Opinión Nacional

Con el rancho ardiendo

“Dictadura: Sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio.” Enrique Jardiel Poncela (1901-1952), escritor y dramaturgo español, caracterizado por un humor intelectual y sarcástico.

El gobierno nacional tiene lo que popularmente se llama “el rancho ardiendo”.

En menos de una semana ha puesto presos a siete ciudadanos en Margarita, por protestar contra la presencia cubana en Venezuela; los estudiantes de la Católica tomaron la autopista Francisco Fajardo pidiendo la renuncia del Ministro Rodríguez Torres ( muy calladito en estos días) por el fracaso del Plan Patria Segura; los estudiantes del Táchira llevan días protestando por la inseguridad y las carencias de dotaciones en la Universidad de Los Andes; otra protesta en San Cristóbal se tornó violenta contra la residencia del gobernador; la protesta se extendió a Mérida y hay saldo de estudiantes detenidos y heridos; en otras ciudades del país estudiantes y ciudadanía salen diariamente a protestar la insufrible vida que tienen en Venezuela; los estudiantes de la UCV le han puesto un ultimátum al gobierno, mientras los de la Metropolitana y Santa María toman a diario las vías de acceso para protestar por la inseguridad en sus aulas.

A esto hay que agregar otras protestas que se riegan como pólvora por todo el país: la de los periodistas por la carencia de papel periódico que sacado de circulación a 10 periódicos y obligado a una veintena más a reducir el número de sus páginas; la de los empleados de Ipostel; la de los sindicalistas de PDVSA (con saldo de detenidos); la de los trabajadores del PAE, que ha dejado a cuatro millones de estudiantes sin desayuno y almuerzo escolar. Así que todo el mundo está protestando y no sólo lo hacen en concentraciones sino en las colas infinitas de mercados, farmacias, ferreterías, panaderías.

El ayayay de los venezolanos es colectivo, no reconoce status ni color político, pero el gobierno enfrenta esto no con soluciones o explicaciones sino con amenazas. Tweet de @NicolásMaduro: “Los responsables serán uno a uno capturados y castigados severamente con la ley”. Y lo último, dicho en un show televisivo estilo Pinky y Cerebro: “Inhabilitaré por una Ley Habilitante a todos los golpistas”. Ojalá, tal vez así pudiéramos desalojar del gobierno a tanto corrupto e incapaz.

La conducta ciega de quien se cree ahora el dueño de los ingresos del país (“No daré un dólar más a la burguesía”) y de sus asesores -que por cierto, ninguno es economista- está ahorcando la economía nacional y causando severos problemas de desabastecimiento, reconocidos hasta por el multicamburista Rafael Ramírez, cuando dice que “escasean 40 productos”. Se quedó cortísimo, en el país escasean ya todos los insumos de cualquier actividad comercial o profesional. Están desesperando a los ciudadanos y todavía creen que con la represión podrán apagar este volcán de indignación y protesta que se está encendiendo.

Voy a contarles lo que pasó en Zimbabwe, el país donde manda desde hace 34 años el dictador Robert Mugabe, otro pana del finado que tiene colgada en su despacho la réplica de la espada de nuestro Libertador Simón Bolívar.

Zimbabwe alcanzó su independencia en 1980 y gana las elecciones la Unión Nacional Africana, el ZANU, con Mugabe al frente. Dos años después instaura un estado socialista, con un partido único (el suyo) y expulsa del congreso a los diputados de raza blanca. En 1990 Mugabe es reelegido. En 1991 promueve una reforma agraria que incluye expropiaciones masivas y violentas de tierras cuyos propietarios son blancos. Estas fincas son repartidas a placer y la deficiente administración acaba con la producción en esas propiedades. ¿Les suena esta historia?

Ante las protestas por las continuas violaciones de derechos humanos y persecución a la oposición, Mugabe legaliza los partidos políticos. Pero pese a la creciente oposición a la dictadura, Mugabe gana sucesivamente en procesos electorales denunciados como fraudulentos.

Pero lo que ha deteriorado más el régimen de Zimbabwe es la crítica situación económica producto de las torpes decisiones de control de cambios, control de precios y expropiaciones. Mugabe atribuyó la pelazón a la presión occidental por su cada vez más intensa relación comercial con China. “Estados Unidos quiere las riquezas de Zimbabwe”, concluyó el dictador. ¿Les sigue sonando el cuento?

Las elecciones de 2002, de 2008 y de 2013, se celebraron bajo la sombra de denuncias nacionales e internacionales de manipulación de votos, intimidación y fraude. Tanto la Unión Europea como Estados Unidos han decretado sanciones contra el gobierno de Mugabe por violación de derechos humanos. Sin embargo, es la economía lo que lo está haciéndolo tambalear. La falta de divisas, corrupción, escasez de alimentos y artículos llevó a Zimbabwe a registrar la más alta tasa de hiperinflación del mundo: 100.580,2% en 2008.

