Opinión Nacional

De Pericles a Chávez

La palabra demagogo suena hoy como un petardo en las orejas de los políticos, pero en el pasado se escuchaba distinto. Para seguir la pista del vocablo a través del tiempo y para entender lo que significa en la actualidad como vehículo para la dominación de los pueblos, un grupo de historiadores franceses realizará un coloquio en Blois, el próximo 20 de octubre.

Bajo la coordinación de un especialista en temas políticos, Laurent Theis, se reunirá un equipo de investigadores con el objeto de analizar la trayectoria de las figuras más célebres de una extensa nómina arropada por la expresión, partiendo de la antigüedad hasta llegar a nuestros días.

El evento tiene un título que debe llamar la atención de los venezolanos: «Los demagogos, de Pericles a Chávez». En una sociedad como la francesa, que ha conocido tendenciosas apologías del comandante a través de Le Monde Diplomatique, pero también de ciertos órganos de difusión pagados con generosidad por la diplomacia «bolivariana», sobran las reservas para evitar explicaciones superficiales de la política internacional. De allí la trascendencia que puede tener un coloquio de naturaleza académica que no vacila en incluir a nuestro mandatario en la pandilla universal que será objeto de análisis.

El historiador Maurice Sartre, profesor de la Universidad de Tours quien participa en la promoción del evento, redactó un texto de abrebocas en el cual asoma los elementos desde los cuales partirá el análisis de sus colegas. Se detiene allí en el origen del vocablo (del griego demagogos, «el que conduce al pueblo»), para explicar cómo lo que fue una referencia constructiva se consideró en breve como una injuria. Desde el siglo V antes de Cristo se comenzó a utilizar con ambivalencia en los textos de Jenofonte, para referir la existencia de oradores de plaza, de parloteadores del ágora que se hacían populares entre sus dependientes y podían aumentar con rapidez las clientelas. Sin embargo, las obras de Tucídides y Aristófanes dejan de tratarlos con miramientos. Este último escribe en Los caballeros como sigue: «Conducir al pueblo ya no es un trabajo de hombres bien educados y de costumbres honorables. Ahora se requiere que sean ignaros y crapulosos». En el siglo IV aumenta la descalificación a través de los escritos de Aristóteles, uno de cuyos discípulos llega a afirmar en La Constitución de Atenas que los sucesores de Pericles, sin excepción ni interrupción, fueron modelos de demagogia por su audacia en mentir y en mirar sólo los problemas inmediatos, sin entendimiento de las urgencias posteriores.

Pero, ¿por qué una palabra que al principio refería a sujetos dignos de encomio los mira después en sentido peyorativo? El profesor Sartre atribuye el fenómeno al cambio radical que se produce en el medio de origen de los políticos después de la muerte de Pericles. A partir de entonces, los hombres que forman «facciones populares» no pertenecen ya a las familias antiguas de Atenas, razón de la cual se desprenden sus carencias de educación y su falta de escrúpulos. Otra vez según Aristófanes, individuos como Cleofón y Calícrates, fabricantes de lámparas y habituales de los mercados públicos, «sólo saben gritar en las tribunas, manejan el insulto y hablan de todo sin concierto». El ascenso de estos personajes desconocidos hasta la fecha también se origina en calamidades como la peste sucedida entre 430 y 428 antes de Cristo, que produce una destrucción material y espiritual de las ciudades griegas, y en un suceso crucial como la Guerra del Peloponeso contra Esparta. Son hechos capaces de generar un vacío de liderazgo que llena el desenfreno de los aventureros. Pero la «degeneración del término» también puede encontrar explicación en el desprecio que autores fundamentales de la época -Platón, Isócrates, Aristóteles y Aristófanes- sienten por el pueblo llano y no se atreven a mostrar. Prefieren hablar mal de sus dirigentes, agrega el profesor Sartre, para que la versión negativa de la palabra demagogo se establezca definitivamente en la cultura occidental.

Se requiere mayor erudición en el manejo de la Historia Antigua para conocer el tema a cabalidad. De allí que ahora sólo convenga recordar que un grupo de historiadores franceses -Oliver Dabène, Jean Garrigues, Jean Kahn y Maurice Sartre- con Laurent Theis como moderador, ha incluido a Chávez en el repertorio universal de la demagogia y lo estudiarán como tal dentro de poco en su coloquio de Blois. Empezarán el análisis en Pericles y lo terminarán con el comandante. Para ellos la inclusión del presidente venezolano será un asunto académico y aséptico, suponemos, pero entre nosotros es una carga para cuyo cálculo no hace falta trasladarse a la clásica Atenas. Nos basta con escucharlo mientras encontramos, más temprano que tarde, una manera lícita y efectiva de expulsarlo del ágora.

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