Opinión Nacional

Curso de historia comparada

Las más recientes generaciones no advierten con facilidad el nivel de deterioro que el país ha alcanzado, pues es lo que han conocido por siempre y escasean los elementos personales para la comparación: siete años lucen como muy largos, aunque los menos jóvenes no reparemos en el detalle. Necesaria observación, anteriormente el período constitucional era de cinco años, atinada cifra que redujo una vez López Contreras y aceptó como válida la Constituyente de Pérez Jiménez.

Al aproximarse la «celebración» del 4-2, momento inaugural del imaginario chavista, lo más adecuado es recordar y sentenciar en torno al 2-F, fecha en la que ascendió Hugo Chávez al poder, corriendo 1999. Una, es el domicilio de un fallido golpe de Estado; y la otra, una ascensión que deberá interpelarnos por muchas décadas.

Un curso de historia comparada ha de trazar la línea entre el antes y el después del 2-F, surgidos algunos renglones de la muy marcada y nítida frontera. Quizá el PIB, los índices de empleo o de libertad económica, ayuden a acumular los indicios tornados en la plena prueba de un monumental fracaso. No obstante, sugeriría tres pistas para la ejercitación de la muchachada que pronto recordará la Batalla de La Victoria.

Al registrar la prensa de los días 2 y 3 de febrero de 1999, encontrarán que el dólar estaba a Bs. 576 (por cierto, libre) y el barril de petróleo a $ 12,38. Haciendo caso de la oferta de una reconocida cadena de supermercados, cuyos precios reflejaban mejor la realidad que el artificio contraproducente de MERCAL, hallaremos que el aceite estaba a Bs. 890 el litro; la harina, Bs. 315; la mortadela, Bs. 1800; las mandarinas, Bs. 245; las zanahorias, Bs. 245; las papas, Bs. 285; los pimentones, Bs. 845; el repollo, Bs. 160; la lechuga, Bs. 745; las cebollas, Bs. 795. Bastará el venidero 2, anotar a un lado los precios reales de hoy (sin el interesado y provechoso maquillaje de la corporación estatal), para descubrir las diferencias astronómicas (en cifras nominales y relativas), de un período y del otro (redundantemente el actual, el que padecemos).

Otra ejercitación puede darse en el terreno de la burocracia, contando no sólo los ministros que ha tenido Hugo Chávez en siete años, sino los que han pasado por cada ministerio individualmente considerado; o en el del tiempo, porque será suficiente contar las horas que ha invertido en los mensajes oficiales al parlamento (quitando las enfermizas cadenas), para cotejarlas con las capitalizadas por cada mandatario después de 1958.

No será nada divertido, pero sí una exigencia para los jóvenes que se adentran, camino a la adultez, en la Venezuela poblada de una historia que solemos repetir. No será inútil el esfuerzo, lo aseguro.

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