La población, muerta de hambre y necesidad, comenzó a migrar hacia los países vecinos de Botswana, Sudáfrica y Zambia. La decadencia de la economía de un país rico en minerales ha sido atribuida a la mala gestión y la corrupción del gobierno. ¿Les resulta familiar esta historia?

La hiperinflación fue tal que en julio de 2008 el Banco Central de Zimbabwe puso en circulación un billete de 1.000 millones de dólares zimbabuenses para agilizar el uso de dinero en metálico. Este nuevo billete tenía aproximadamente el valor de ¡un dólar estadounidense!. Por lo tanto, apenas servía para comprar una barra de pan o cuatro naranjas. No les quedó más remedio que hacer del dólar estadounidense su moneda oficial, logrando una sustancial mejora en los índices inflacionarios. A pesar de eso, en 2013 el ministro de Finanzas de Zimbabwe, Tendai Biti reconoció que el país solo tenía 217 dólares en las reservas del banco central. La caída de Mugabe, por hambre del pueblo, por corrupción y violaciones a los derechos humanos, está cantada.

Pero este ejemplo enseña que no hay que dar tiempo de consolidación a los malos regímenes y el mejor ejemplo válido para salir de un régimen violador que tiene a su servicio todos los poderes públicos, es el de la llamada “primavera árabe”. Miles y miles de personas sin moverse de la calle exigiendo la renuncia de los dictadores de Túnez, de Egipto, de Yemen. Y ahora de Ucrania. Les ha dado resultado, la protesta es una presión a la vista de todo el planeta, las violaciones a los derechos humanos, las agresiones de las fuerzas públicas contra manifestantes pacíficos son registradas en celulares y enviadas a todo el mundo por Twitter, Skype, WhatsApp. Pruebas irrefutables de la voluntad de un soberano cansado de tanta humillación, harto de injusticias y corrupción, ansioso de vivir en paz y con prosperidad.

Si el gobierno enfrenta a este pueblo que le exige el cumplimiento de su deber hacia todos los venezolanos y actúa represivamente, estará reafirmando su tiranía y firmando su salida. Si los ciudadanos no salen a la calle para luchar por sus derechos, deberán resignarse entonces a vivir con hambre y necesidades, humillados y ofendidos por un grupo de bárbaros, sin hijos porque todos ellos abandonarán esta asolada patria para buscar mejores destinos. Si no quieren vivir así, manifiéstense. Llegó la hora de la primavera criolla.

Aquí entre nos

* Uno de los más graves conflictos que enfrenta el Alcalde de Valencia Miguel Cocchiola, es el de los buhoneros que invaden todas las calles del centro de Valencia. Por una parte, se conduele de las mil familias que viven del comercio informal en un país con serios problemas de empleo; por la otra están los comerciantes formales, que pagan todos servicios e impuestos y ven sus derechos pisoteados por la presencia de estos buhoneros en el frente de sus negocios. También está el interés de los transeúntes que deben caminar por la calle ya que las aceras están copadas por los tarantines. Y no menos importante es el problema de salubridad pública en esta anarquía. Eso sin mencionar la inseguridad, la trata de blancas y el tráfico de drogas que se ha apoderado del casco histórico de Valencia desde hace años. No la tiene fácil el Alcalde.

* En una carta abierta, los comerciantes formales y los vecinos del centro de la capital carabobeña manifiestan su molestia y desencanto por la decisión del Alcalde Cocchiola de asignar a los buhoneros seis calles para que instalen unos 600 puestos. Aunque el Alcalde dice que es sólo por un año mientras los reubican en sitio adecuado, los afectados dicen que tienen una carga muy pesada para cumplir los mandatos gubernamentales, los impuestos municipales y los gastos propios de un negocio como son nómina, pago de proveedores, servicios y mantenimiento. El municipio recibe una buena tajada de sus impuestos que ellos no ven reinvertido en orden, aseo y ornato en el centro de la ciudad.

* Los transeúntes también se alegraron por unos días del retiro de los informales, por fin podían transitar libremente por las aceras, estacionar los vehículos y gozar de limpieza en las calles. Tanto ellos como los comerciantes manifiestan en la carta su profunda indignación por un acuerdo de la Alcaldía con los informales que dicen se tomó a espaldas de los contribuyentes y de las ordenanzas municipales. El alegato de que los comerciantes informales también tienen derecho al trabajo lo rebaten con una norma jurídica: “El derecho de unos termina donde comienza el derecho de los otros”. Cocchiola necesitará un auxilio salomónico para resolver cuanto antes este espinoso asunto que podría afectar las finanzas si los contribuyentes suspenden por vía judicial sus impuestos municipales.

* El diputado Walter Márquez ha asegurado que para finales de febrero ofrecerá un informe acerca de la investigación que varios especialistas han llevado a cabo durante meses en Registros y archivos de Colombia, para seguir el rastro al presunto nacimiento y vida de Nicolás Maduro en el vecino país. Márquez no ha aflojado prenda pero dice que el resultado es sorprendente. Veremos.

Hasta el próximo miércoles

Twitter:@charitorojas

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