Opinión Nacional

Dentro de la Constitución

«Dentro de la Constitución todo, fuera de la Constitución nada». Esta frase la escuchamos en reiteradas oportunidades de boca del teniente coronel (por ahora y mientras no se ascienda), especialmente en momentos en que estaba en juego su «pellejo» o en el mejor de los casos su permanencia en el poder. Sirvió de argumentación para acusar a los contrarios de violar la Constitución de 1999, dado que algunas actuaciones como las de abril de 2002, se salieron del cauce constitucional, no sabemos si forzadas por los acontecimientos generados por el vacío de poder, o bien porque efectivamente había la intención de saltarse abruptamente las normas constitucionales. Las palabras del jefe la escuchamos igualmente y hasta el cansancio en boca de sus más fieles vasallos, aquellos que ante la ausencia del jefe, también huyeron despavoridos, buscando refugio en embajadas, iglesias y otros lugares propios para el asilo.

Hoy, cuando un racimo de 26 leyes atropellan el ordenamiento constitucional del país, todos los vasallos salen a defender las actuaciones del jefe y cuando alguien insiste mucho y se les acaban los argumentos de dicha defensa, lo mandan de inmediato a que pida su nulidad (la de las leyes) ante el tribunal supremo de justicia (en minúscula), como si hubiera garantías suficientes de que las decisiones serán en defensa de la justicia y no en defensa de la revolución. Estos y otros elementos, dan cuenta de la situación de desamparo en que nos encontramos los ciudadanos en Venezuela, especialmente cuando debemos acudir en defensa de nuestros derechos y cuando queremos exigir respeto por el orden jurídico que debe cumplirse para el beneficio de todos.

La situación del orden constitucional y de los derechos ciudadanos que se avecina en bastante grave. Elementos del socialismo rechazados en el referendo de diciembre de 2007 pretenden imponerse ahora, haciendo uso y a la vez abusando de unas atribuciones que, a través del mecanismo de la Ley Habilitante, fueron dadas para legislar y no para imponer un sistema político negado por el pueblo en una consulta democrática. Pareciera, como algunos han dicho ya, que se
pretende darle validez legal a lo que el pueblo rechazó en el referendo, pasándolo por debajo de la mesa para impedir que la gente se dé cuenta de lo verdaderamente significa y dejarlo sentado para que cuando en las elecciones regionales de noviembre próximo, el gobierno pierda una buena cantidad de gobernaciones y alcaldías, todos deban someterse al régimen socialista, centralizador y enemigo de la autonomía de los estados y municipios, lo que permite consolidar los aspectos centrales del denominado «proyecto revolucionario», sin importar el impacto negativo que puedan tener los resultados de las elecciones regionales.

Por ello es fundamental la reacción que debe generarse como consecuencia de este «paquetazo» y que todos participemos, no solo con nuestro voto, sino también en todas aquellas manifestaciones que permitan poner en evidencia el descontento popular. Es necesario que la gente conozca los efectos negativos del «paquetazo», tal como se hizo con la pretendida reforma de la Constitución. Como habría dicho en algún momento el Papa Juan Pablo II, «a nadie le es lícito permanecer ocioso».

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