Opinión Nacional

El dolor del Presidente

Al igual que el Presidente, desde hace unos meses atrás he querido expresar también mis sentimientos de dolor. No lo hice antes por no haber encontrado el momento oportuno; pero ahora, al escuchar sus reflexiones en la rueda de prensa del viernes pasado, me siento inspirado para hacerlo. Mi dolor, aunque desde posiciones distintas, es producto de la lucha política. A mi también me duele el país. Me duele que se genere esta crisis coyuntural como de los comandantes. Coyuntura muy parecida a la que surgió conmigo hace un año. Yo también viví una situación similar a ésta, la que hoy estamos presenciando. Después del abrazo de felicitación que le di a (%=Link(«http://analitica.com/bitblioteca/hchavez/»,»Hugo Chávez»)%) al finalizar su acto de proclamación como Presidente de la República, el 11 de diciembre de 1998 en el CSE, recibí una carta firmada por el CTN en donde se me informaba que quedaba fuera de la Dirección Nacional y se me inhabilitaba como miembro del (%=Link(«http://www.4f.org»,»MVR»)%). Con esa carta la dirección del movimiento buscaba eliminar al sector revolucionario del MVR. Y lo hacía apenas comenzaba el proceso, aniquilando a quien fue el primer promotor y defensor de la democracia interna del movimiento. Con esa carta, la cúpula de manera autoritaria quiso deshacerse de quien sería un obstáculo a sus ambiciones de poder. Y aunque logramos alcanzar acuerdos que no fueron cumplidos por parte de esa dirección, cinco meses después me vi en la obligación de renunciar al MVR y comenzar a organizar el MDD.

Ese 11 de diciembre fue la última vez que hable con Hugo Chávez. Y aunque intente buscarlo para conocer las razones por las cuales él consideraba que ya no le era útil y que debería salir del movimiento, nunca lo logré. Es bueno precisar que Hugo Chávez era además del Presidente electo, el director del MVR y el CTN le consultaba todo. Luis Miquilena no hacía nada sin la autorización de Hugo Chávez. Por eso es que la carta que recibí, se hizo con la aprobación del Presidente. Y si es que se justificaba su emisión, por errores políticos cometidos por mí, Hugo Chávez tenía la obligación moral de señalármelos, tanto por ser el jefe del movimiento, como por la lealtad que nació entre nosotros. Por muy significativos errores que yo hubiera cometido que ameritaban esa carta, al menos la relación de hermanos que se dio en uno de esos trechos que anduvimos juntos en los tantos desiertos que él ha cruzado, tal como lo señaló en su alocución, demandaba reciprocidad en la lealtad fraterna. Y, en consecuencia, informarme las razones por las cuales yo quedaba fuera de las estructuras de mando. Al igual que en la crisis de hoy, el Presidente en aquella oportunidad quiso dar la impresión que estaba al margen de la confrontación, cuando lo cierto es que él autorizó la sanción en mi contra que le pidió el CTN, y más específicamente Luis Miquilena.

Hoy al Presidente le duele la bifurcación de los caminos que han tomado sus compañeros de gesta. Cataloga la acción de los comandantes como una emboscada hacia él, haciendo ver que nunca intervino en la polémica y que dejó al flujo de la dinámica política el desenlace de la acción. Imposible creer esto. La respuesta de Miquilena no se da espontáneamente. Esta fue estudiada y autorizada por el Presidente de la República. Miquilena no actúa sin consultarle al Presidente. Por eso es que sus declaraciones para descalificar a los comandantes se hacen de una manera implacable y con mucha seguridad de su acción. Caso similar a la de la carta que recibí en diciembre del 98.

Igualmente, la separación de Acosta Chirinos de la Dirección del MVR. Esta fue tomada por el jefe del partido, quien es el mismo Hugo Chávez. Una decisión de esta magnitud tiene que ser consultada con el jefe máximo y más si se trata de Hugo Chávez quien tiene el control de todo los aparatos que le permiten sustentar el poder. De manera que el Presidente no puede aparecer ante todo el país diciendo que él no tiene vela en este entierro. El no puede aparentar ser el santo varón y colocarse en una dimensión incontaminable ubicada más allá del bien y del mal. El Presidente, habilidoso en el manejo de las piezas humanas de la maquinaria del poder, y creador de situaciones que le favorezcan a sus objetivos políticos, emitió las líneas generales de cómo dar respuesta a las demandas de los comandantes. Por eso es que el concepto de emboscada está fuera de lugar en su apreciación. El si tomó parte en la confrontación, aunque fuera de escena. Todo esto es muy doloroso, pero hay que asumirlo responsablemente. A mi también me ha dolido mucho, saberme que estoy en la acera de enfrente, cuando hemos partido de un mismo punto, de una misma raíz revolucionaria. Pero, nunca supe lo que Hugo Chávez pensó de mi. Y solo me queda señalar que allá él con su conciencia y con su capacidad política de saber a quienes mantiene como amigos leales y a quienes escoge para definir su entorno de gestión del proceso. La crisis de los comandantes me ha ratificado que yo no me equivoqué. Y que mi acción siempre ha sido consecuente con la base del movimiento, con el colectivo, con los ideales de lucha y con los conceptos revolucionarios del proceso. Yo me he mantenido leal a mis principios y no he claudicado por poseer cuotas de poder. Mi dolor es también por saber que el proceso de cambio ha sido desviado hacia una reforma clientelar. Las cúpulas se la juegan todo para quedar dueños del poder. Y si tienen quien las soporte, alcanzarán su objetivo.

Fundado hace 28 años, Analitica.com es el primer medio digital creado en Venezuela. Tu aporte voluntario es fundamental para que continuemos creciendo e informando. ¡Contamos contigo!
Contribuir

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba