mil millones de bolívares del presupuesto del FIDES, es decir, de la descentralización, para financiar el montaje de esta franquicia dizque revolucionaria, no sólo constituye el delito de malversación más conspicuo desde que entró en vigencia la Ley de Salvaguarda, sino que evidencia, una vez más, el olímpico desprecio del régimen hacia las redes de organización popular que cumplen una labor social sin activismo partidista.

Así por ejemplo existen más de 800 asociaciones comunitarias sobre las que descansa el Programa de Multihogares y Hogares de Cuidado Diario. Con el apoyo del Estado, en 1998 atendían a 350 mil niños en todo el país. Tres años después, la cobertura ha descendido a menos de 200 mil. Una disminución superior al 40%. Es allí, desde luego, a donde deberían destinarse los dineros de la inversión social.

En el año 2001, tercero de la supuesta «revolución educativa», se suspendió el Programa de Dotación de Utiles y Uniformes Escolares que beneficiaba a tres millones trescientos mil estudiantes de preescolar y escuela básica. Repotenciarlo es una exigencia de varios miles de comunidades educativas que no están pensando en lealtades políticas sino en el funcionamiento mínimo de la educación pública.

El conjunto de los 14 Programas Sociales del Estado nacional –de ejecución descentralizada a través de gobernaciones, alcaldías y redes populares– ha sido reducido en un 50% a sólo siete programas de gestión «re-centralizada» vía, básicamente, del FUS y Plan Bolívar. Su restablecimiento, modernización y desarrollo serían objetivos magníficos del gasto social.

Pero no. El presidente Chávez piensa otra cosa. Su peculiar concepto de «gobernanza revolucionaria» exige que la acción social del Estado tenga un contenido de proselitismo político. De esa manera, lo que haya de «círculos bolivarianos» se disfraza de asociaciones comunitarias para convertirse, por tanto, en clientes automáticos de la tesorería fiscal. En desmedro, lamentablemente, de las verdaderas y crecientes necesidades de los más pobres.

Prefiero un millón de veces que la plata que le van a dar al círculo bolivariano de Lina Ron y su lugarteniente Donatello, se le entreguen a cualquier escuela de Fe y Alegría o a los Multihogares de cualquier municipio. Allí cada bolívar vale y rinde.

Los «círculos bolivarianos» son una bofetada a la crisis social. Al igual que el lujoso Airbus y el derroche saudita del «entourage» presidencial. El orden de prioridad en la supuesta quinta-república se encuentra tan obliterado como su vitalidad y destino.

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