Opinión Nacional

Corriendo la arruga en materia de vialidad

No es la primera vez que nos referimos desde distintos ángulos al tema de la vialidad por su importancia determinante en la vida de los ciudadanos. Es la variable urbana esencial para conectar nuevos desarrollos inmobiliarios en las ciudades en crecimiento y planificada adecuadamente contribuye a humanizar la convivencia de las familias. La red vial complementada con una infraestructura de transporte de calidad está estrechamente relacionada con el desarrollo económico, y por ende al ataque contra la pobreza. Todo el tiempo perdido en el tráfico vehicular es tiempo que se resta a la producción, a la atención de empresas, a la educación, y en general al cumplimiento de las responsabilidades propias de la vida cotidiana.

Tampoco es la primera vez que reconocemos la administración de las Alcaldías de los municipios Chacao, Baruta, y El Hatillo en la prestación de servicios a los contribuyentes, en el acercamiento con las comunidades, y en la innovación de políticas y programas para mejorar la calidad de vida de sus residentes y fuerzas productivas, que las distingue de otros gobiernos locales.

En el municipio Baruta –donde somos vecinos- registramos los esfuerzos orientados hacía la integración, la accesibilidad, los servicios públicos, la productividad, el espacio público, y la sostenibilidad urbana. En cuanto a las medidas para racionalizar el uso de la vialidad existente y dar fluidez al tráfico vehicular hemos apoyado el plan “Pico y Placa”, que ha logrado disminuir en un 20% el volumen automotor desde el sureste hasta la autopista Francisco Fajardo, y viceversa, según la Dirección de Transporte y Vialidad de esa Alcaldía. Si ciudades de la importancia de México D.C., Bogotá, Manila, Curitiba, Santiago de Chile, entre otras, han asumido en forma permanente la restricción vehicular es porque representa una salida al caos, y como tal debería aplicarse en los cinco municipios de nuestra ciudad capital.

La experiencia del VAO, o canal en contra flujo, también ha contribuido a dar fluidez a la autopista Prados del Este. Pero lo que si ha resultado una medida inadecuada es la decisión de las autoridades de cerrar accesos de arterias viales principales con la finalidad de agilizar el tráfico en la autopista, sin prever las consecuencias. Se están cerrando los accesos a la autopista desde Santa Fe, y Santa Rosa de Lima que terminan congestionando no solamente a esas urbanizaciones, sino también a Las Mercedes, Chuao, Bello Monte y a otras zonas aledañas.

Se produce una falsa realidad de estar solucionando el problema en la autopista, que no es más que correr la arruga, porque esta medida esta reproduciendo el caos en nuevos frentes de presión, precipitando accidentes de tránsito, congestionamiento, demoras en el transporte público, y pare usted de contar. Según los usuarios, también el plan Pico y Placa tiende a colapsar otras vías, sobre todo en la redoma Prados del Este, y en la intervecinal Cumbres de Curumo-Santa Mónica.

La autopista Prados del Este no puede continuar atrapada en un círculo vicioso. No bastan los maquillajes que parecen ser por el momento los únicos paliativos. Las soluciones definitivas requieren cuantiosas inversiones y el esfuerzo conjunto de gobierno nacional, alcaldías y sector privado, y mientras persistan manías discriminatorias en la administración del Estado poco o nada se hará en beneficio de la sociedad. La autopista no es un segmento de la metrópoli que deba ser abordada aisladamente porque forma parte del engranaje imperfecto de la red vial de la ciudad.

Esta vía principal para conectar el sureste con el resto de la capital fue construida por etapas entre 1966 y 1973 y cubre un recorrido de 6 kilómetros. Las necesidades respondían a urbanizaciones semirurales muy distintas a las reales del siglo XXI. Hoy transitan por allí más de 55 mil vehículos diarios, prácticamente la mitad del flujo que tiene la autopista Francisco Fajardo. Razón tiene el distinguido ingeniero, experto vial, artífice de la Cota Mil, el distribuidor Ciempiés y la avenida Libertador, Alfredo Calzadilla, cuando afirmó que “el notable incremento de la población fue excusa perfecta para pensar que la espalda de la requetepisoteada autopista de Prados del Este quedaría en carne viva, después de tanto carro por encima”.

Demasiado ha resistido en más de tres décadas de duro trajinar. Ojala el servicio prestado comprendiera sólo a los residentes de Baruta. Pero no; la autopista recibe la descarga vehicular de los restantes municipios. Lo peor es que no hay señales de soluciones a corto plazo. Por el contrario el deterioro de la vialidad metropolitana tiende a agravarse. La expansión urbana del sureste hará peso, tanto en la autopista Prados del Este, como en el resto de las vías de la ciudad. La Alcaldía de El Hatillo busca resolver en el Plan de Desarrollo Urbano Local para contar con otras salidas hacia Valle-Coche y Petare con el propósito disminuir la carga vehicular en sus principales accesos y desarrollar corredores viales alternativos.

Baruta tiene proyectos aprobados muy costosos y sin asignación de recursos, entre ellos la vía Coracrevi-Vizcaya, que resolvería interconexiones importantes con La Guairita, y la intersección que va a El Hatillo. La construcción de un eje perimetral que atraviese la ciudad, y la Circunvalación Sur son sentidas aspiraciones ciudadanas. Proyectos para enfrentar el caos sobran y de la más alta calidad de la ingeniería venezolana, pero la mayoría están engavetados. Lo que ocurre es que entre tanta abundancia de dinero ha faltado voluntad para invertir en vialidad; masificar el transporte colectivo con el confort que el ciudadano merece, y en darle un frenazo definitivo a la desidia, considerando que se trata de un servicio de primer orden para el desarrollo económico y social.

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