Opinión Nacional

Del clientelismo partidista a la identificación imaginaria populista

La cultura política ciertamente ha sido uno de los temas y fenómenos que por años estuvo relegado no sólo por la ciencia política, sino incluso por otras disciplinas. Partiendo de esta premisa Luis Madueño nos presenta una propuesta de análisis Sociología política de la cultura. Una introducción (1999) dicho trabajo ha sido editado por el Centro de Investigaciones de Política Comparada – Postgrado de Ciencia Política – Universidad de Los Andes y se estructura a grandes rasgos dentro de la moderna politología y sociología política, señalando de antemano que su edición coincide con un renacer de los estudios y fenómenos culturales como principales marcos de explicación de un sinnúmero de fenómenos y cambios observados, no sólo Europa y Estado Unidos, sino particularmente en América Latina.

En este sentido, y de acuerdo con el autor diremos que “en este trabajo nos interesamos por el análisis de una cultura política emergente, que obliga a la sociología política a revisar sus categorías conceptuales con el fin de aprehender de mejor manera los procesos políticos con una nueva percepción”(p.15) No sin antes recordar que la red estructural – conceptual que organiza el concepto de cultura política, esta inmersa en la historia sociológica del pensamiento y fundamentos sociológicos para explicar el origen y conflictos que se generan al interior de las sociedades.

La dimensión cultural y la cultura política nos permite describir y explicar los cambios que observamos en las prácticas de acción política, en el desarrollo de nuevos clivajes Estado – Mercado, siendo el propósito inicial de Luis Madueño en esta innovadora propuesta, el vincular a una sociología de la cultura política dentro de las diferentes propuestas o áreas disciplinarias, que ciertamente dialogan con la ciencia política, de donde se desprenden perspectivas y orientaciones, todas ellas con sus propias dinámicas teóricas internas, que se contradicen y complementan.

Dentro de las ventajas que posee este trabajo es presentarse como una propuesta que poseyendo unas determinadas herramientas intenta dar cuenta e interpretar la diversidad de prácticas, símbolos y orientaciones que definen hoy a la política. Metodológicamente hablando, Sociología Política de La Cultura se inscribe y desenvuelve dentro de una orientación comprensiva y reflexiva de los aspectos culturales, perspectiva esta que en estos últimos años ha sido impulsada por los aportes y discusiones de Scott Lash, Anthony Giddens y Ulrich Beck. De manera que “se asume y revisa la lógica de la teoría de la cultura política como una estructura o red conceptual, cuyo significado está enmarcado dentro de unos procesos de decantación histórica, a través de la estructura dimensional de que dispone el concepto”(p.18).

Las obra en cuestión esta integrada por seis (6) capítulos o partes: En el capitulo I se intenta establecer una discusión , por lo demás necesaria y pertinente del significado de la cultura política, con el fin de comprender las diversas acepciones producidas principalmente por la ciencia política, la antropología y naturalmente la sociología política. Estamos de acuerdo con el autor cuando señala que el estudio de la cultura política se presenta como una cuestión reciente y antigua a la vez, antigua porque desde Aristóteles en adelante (se le concede gran importancia a la cuestión del espíritu y los valores, es decir a la consciencia colectiva) pasando por Alexis de Toqueville – Durkheim y Weber, todos asumen la importancia que tiene las prácticas, símbolos y demás. Decimos que reciente dado que en la década de los noventa los estudios de cultura política aparte de revalorizarse, se convierten en un elemento imprescindible para describir y analizar los cambios en la política (p.23)

Seguidamente, capitulo II se recogen los alcances y contenidos de las principales perspectivas teórico – metodológicas que abordan las relaciones que se establecen entre la cultura y las acciones individuales, recogiendo así los aportes más representativos de la filosofía, antropología y sociología política de las diversas corrientes y perspectivas clásicas – neoclásicas y postclasica (normativismo – conductismo – neoisntitucionalismo – etc) aportadas principalmente por Wihelm Dilthey , Paul Ricouer, Talcott Parsons, Clifford Geertz, Robert Bellah – James March y Johan Olsen

En el capitulo III el autor se propone discurrir alrededor del concepto de cultura política, particularmente desde los diversos elementos que viven y se desarrollan en el seno de esta, partiendo de que el fenómeno cultural como estructura, involucra ciertas dimensiones:
La primera dimensión la constituye el Volumen (número de individuos o grupos que comparten una cierta cantidad de valores, creencias, símbolos en torno al sistema político – grado – rigidez y composición).

La segunda dimensión importante dentro de la cultura política, la encarna el Grado (esta referido a la intensidad y manera en que los valores, creencias, mitos, sentimientos y normas, están incorporados en las representaciones y conciencia colectiva y que se manifiestan en la tolerancia o intolerancia política).

La tercera dimensión la Rigidez (nos indica el nivel de definición e incorporación de los valores, símbolos, tradiciones, etc).

