Opinión Nacional

Echemos del poder a la corruptocracia

La medida cautelar decretada contra PDVSA, por la cual quedan congelados sus activos hasta por doce mil millones de dólares, sólo tiene una explicación: el tribunal considera que la empresa nacional va camino a la quiebra, poniendo en peligro la ejecución de una eventual sentencia condenatoria. Por esta decisión judicial los venezolanos nos estamos enterando de que nos encontramos al borde de la bancarrota. No lo dice la oposición, la cual está entretenida pensando en alcaldías y gobernaciones. Es un pronunciamiento judicial que nos alerta de la gravísima situación por la cual atravesamos, que concluirá en tragedia si no actuamos ya para impedirla.

La causa de la decadencia de PDVSA está en la corrupción. La veníamos denunciando sin eco. Hasta que llegó el escándalo de la maleta de Antonini, que puso en evidencia el saqueo a que está sometida la empresa. Es un saqueo descarado, masivo y desproporcionado, practicado por una banda de asaltantes puesta allí por Chávez. La maleta de Antonini es el símbolo del trasiego de la riqueza nacional a las manos de los corruptos y de sus aliados latinoamericanos, que se han enriquecido groseramente con el dinero que le pertenece al pueblo.

Estos hechos demuestran, de modo irrefutable, que nos gobierna una corruptocracia (en Europa: cleptocracia). No estamos en democracia. Ni siquiera en un régimen comunista, equivocado pero honesto. Padecemos una corruptocracia que nos está robando lo nuestro. Lo que nos pertenece a todos, pero principalmente a los pobres.

La corruptocracia es el gobierno de los corruptos, en el cual la corrupción está institucionalizada expresándose impunemente en todas sus manifestaciones: el enriquecimiento ilícito, el peculado, la ostentación de la riqueza, el continuismo y la rotación en los cargos públicos, el clientelismo político que corrompe al pueblo, el nepotismo por el cual familias enteras se reparten cargos y contratos para exprimir las arcas públicas, el tráfico de divisas, la delincuencia desbordada por la destrucción de las bases morales de la sociedad, y una etcétera larga.

Los que nos gobiernan eran unos pobres de solemnidad antes de llegar al poder. Los militares que se alzaron en 1992 no pasaban de teniente-coronel, viviendo de un sueldito. Ahora se ve que, salvo escasas y honrosas excepciones, no los movía un ideal, sino la toma del poder para enriquecerse. Luego están los universitarios que se dedicaban a la interminable conspiración de cafetín. Ahora se ve que, salvo escasas y honrosas excepciones, tampoco los movía un ideal, sino la envidia y el resentimiento. Y, por último, los empresarios menores que andaban buscando el negocio de su vida, fácil y productivo, para llenarse de una sola vez. Estos tres grupos tomaron por asalto el poder y le cayeron a la hacienda pública con la voracidad del desesperado con hambre atrasada.

El botín de la corruptocracia ha sido PDVSA, lugar donde todo latrocinio tiene su asiento. La que dejó de ser empresa para transformarse en prostíbulo, en el cual se refocilan los sibaritas del poder y del dinero. De allí salen los hombres de maletín. Los que llenan su maletín y los que llevan el maletín al otro sinvergüenza que lo espera, cobrando desde luego por el acarreo su “cuánto hay pa’eso”.

Echemos del poder a la corruptocracia antes de que termine de robarse lo que queda de Venezuela y acabe con nosotros mismos.

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