Opinión Nacional

Democracia y autonomía o Totalitarismo y sumisión

Los derechos del hombre son indisolublemente una adquisición histórica y la expresión del triunfo de la civilización sobre la barbarie, del orden sobre el caos, de la democracia sobre el totalitarismo, van más allá de la sociedad, de la idolología o de un gobierno de turno, los mismos conforman y definen intrínsecamente la condición humana, sin punto de partida y punto de llegada.

Sólo en un clima de plena garantía y goce de libertades es posible que el hombre en cuanto tal se realice, sin más limitaciones que las que impone el propio derecho. La historia de humanidad y la victoria del ciudadano sobre la arbitrariedad, están definidas por un constante y progresivo reconocimiento de los derechos, libertades y prerrogativas, aunado a la instauración de la democracia como ideal de vida y tipo de régimen político.

Consideramos que los derechos y las libertades son valiosos en tanto contribuyen a la paz, a la igualdad, al aseguramiento de la democracia y, sobre todo, a la protección de los más débiles. De tal manera que cualquier actitud, ordenamiento, o poder que socave o menoscabe el conjunto de principios, derechos y garantías que han hecho transcender al hombre, y que marcan la superación de la arbitrariedad y el Estado de naturaleza, representa un retroceso en todos los órdenes, y por supuesto, el desconocimiento tácito a la dignidad humana sobre la que se ha edificado el derecho, la democracia y la ciudadanía.

El Estado y la Constitución deben mantener su condición garantista, y no podemos perder de vista que a diferencia del Estado de naturaleza y la voracidad del mismo, en la actualidad las sociedades se edifican no sobre la ley del más fuerte sino del más débil.

La historia del constitucionalismo, del Estado y la humanidad es la historia de esta progresiva ampliación de la esfera pública de los derechos. Una historia que no es teórica, sino social y política, porque los derechos que hoy tenemos no cayeron del cielo sino que fueron conquistados y son producto de rupturas institucionales como la Revolución Americana, la Revolución Francesa, sus respectivas declaraciones y demás luchas impulsadas por la sociedad a escala global.

La propuesta de reforma constitucional aparte de no estar consustanciada o ser una exigencia colectiva, contradice, desconoce e irrespeta la evolución, el triunfo y la propia progresividad de los derechos más elementales, como la libertad económica, la autonomía, la alternancia, el derecho de propiedad, la autodeterminación, el pluralismo, la propiedad intelectual, la diversidad y la soberanía popular. Derechos y valores consagrados progresivamente en nuestras Constituciones, y recogidos de forma tácita en la Constitución Bolivariana de Venezuela de 1999 a la que los venezolanos imploramos y defendemos, frente a su desconocimiento y la actitud irregular de quienes pretenden abrogarse el uso arbitrario del poder, en detrimento de nuestros sagrados derechos constitucionales.

Este gobierno no fue electo para retroceder, conculcar o afectar directa o indirectamente nuestros derechos y prerrogativas, nuestras libertades. El país nacional y los venezolanos debemos asumir nuestra responsabilidad en la actual coyuntura en la que se intenta alterar el rumbo de nuestra consciencia histórica. Cómo demócratas creemos que la propuesta de reforma es un salto al vacío además de constituir en sí misma un retroceso a nuestra tradición y esencia. Es hora de despertar y de decidir si optamos por la democracia y la autonomía o por el totalitarismo y la sumisión. Veremos…
(*) Profesor de la Universidad de Los Andes

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