Opinión Nacional

Defender nuestras regiones

En medio del tenso clima que vive esta atormentada República de Venezuela, o mejor dicho, lo que aún queda de ella, la semana pasada se celebró en San Cristóbal una extraordinaria jornada de reflexión sobre el presente y futuro de los Estados Táchira y Zulia, teniendo como invitados especiales representantes de conocidos institutos de educación superior del Departamento Norte de Santander y de Santander, es decir, de Cúcuta y Bucaramanga. El evento se realizó en la sede de la Universidad Nacional Experimental del Táchira, bajo la conducción del Rector José Vicente Sánchez Frank, calificado anfitrión.

Las verdaderas fuerzas motrices de Zulia y Tàchira, particularmente universidades y gremios profesionales, estudiantiles y los sectores agropecuarios evaluaron la enorme responsabilidad que les corresponde como expresiones superiores de unas comunidades regionales amenazadas por factores conocidos como el narcotráfico, el terrorismo, la guerrilla ahora integrada de las FARC y el ELN, el paramilitarismo colombiano y venezolano del FBL, estructuras que tienen en el régimen de Hugo Chávez el mejor de los aliados. Es el socio político y financiero por excelencia para lo cual existe un tinglado bien montado. La idea es terminar de destruir la institucionalidad democrática de ambas naciones, liquidar de una vez y para siempre todo cuanto se oponga a los criminales propósitos que alientan y despejar el camino hacia la expansión continental del liderazgo castro-chavista. La lucha se profundiza. Los reveses que están sufriendo en países claves del continente y el avance de los sectores democráticos donde el neocomunismo ha logrado influir o controlar los gobiernos, los obliga a radicalizar la lucha de exterminio que adelantan.

Zulianos y tachirenses, víctimas de todos los males de una Venezuela sin luz, sin agua, sin gas y sometida a la más espantosa inseguridad de las personas y de los bienes. Pero sufren, como ninguna otra región, las consecuencias del anticolombianismo nada bolivariano de Chávez. Industria, comercio, actividades productivas en general están en el suelo. Desempleo, delincuencia organizada o no y desesperanza existen en un ambiente compartido con las regiones del otro lado de la frontera. Juntos estudian los problemas, diseñan soluciones y cierran filas, en nuestro caso alrededor de los dos gobernadores democráticos que el régimen pretende destruir. César Pérez Vivas y Pablo Pérez Álvarez, Táchira y Zulia respectivamente, cuentan con la solidaridad activa de los pueblos que los eligieron.

Las regiones de pie y las nuevas generaciones encabezadas por el esperanzador movimiento estudiantil que en Caracas y toda Venezuela da la cara por la libertad, anuncian un 2010 duro y difícil, pero definitivo para la causa. Chávez sabe y teme. Solo podrá mantenerse sobre la base de la represión y la violencia. Debería renunciar antes de que los ríos crezcan de nuevo y limpien las miserias de un tiempo nefasto.

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