La cuarta dimensión la constituye la Composición (esta referida principalmente al conjunto de culturas y subculturas que conforman los diversos grupos, estratos y sectores que integran la comunidad, como colectivo y agregación de partes)

Entre tanto, en el capitulo IV, el autor procede a replantear y revalorizar a la cultura política dentro de la moderna sociología política, valiéndose para ello de los aportes de los teóricos de la modernidad reflexiva (Lash – Beck y Giddens) a la teoría social y a la propia sociología política. En este sentido, se proponen nuevas bases de explicación de la acción política. No olvidemos que si algo define el presente, es la presencia y desarrollo de un sinnúmero de acontecimientos que se están generando día a día, acontecimientos y procesos que no pueden ser pensados y abordados con las herramientas y enfoques tradicionales, por lo cual tanto la sociología política como la moderna ciencia política, se han visto exigidas de producir nuevas explicaciones y rehacer así todo su arsenal teórico, adaptándolo a las nuevas realidades, exigencias y desigualdades que imponen la globalización, la tecnología, la informática, el ciberespacio, la escasez, la ecología, cuestiones estas que sacuden y nos impactan como individuos y como sociedad.

En el capitulo V, Luis Madueño retoma una vieja pero muy pertinente discusión sobre la política y lo político , tarea llevada a cabo dentro de los parámetros impuestos por la perspectiva de la modernidad reflexiva (autoconfrontación) que persigue dar cuenta y explicar el nuevo status que hoy en día adquiere la política. Desde la política organizada (tradicional) a la subpolítica. Si algo no podemos en ningún momento desconocer, es el hecho de que “la centralidad de la política organizada alrededor de las instituciones y, el monopolio cultural ha venido disminuyendo ciertamente. Por consiguiente, el análisis politológico y sociológico actual y el de otras ciencias sociales, debe demostrarnos la incertidumbre y la perplejidad de los individuos y de los actores políticos tradicionales, que no se dan cuenta de los procesos de innovación y traslado de la agencia transformadora a otros sectores de la sociedad” (p. 107)

De forma tal, observamos como nunca antes que “la eclosión de la política en la sociedad se dirige así hacia un nuevo sistema de relaciones, en la medida en que cambia y se vincula a nuevos elementos … dentro de los factores que inciden en un nuevo status de la política encontramos: La crisis de las instituciones tradicionales; la radicalización de la modernidad que ha generado desintegración social; la destradicionalización de la sociedad; el auge del mercado; la incertidumbre del desarraigo (P. 113 – 114).

En el VI y último capitulo Luis Madueño dedica su reflexión alrededor del caso y experiencia venezolana, particularmente lo referido a la construcción de la participación política en la cultura política del venezolano. En palabras del autor” el objetivo no es otro que de intentar plantear algunos vectores explicativos que nos den cuenta de la construcción y cambio de la matriz de la cultura política del venezolano en los últimos años”(p.118).

Si algo destaca a lo largo de nuestra tradición democrática es que logramos desde la instauración de la democracia la conformación de una cultura democrática y participativa donde los partidos y la clase política conformaron el principal factor de interrelación entre la sociedad y el Estado y por supuesto de estabilidad. De manera que cuando nuestras principales agencias y guardianes se vienen a menos y entran en una fase de descomposición y crisis, paralelamente comenzamos a registrar ciertos cambios no sólo en nuestra cultura y participación política, sino en nuestros actores políticos y sistema político como tal.

Si algo deja claro la experiencia venezolana que no es la excepción en la región latinoamericana, es que todo cambio cultural en el tejido político, va precedido de una crisis y disfuncional institucional, y acompañado “por una suerte de frustración de las expectativas y desencanto con la política por parte de los ciudadanos que se traduce igualmente en un rechazo a los principales instituciones” (p. 128 – 129)

De acuerdo con el planteamiento expuesto por el autor tendríamos que “no podemos dejarnos seducir por una teoría de la cultura, que se preocupe más por su alcance científico, olvidando su densidad diagnostica teórica para conocer la multiplicidad de cambios que se vienen dando en los últimos años” (p. 136). Si alguna idea central encontramos en esta obra es que la cultura encarna “la memoria del pasado que se recrea en el presente mediante la tradición, el ritualismo y los hábitos. La cultura no es simplemente el recurso de la tradición, la costumbre, pautas de comportamiento que se estandarizan, aquella constituye todo un proceso social activo, que se transforma y recrea en su propio presente de innovación y adaptación a los ambientes sociales y políticos” (p. 139).

Finalmente, diremos que uno de los grandes aportes del dicha obra es el retomar uno de los temas y cuestiones que por años estuvo relegada en el debate y discusión, además de contribuir con sus propuestas a explicaciones que persiguen dar cuenta de los cambios que registramos desde hace un tiempo en la política, transformaciones que tienen ciertamente una relación estrecha con la cultura política. Siendo así, sociología política de la cultura se ubica como una empresa revolucionaria y crítica que rompe con la tradición al ubicarse dentro de una sociología política más reflexiva.

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